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La confirmación que Felipe Solá trajo desde Venezuela
aplacó la dura confrontación que se vive en el Astillero
Río Santiago (ARS): la petrolera Pdvsa ratificó la
construcción de los dos primeros buques de 67 mil toneladas
que el astillero de Ensenada armará para la flota de la compañía
estatal venezolana. La disputa entre la administración de
la empresa provincial, que encabeza el ex guardiamarina Julio César
Urien, y los trabajadores había alcanzado ribetes violentos.
Acusaciones cruzadas, discusiones, movilizaciones, asambleas y peleas
a golpes de puño dentro del propio astillero precedieron
el viaje del gobernador a Caracas. Los trabajadores culpan a Urien
por el retraso en la firma de los contratos, de favorecer
a los armadores privados y de haber desembarcado en el ARS
con una patota. Urien desmiente la acusación
y dice que sólo lo acompaña un grupo de confianza
con quienes comparte la intención de reactivar el astillero.
Solá nombró al ministro de Gobierno, Florencio Randazzo,
como mediador en el conflicto y único negociador ante Pdvsa
de los contratos por 112 millones de dólares. La inversión
más importante del gobierno de Hugo Chávez en la Argentina.
La inclusión de Solá y Randazzo en la comitiva oficial
que acompañó al presidente Néstor Kirchner
a Caracas donde se formalizó la incorporación
de Venezuela al Mercosur no fue casual. El objetivo del gobernador
y su ministro era traer los contratos con Pdvsa bajo el brazo y
no volvieron con las manos vacías. La propia gobernación
se encargó de difundir la ratificación del acuerdo
que venía postergada, acompañada con la foto de los
funcionarios con el director interno de la petrolera venezolana,
Asdrúbal Chávez, y su promesa de construir otros dos
nuevos buques. Además de comunicar que Randazzo será
quien continuará con la gestión entre ARS, Pdvsa
y Dianca, el astillero estatal de Venezuela.
Antes del viaje, Randazzo medió entre el directorio del
ARS que encabeza Urien y los trabajadores, tras duros enfrentamientos
que aseguran incluyeron peleas con personas allegadas
el ex marino. Después del comienzo de una gestión
que había tendido puentes a la participación de los
obreros, la relación entre la conducción del ARS y
sus empleados se deterioró sensiblemente. Los trabajadores
tomaron en su manos una serie de reclamos frente a la incertidumbre
laboral que les planteaba la postergación en la firma de
los contratos con Venezuela y con la Armada, para la construcción
de cinco PAM (Patrullas de Alta Mar). Ambos contratos garantizaban
a los trabajadores del ARS la continuidad laboral por varios años
y incorporación de otros centenares de empleados para cumplir
con los compromisos en los tiempos de construcción previstos.
En mayo, una marcha de más de 1500 trabajadores partió
desde Ensenada, donde funciona el astillero, hasta la sede de la
gobernación en La Plata. Luego, otros centenares se movilizaron
hasta el Ministerio de Defensa para reclamar que las PAM se construyan
en el ARS y no con armadores privados o extranjeros
y que el gobierno nacional libere los 78 millones de pesos
prometidos para inversión tecnológica en el astillero.
Después volvieron a caminar hasta la Legislatura provincial
para exigir que se vote la ley de expropiación de los terrenos
que la Zona Franca de La Plata le sacó en los 90 al
entonces casi inactivo astillero.
Pero la gresca más violenta fue el 29 de mayo. Urien organizó
un acto del que participó Solá, al que la dirección
del ATE y el cuerpo de delegados del ARS solicitaron una entrevista
que el gobernador no concedió. Allí se enfrentaron
allegados a Urien y los delegados.
ATE y los delegados rechazan la política implementada por
Urien de asociar al ARS con el sector privado con el objetivo de
reflotar la industria naval, que según el presidente del
astillero está en condiciones desatisfacer las demandas
que vayan surgiendo. El principal argumento que esgrimen los
trabajadores es que esa asociación en la que
el ARS es cabecera de contrato, tercerizando parte de
los trabajos, hace que ellos realicen sólo los cascos
de los barcos, mientras que los trabajos más rentables queden
en manos de los astilleros privados.
Los trabajadores también embistieron contra la patota
con la que aseguran que Urien desembarcó en la presidencia
del astillero. Desde la conducción gremial sostienen que
nombró a 82 asesores con sueldos que en muchos casos
alcanzan los 12 mil pesos, 40 de los cuales se afiliaron
a ATE para terciar en la interna sindical del ARS. Urien ya
se encargó de desmentir esa cifra y aseguró que sólo
nombró a un equipo de confianza que le servirá
para llevar a la práctica su decisión de viabilizar
la reactivación del astillero.
Todas estas dificultades obligaron a la administración provincial
a tomar las riendas de las negociaciones de las inversiones más
importantes que el gobierno bolivariano de Hugo Chávez realiza
en la Argentina, después de la compra de bonos.
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