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Vieja historia si las hay en nuestra querida República
Argentina.. Esa distorsión de enfoques de los poderes portuarios
ya se gestó en las épocas de la colonia, cuando los
ricos comerciantes de la aldea puerto de Buenos Aires, vivían
más pendientes de las influencias de ultramar que de los
genuinos intereses, los sentimientos y el palpitar de esa Patria
Grande que comenzaba a tomar forma; en un proceso que como todo
parto fue doloroso, desordenado y nada pulcro, más prolongado
que lo deseado, y con su cuota de sangre y sufrimiento.
Aquellas luchas de intereses enfrentaron en una lucha constante,
a veces de difusos contornos, y plagada de traiciones-, a quienes
buscaron construir una Gran Nación, respecto a los que encandilados
con el modernismo de los escritores y filósofos
en boga en Las Europas, los cuales teorizaron en función
de aquella realidad; formada en las propias experiencias de conflictos
milenarios, de reinos y nacionalidades pequeños, de egoísmos
y luchas por fracciones de tierra minúsculas para subsistir
malamente, de mayor grado de desarrollo relativo pero de odios viscerales,
y de profundos odios religiosos, raciales y nacionales; todo ello
muy alejado de la muy diferente realidad del Nuevo Mundo.
A tal punto llegó el maniqueísmo y la artera distorsión
de la realidad, que se llegó a escribir una Historia Oficial
falsa, plagada de mentiras, distorsiones, verdades a medias y groseros
ocultamientos; armándose una maraña cultural que conformó
la densa red de la colonización cultural; la cual obró
como necesaria cobertura para permitir los negocios pequeños
efectuados a costa de los Grandes Intereses Nacionales.
Por supuesto que expresar negocios pequeños
es un eufemismo de negociados o favoritismos sectoriales y minoritarios,
muchas veces por montos descomunales, y siempre perjudicando los
Grandes Intereses Nacionales, a la vez que actuando en claro detrimento
de las prioridades estratégicas y geopolíticas que
corresponden a un Nación (con mayúsculas) con objetivos
de largo plazo y criterio de grandeza.
En ese marco de verdaderas políticas de saqueo institucionalizado,
cabe calificar a toda la política de privatizaciones
(eufemismo que en rigor significó el más profundo
proceso de extranjerización y de achicamiento de la Economía
Argentina); el que ha sido de particular gravedad lo ocurrido en
todo el Sector Energético, y principalmente en las estratégicas
áreas de los hidrocarburos, en las cuales en procesos vergonzosos
se enajenaron por montos irrisorios los bienes, reservas y las empresas
trabajosamente formadas y acrecentadas a lo largo de varias décadas
siendo los casos más graves los de Yacimientos Petrolíferos
Fiscales y Gas Del Estado-, pero también se desguazó
Agua Y Energía Eléctrica, dispersándose la
masa crítica de científicos y profesionales, y casi
con seguridad perdiéndose décadas de estudios y los
consecuentes proyectos de obras.
Sin las otrora poderosas Empresas del Estado, el propio Estado
Nacional está condenado a una situación de anemia
energética, al privárselo de las herramientas claves
para implementar Políticas de Estado imprescindibles e indelegables
en ámbitos estratégicos y de muy alta prioridad geopolítica.
Esa anemia energética a la vez ocasiona una
preocupante anomia que conduce a una crisis energética de
dimensiones dantescas y catastróficas dicho sin una
pizca de exageración-, salvo que se tomen rápidas
medidas que impliquen profundos cambios en la orientación
general del Sector Energético; el cual lamentablemente sigue
manejándose en base a esquemas de la más fuerte ortodoxia
neoliberal, ultraprivatista, y por ende antinacional y globalizante.
Todo ese gigantesco proceso de achicamiento y extranjerización
de la Economía Argentina comenzó con el nefasto proceso,
hace ya tres décadas, y se profundizó, aceleró
y agravó a límites inconcebibles, en las épocas
de las concurrentes gestiones de Menem, Cavallo, Dromi y demás.
Algunos importantes cambios positivos se verificaron a partir
del actual período de gobierno. Las inversiones en el Sistema
Interconectado Nacional, la decisión de terminar Yacyretá
e incluso potenciarla con las obras de Añá Cuá;
la manifiesta decisión de terminar Atucha 2 y comenzar las
grandes hidroeléctricas binacionales de Corpus Christi y
Garabí, son hechos muy positivos. Pero además de insuficientes
están siendo ejecutados sin la premura que la crisis energética
impone.
No en vano muchos argentinos estamos bregando y manifestándonos
por la imperiosa necesidad de reestatizar el Sector Energético,
recuperando para nuestro país las enormes rentas petrolera
y gasífera, retomando el control de los yacimientos, gasoductos,
refinerías y demás infraestructura; de las presas
hidroeléctricas otorgadas en concesiones -a precios muy reducidos-;
además del imprescindible manejo de la Política Energética
con un profundo sentido nacional.
Pero en el caso del gas natural y de los gasoductos, las consecuencias
negativas de las privatizaciones han sido tan variadas como profundamente
negativas.
Manejado en los hechos sin controles del Estado, las empresas
privadas (mayoritariamente extranjeras) se han abocado a un feroz
proceso de maximización de sus utilidades, exprimiendo al
máximo las nada desdeñables reservas de hidrocarburos
que a costa de grandes inversiones había concretado la Y.P.F.
estatal, y utilizando la enorme red de gasoductos (una de las más
extensas del mundo), hacia una política de mercado
(léase ausencia total de consideración de los Intereses
Nacionales), orientando todas las inversiones hacia las exportaciones,
principalmente a Chile, pero también a Brasil y Uruguay;
todo ello a costa de desatender prácticamente por completo
las crecientes necesidades del mercado interno, y condenando a la
marginación a las vastas porciones del Territorio Nacional
que aún no están conectadas a la red de gasoductos.
Para completar el cuadro de situación, los flujos de divisas
de esas exportaciones, ni siquiera son cobrados en nuestro país,
pues la maraña de leyes, decretos de necesidad y urgencia,
resoluciones y otras normativas, entre otras lindezas
permiten que el 70 % de las divisas sean directamente pagadas en
el exterior. En buen castellano, nos estamos quedando sin reservas
y sin las divisas de esa antinacional política de ordeñe
de nuestros yacimientos gasíferos (y petrolíferos).
Si bien muchas localidades de nuestro extenso territorio continental
aún carecen del servicio de gas natural, e incluso los usuarios
de menores recursos de muchas ciudades ya interconectadas; el cuadro
es indignante al analizarse por regiones geográficas; pues
la única región totalmente excluida y con sucesivas
promesas incumplidas de obras a mediano plazo- es el NEA (Nord Este
Argentino).
Debe enfatizarse que las reservas de petróleo y gas se
encuentran en niveles preocupantemente bajos, y sin políticas
claras que permitan revertir ese muy preocupante cuadro de situación
(más allá de los acuerdos a concretarse con Bolivia,
que serán un paliativo, pues no se cuenta con gasoductos
que permitan transportar volúmenes significativos ni menos
aún crecientes); y del ambicioso proyectos de mega gasoducto
que partirá desde Venezuela, atravesando Brasil, y llegando
a Argentina y posiblemente a otros países hermanos.
En ese contexto, mientras que se asegura a Chile la continuidad
de las exportaciones (que deberían cortarse cuando antes,
para cuidar nuestras escasas reservas), nadie parecería acordarse
de la cenicienta del gas natural, de los kelpers
gasíferos de Argentina, los habitantes del postergado y olvidado
Nordeste Argentino.
¡El establishment energético sigue priorizando el
abastecimiento al más rentable mercado chileno, mientras
que las Prioridades Nacionales en este caso- siguen postergadas
y muy pocos o casi nadie- parecen darse por enterados!
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