|
INTRODUCCION
El genocida bloqueo impuesto por los Estados Unidos contra Cuba
durante más de cuatro décadas, y recrudecido durante
los últimos años, ha sido condenado por la Asamblea
General de las Naciones Unidas en 14 ocasiones consecutivas de manera
prácticamente unánime. El pasado año, 182 Estados
exigieron ponerle fin y rechazaron nuevamente su aplicación
extraterritorial, en defensa de los principios y las normas del
Derecho Internacional.
El Gobierno de los Estados Unidos sigue desoyendo tales reclamos,
y refuerza cada vez más el entramado de medidas y leyes dirigidas
a la destrucción de la Revolución Cubana y a la negación
a su pueblo del disfrute de su derecho a la libre determinación.
Conviene recordar que la apetencia y las ansias de dominación
de los Estados Unidos sobre Cuba tienen su origen desde el surgimiento
mismo de la Unión Americana.
Desde entonces, realizaron innumerables esfuerzos por anexarse a
Cuba, a través de las más disímiles vías:
desde fracasados intentos de compra, pasando por el estímulo
y apoyo a fuerzas anexionistas dentro de la colonia española,
hasta la intervención y ocupación militar directa.
Sucesivos gobiernos norteamericanos en el siglo XIX nunca reconocieron
a la República de Cuba en armas. Por el contrario, obstaculizaron
e interrumpieron, siempre que pudieron, el apoyo que su pueblo y
los cubanos emigrados en ese país procuraron a la causa redentora.
La intervención militar norteamericana en 1898 arrebató
a los cubanos el derecho a ser libres. El atributo de soberanía,
tan merecido tras 30 años de desigual batalla contra el colonialismo
español, fue negado al pueblo cubano con la imposición
de una caricatura de república sometida al tutelaje humillante
de un apéndice constitucional - conocido como Enmienda Platt
- mediante el cual el naciente Imperio estadounidense se arrogaba
el reconocimiento de su potestad para invadir y ocupar militarmente
a Cuba cuando así Washington lo entendiera oportuno.
Durante más de medio siglo, las administraciones estadounidenses
sometieron al pueblo cubano a su dominación neocolonial y
a la explotación del patrimonio nacional por sus monopolios,
gracias a la complicidad y sometimiento de sucesivos gobiernos de
turno y a la imposición de brutales dictaduras militares,
cada vez que fue necesario acallar con sangre las justas reivindicaciones
y la convicción antiimperialista del pueblo cubano.
Con la profunda revolución social llevada a cabo por el
pueblo cubano a partir de 1959, los círculos de poder en
Estados Unidos rápidamente percibieron el ejemplo de la Revolución
Cubana como un claro desafío a su pretendida dominación
hemisférica y global. Sucesivas administraciones republicanas
y demócratas, han sostenido y recrudecido con el paso de
los años, una guerra no declarada, destinada a reimponer
su férreo control sobre los destinos de la nación
cubana.
En fecha tan temprana como el 12 de febrero de 1959 comenzaron
las acciones encaminadas a este fin. La primera de ellas fue la
no devolución a Cuba de 424 millones de dólares de
las reservas del Banco Nacional, robados por cabecillas de la dictadura
batistiana en su estampida y depositados en los bancos del país
que le dio cobija e impunidad.
Unas semanas después, en un memorando del Departamento de
Estado de fecha 24 de junio, el Secretario de Estado Christian Herter,
definió esas "acciones iniciales" como "medidas
de guerra económica".1
En otro documento fechado el 6 de abril de 1960, la determinación
imperialista de exterminio al pueblo revolucionario de Cuba se hizo
más explícita. En el mismo se afirma que "debe
utilizarse prontamente cualquier medio concebible para debilitar
la vida económica de Cuba. [... ] a fin de causar hambre,
desesperación y el derrocamiento del gobierno". 2
Ese ha sido siempre el declarado propósito y el hilo conductor
de la política genocida aplicada contra Cuba por sucesivos
gobiernos de los Estados Unidos e impuesta a tres generaciones de
cubanos. Bajo esa política nacieron y han vivido toda la
vida las dos terceras partes de la población cubana actual.
Los cubanos han tenido que padecer, sobrevivir y desarrollarse en
las muy difíciles condiciones que le impone la única
superpotencia, que busca con esa política aniquilar la resistencia
y el ejemplo de dignidad y soberanía de la nación
cubana.
Diez administraciones han practicado esta guerra económica
violatoria del derecho y de la moral y han obligado a otros Estados
a plegarse a dicha política. Han amenazado y reprimido a
ciudadanos de los Estados Unidos y de países extranjeros.
Como consecuencia del bloqueo, entre otras limitaciones, Cuba no
puede exportar ningún producto a los Estados Unidos, ni importar
de ese país mercancía alguna; tampoco puede comerciar
con filiales de compañías norteamericanas en terceros
países; no puede recibir turismo norteamericano; no puede
usar el dólar en sus transacciones con el exterior; no tiene
acceso a los créditos de instituciones financieras multilaterales,
regionales y estadounidenses, ni puede realizar operaciones con
estas; sus barcos y aeronaves no pueden tocar territorio norteamericano.
El Gobierno norteamericano aplica cada vez con mayor rigor las
disposiciones con efecto extraterritorial del bloqueo, imponiéndose
severas restricciones al comercio internacional, marco en el cual
se arrecia el asedio de las operaciones comerciales que de alguna
manera podrían estar vinculadas a Cuba.
Interminable sería la lista de ejemplos que sustentan en
la práctica este permanente propósito, que ha motivado
cuanta regulación, ley o plan ha aprobado el Gobierno de
los Estados Unidos contra Cuba, entre los que destacan la Ley Torricelli
(1992), la Ley Helms-Burton (1996) y las versiones sucesivas y complementarias
del Plan para la Anexión de Cuba formuladas por la mal llamada
"Comisión de Asistencia a una Cuba Libre" - creada
por el Presidente Bush con el objetivo de destruir el sistema político,
económico y social refrendado por el pueblo cubano.
El ex Secretario de Estado, Colin Powell, primer presidente de
la mencionada comisión, al ser preguntado sobre la política
hacia Cuba, dijo que el uso de armas tales como "aislamiento,
sanciones y presiones" precedía a las opciones militares;
aunque aclaró que "algunas veces no existe otra solución
apropiada que no sea el uso de la fuerza militar". 3
El brutal y despiadado cerco tendido por el Gobierno de los Estados
Unidos contra la economía y la sociedad cubanas, afecta todas
y cada una de las esferas y ámbitos de actividades del país.
Este informe analiza las principales afectaciones al pueblo de Cuba
en el período comprendido entre el segundo semestre del 2005
y el primer semestre del 2006.
Muchas de estas afectaciones son resultado de la estricta aplicación
de las agresivas y adicionales medidas presentadas en el citado
Plan para la Anexión de Cuba, incluida la amenaza del uso
de la fuerza militar y la persecución de ciudadanos y empresas
no sólo cubanas, sino de los Estados Unidos y el resto del
mundo.
La persecución y represalias contra ciudadanos y empresas
de los Estados Unidos y del resto del mundo han sido numerosas.
Se ha recrudecido el acoso financiero contra cualquier operación
económica y comercial cubana en los más diversos mercados;
se han endurecido las prohibiciones y restricciones a los viajes,
al envío de remesas y al intercambio académico en
diferentes esferas y se han agravado las acciones punitivas contra
las inversiones y el turismo en Cuba.
El desempeño de la mal llamada "Comisión de
Asistencia a una Cuba Libre", cuyo primer informe fuera aprobado
por el presidente estadounidense el 6 de mayo de 2004, ha estado
acompañado de una escalada desenfrenada e irracional en la
aplicación de la política de bloqueo económico,
comercial y financiero contra Cuba. La persecución y la represión
contra todos aquellos que tengan cualquier vínculo con Cuba
en las más diversas regiones del mundo han alcanzado niveles
sin precedentes.
En diciembre de 2005, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice,
que sustituyó a Colin Powell en la dirección de la
comisión anticubana creada por el presidente Bush, anunció
medidas adicionales para hacer más efectivo el negativo impacto
de las acciones cumplidas en virtud de la primera versión
del Plan para la Anexión de Cuba. 4
El 10 de julio de 2006 fue presentado por la Administración
Bush la segunda versión del plan anticubano producido por
la comisión. En el mismo, se identifican nuevas medidas que
significan más sanciones económicas, más persecución
a la actividad de las empresas cubanas, mayores represalias contra
los que comercian con Cuba y una escalada sin precedentes en el
apoyo financiero y material a las acciones dirigidas al derrocamiento
del orden constitucional cubano.
En el nuevo informe de la comisión, que confirma y amplía
la versión del 2004, se recomienda entre otras medidas, la
creación de una Fuerza de Tarea Interagencias específica
para la persecución del níquel cubano; el reforzamiento
del Grupo de Persecución de Activos Cubanos; la prohibición
de ventas a Cuba de equipos médicos para uso en programas
de atención a extranjeros en gran escala, como la cooperación
internacional en cirugía oftalmológica conocida como
"Operación Milagro", en la formación de
médicos o en la ayuda a otros países en ocasiones
de desastres; la imposición de sanciones a las empresas que
colaboren en la prospección y producción de petróleo
e iniciar la aplicación a países que supuestamente
apoyen a Cuba del Título III de la Ley Helms-Burton, que
permitiría abrir procesos en cortes estadounidenses contra
compañías y ciudadanos de terceros países.
El informe incluye en esta ocasión una cláusula secreta,
con recomendaciones que no han sido publicadas a partir de supuestas
razones de "seguridad nacional y ejecución efectiva".
El pueblo cubano conoce perfectamente y ha sufrido por más
de cuatro décadas las brutales consecuencias de este tipo
de medidas y acciones "encubiertas" como las que hoy oculta
la comisión anticubana. Estas propuestas "secretas"
han incluido desde agresiones militares mercenarias y acciones terroristas,
hasta centenares de planes de asesinato del Presidente Fidel Castro
y otros líderes cubanos.
Como se ha demostrado de manera reiterada, el bloqueo califica
como un acto de genocidio, en virtud del inciso (c) del artículo
II de la Convención de Ginebra para la Prevención
y la Sanción del Delito de Genocidio, del 9 de diciembre
de 1948 y, un acto de guerra económica, de acuerdo a lo establecido
en la Conferencia Naval de Londres desde 1909. Es asimismo, un componente
esencial de la política de Terrorismo de Estado desarrollada
de forma sistemática e inhumana, por parte del Gobierno de
los Estados Unidos contra la población cubana sin distinción
de sexo, edad, raza, credo religioso o posición social.
El daño económico directo causado al pueblo cubano
por la aplicación del bloqueo, partiendo de premisas de análisis
sumamente conservadoras, supera los 86 mil 108 millones de dólares;
un promedio de 1 832 millones de dólares anuales. Esta cifra
no incluye los daños directos ocasionados a objetivos económicos
y sociales del país por los sabotajes y actos terroristas
alentados, organizados y financiados desde los Estados Unidos y
que asciende a más de 54 mil millones de dólares,
ni el valor de los productos dejados de producir o los daños
derivados de las onerosas condiciones crediticias que se le imponen
a Cuba.
En el último año, el daño económico
directo ocasionado a los cubanos por la aplicación del bloqueo
superó la cifra de 4 mil 108 millones de dólares.
1 - Informe secreto del funcionario
del Departamento de Estado, I. D. Mallory, desclasificado en 1991.
En Department of State: Foreign Relations of United States, volume
VI, 1991, p. 886
2 - Ídem
3 - Declaraciones de Colin Powell,
ex Presidente de la Comisión para la Asistencia a una Cuba
Libre, durante entrevista realizada en el Programa de la Cadena
NBC, "Meet the Press", 4 de mayo del 2004.
4 - Declaraciones de la Secretaria
de Estado Condoleezza Rice al concluir una reunión con la
Comisión Para la Asistencia a un Cuba Libre. Oficina del
Secretario de Prensa de la Casa Blanca, 19 de diciembre del 2005.
|