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RepsolYPF, la mayor empresa multinacional española, lleva
un año de sobresaltos: primero su anuncio de un recorte de
25% en las reservas de petróleo y gas; luego los rumores
de una posible absorción por parte de otra petrolera de mayor
tamaño; más tarde, la persecución judicial
de la empresa en Bolivia bajo la acusación de contrabando
y infracción de leyes nacionales; en mayo, el decreto de
nacionalización de los hidrocarburos promulgado por el Gobierno
de Evo Morales; y ahora, el BBVA que vende su participación
accionaria del 5% en la compañía, lo que le ha supuesto
una caída del 3,23% en bolsa, justo dos días antes
de la celebración de su Junta General de Accionistas. En
lo que va de 2006 su valor en bolsa ha bajado un 17,39%.
En este contexto, un día antes de la Junta de Accionistas
de Repsol YPF, varias comunidades indígenas de América
Latina, afectadas por las operaciones de la empresa, así
como afectados de Puertollano, Tarragona y las Islas Canarias, se
han dado cita en Madrid para denunciar públicamente sus actividades
y su irresponsabilidad corporativa. Cuentan con el respaldo de las
campañas "Repsol Mata" y "¿Quién
debe a quién?", así como de decenas de ONG y
movimientos sociales estatales e internacionales, que lanzaron conjuntamente
la iniciativa de una "Contrajunta de afectad@s por REPSOL YPF".
Martín Velázquez es representante de la comunidad
mapuche Lonko Purán, que se encuentra ubicada en la provincia
de Neuquén (Argentina), en una zona conocida como "comarca
petrolera". La principal empresa que opera allí es Repsol
YPF, con más de 100 pozos que funcionan las 24 horas. Velázquez
asegura que su provincia es una de las más explotadas por
Repsol YPF. En la zona se conoce desde 1995 la contaminación
por condensados de gasolina de la napa freática, el acuífero
más cercano al suelo. Por ello han denunciado que se producen
desapariciones de numerosas especies de flora y fauna, que se pierden
los cultivos y que la población no puede beber el agua.
Benildo Vaca es delegado de la Asamblea del Pueblo Guaraní
de Bolivia. Su comunidad también está situada en una
zona de máxima explotación del país, en este
caso gasística: el Campo Margarita. Allí los impactos
de la actividad de Repsol YPF son similares a los descritos para
el caso de Neuquén. La Asamblea del Pueblo Guaraní
está exigiendo a Repsol YPF el respeto a la población
indígena, puesto que la empresa no consulta a las poblaciones
autóctonas antes de entrar en su territorio, violando así
el Convenio 169 de la OIT. Los operarios de Repsol YPF profanan
lugares indígenas sagrados en su actividad. Vaca ha explicado
cómo está luchando porque la empresa los compense
económicamente por los daños causados.
En tercer lugar, Antonio Hernández, de Ben Magec-Ecologistas
en Acción de Canarias, ha descrito cómo Repsol YPF
está realizando prospecciones para la explotación
petrolífera frente a las costas de Lanzarote y Fuerteventura,
detallando cómo los impactos ambientales y económicos
están siendo fuertemente contestados por la campaña
"Canarias dice No a Repsol". Más del 70% de la
población local rechaza una posible actividad de la petrolera
en las islas. Los posibles impactos económicos más
importantes serían los que corresponden a las pérdidas
de ingresos turísticos como consecuencia de los vertidos
de las plataformas y la consiguiente contaminación de playas
y ecosistemas marinos. Hay también impactos que parten del
hecho de que el agua de boca de ambas islas se obtiene mayoritariamente
del desalado del mar, que aumentará su contenido en sustancias
tóxicas como consecuencia de la actividad petrolera. Además
habrá impactos sobre la fauna marina, mayoritariamente sobre
los zifios.
Por último, Vicente Luchena, de Ecologistas en Acción
de Puertollano, ha hablado sobre la refinería que Repsol
YPF posee en esta ciudad de 50.000 habitantes, la cual desde hace
décadas sufre un deterioro ambiental y de la salud de sus
ciudadanos a causa de las actividades petroquímicas. Allí
murieron nueve trabajadores en 2003 por un incendio que podría
haber sido evitado si la compañía hubiese respetado
la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y el Reglamento
de Instalaciones Petroquímicas. En esa zona los impactos
ambientales son constantes, como prueba la multa que le acaban de
imponer a la refinería por los vertidos al río Ojailén
que, como relata Luchena, suelen ser semanales. Es permanente, asimismo,
la contaminación atmosférica con altos índices
de partículas peligrosas.
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