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No obstante la difusión que varios especialistas de la
temática energética venimos realizando en los últimos
años respecto a la severísima crisis energética,
a la cual seguimos en-caminándonos a pasos agigantados, la
población aún no tomó conciencia de la gravedad
de la situación; cuyos directos efectos casi con seguridad
frenarán las espectacular reactivación económica
lograda tras la severísima crisis socio económica
y política de 2001, la cual estuvo a punto de desembocarnos
en el nefasto callejón sin salida de la disolución
nacional.
Y lo notable del caso -si bien nada sorprendente- es el poco espacio
y casi nula impor-tancia que al tema le dedican los comunicadores
sociales, aún los especializados en temas económicos.
A la fecha, ya entrando en los primeros sordos pero inconfundibles
estertores de una crisis energética de dimensiones apocalípticas
-salvo que se implementen muy rápidas y acer-tadas medidas
de acción-, debe analizarse sin preconceptos el importante
rol que pueden des-empeñar numerosos proyectos o estudios
de mediana y baja potencia (algunos aún a nivel de idea o
de anteproyectos), los cuales pueden estar en servicio en plazos
cortos -energéticamente hablando-, de entre dos a cuatro
años.
El nuevo escenario tiene un contexto técnico diferente,
en el que las acuciantes necesi-dades de la demanda que se verán
parcialmente insatisfechas, dejan fuera del escenario posi-ble en
el corto plazo a la mayoría de los proyectos de grandes potencias,
pues sus plazos de ejecución precisamente exceden el corto
plazo. Si hoy se actuara con la debida decisión, im-pulsándose
con toda rapidez nuevas mega usinas termoeléctricas (adicionales
a las dos que -aparentemente- comenzarían a instalarse en
los próximos meses), la terminación de la atómica
Atucha 2, Garabí, Corpus Christi, Añá Cuá,
Paraná Medio, Chihuido II, alguna otra del Co-mahue, y posiblemente
Cóndor Cliff; estaríamos ante la imposibilidad material
de terminarlos en el corto plazo, y en varios de ellos recién
se terminarían en una década, año más
o menos.
Estamos ante un bache técnico de entre dos a cuatro años,
tampoco superable -solo marginalmente- con importaciones, excepto
grandes ampliaciones de las redes de alta tensión, lo cual
también lleva su tiempo si se deciden sus construcciones.
En ese contexto de caos eléctrico en ciernes, ya se están
impulsando proyectos de ins-talación o de reciclado de algunas
pequeñas o medianas unidades térmicas; por lo general
de muy baja eficiencia y de altos costos operativos; lo cual sin
duda constituye un conjunto de parches solo viables en un entorno
como el descripto.
Es interesante consignar que en las últimas tres décadas,
en base a caprichosos crite-rios de "eficiencia financiera"
(puestas en boga por la Escuela Económica Monetarista y por
todo el contexto ultra neoliberal); la viabilidad de las diversas
obras de generación eléctrica se decidió en
base a la tasa de retorno de la inversión, la cual bajo la
apariencia de ser un instru-mento asépticamente técnico,
encubre un poderoso instrumento de discriminación de inver-siones
energéticas que prioriza el cortoplacismo, por lo que operó
como "justificación técnica" para impedir
las centrales hidroeléctricas y atómicas, favoreciendo
por ende las instalaciones de centrales térmicas -que operan
en base a hidrocarburos-. Para que se entienda mejor eso, las proyecciones
financieras rara vez excedieron los exiguos plazos de una a dos
décadas, por lo que se anuló "técnicamente"
la ventaja de las mayores vidas útiles de las centrales nuclea-res,
y sobre todo la larguísima vida útil de las hidroeléctricas.
Por otra parte, cuanto mayor sea la tasa de interés financiero
utilizada, más se perjudica las evaluaciones de los proyectos
que demandan mayores inversiones iniciales (precisamente las centrales
nucleares e hidroeléctri-cas) sin considerarse que sus costos
operativos son sensiblemente menores que las termoeléc-tricas.
Adicionalmente, esos criterios de "eficiencia financiera"
soslayan y desprecian todas las muy importantes consideraciones
estratégicas y geopolíticas, como las fluctuaciones
-con fuerte tendencia al alza- de los precios de los hidrocarburos,
el agotamiento de las reservas de petróleo y gas, la dependencia
de repuestos e insumos importados de las termoeléctricas,
la mayor vulnerabilidad de ese tipo de centrales, sus mayores índices
de contaminación, y otros factores importantes.
El lógico desprestigio de todo el contexto político
- económico neoliberal (que el esta-blishment intenta tapar
y soslayar por medio de los opinantes y desinformadores a destajo),
no logró desmantelar aún la maraña jurídico
- normativa, y el manejo de sectores burocráticos intermedios
y altos, afines a la falaz filosofía de la "eficiencia
de los mercados" y contrario a los Intereses Nacionales.
Pero ha dejado importantes resquicios que la crudeza de la realidad
se encarga de transformar en enormes grietas por las que se abran
paso poderosos y crecientes caudales de datos de la realidad y necesidades
insatisfechas, irrefutables y crecientes; como ocurre ahora en el
contexto de la crisis energética, hoy ya claramente indisimulable,
y que amenaza con provocar un dantesco cuadro de caos social, político
y económico.
En todo ese contexto, cobran renovado vigor las alternativas de
pequeñas (de más de 1 MW a 10 MW) y medianas usinas
eléctricas (de más de 10 MW a 100 MW), viables técnica
y económicamente, como son los múltiples proyectos
hidroeléctricos -muchos con estudios totalmente terminados-,
las centrales atómicas modulares CArEN), y las plantas de
generación eléctrica convencionales pero alimentadas
con biocombustibles.
El interesantísimo caso de las centrales modulares CArEN,
con estudios terminados pero aún sin ningún prototipo
construido, es en si mismo todo un tema, y merece su tratamien-to
pormenorizado y separado, el cual -Dios mediante- se hará
en próximos artículos.
Lo propio sucede en lo referente a los biocombustibles, cuyo potencial
es enorme, y respecto al cual reconozco el enorme caudal de informaciones
que tan gentilmente me remite el colega Contador Claudio A. Molina.
Respecto a los proyectos hidroeléctricos, existen muchos
estudios realizados en todo el entorno cordillerano y en especial
desde San Juan hasta El Comahue, en el NOA, en provin-cias precordilleranas,
en las vastedades patagónicas, y muy especialmente en la
pequeña pero hídricamente muy dotada provincia de
Misiones.
En el caso particular de Misiones, existe al menos media docena
de proyectos con es-tudios técnicos terminados (que incluyeron
perforaciones con muestras de suelos), con gamas de potencias de
4 a casi 40 MW; además del muy interesante proyecto del Túnel
del Urugua-Í, que triplicará la capacidad de generación
media anual de la central homónima, con la actual potencia
instalada.
Como ventaja adicional de los proyectos misioneros, existe la concreta
posibilidad de instalar paulatinamente una red de irrigación
que provea el vital líquido a los sufridos colonos, tantas
veces castigados por las recurrentes sequías. Además
de ello, el complejo de obras debe integrarse con proyectos industriales
abastecidos con energía eléctrica muy económica,
produ-cida por las propias centrales a construirse, en el marco
de un contexto ambientalmente sus-tentable. Este tema ya fue desarrollado
en artículos precedentes.
Cabe enfatizar que en Brasil, país en el cual se planifican
y ejecutan las obras eléctri-cas con una visión de
largo plazo, existen claros estímulos para promover las construcciones
de centrales hidroeléctricas de módulos de potencia
similares a los descriptos.
Incluso uno de esos proyectos en construcción está
siendo dirigido técnicamente por un calificado ingeniero
argentino, que en su momento dejó su impronta muy positiva
en la hoy disuelta Dirección General de Construcciones Eléctricas
de Misiones.
Si no se actúa con la rapidez y patriotismo que las delicadas
condiciones actuales im-ponen, se frenará el vigoroso proceso
de recuperación económica, volviéndose a los
negativos ciclos de recesiones recurrentes, "cuellos de botella"
económicos, despidos de obreros, au-mento de la desocupación,
y todo el contexto de frustraciones que tantas veces experimenta-mos
los argentinos.
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