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SINTESIS Y CONCLUSIONES
El presente material se sintetiza en las siguientes conclusiones:
I) EL BASTARDEO DE LA PARTICIPACION.
Ante el hecho positivo de haber realizado la convocatoria al Consejo
del Salario como una instancia donde la pluralidad de intereses
de los sectores productivos y laborales tenían adecuada representación,
el Gobierno optó por convocar al Consejo 1 vez por año
(2 de septiembre del 2004 y 1 de julio del 2005 y se ha realizado
una nueva convocatoria para el próximo 27 de julio del 2006),
al tiempo que desactivo las Comisiones de Trabajo que se constituyeron,
para reemplazarlo en la práctica por una estrategia gubernamental
que se articula casi exclusivamente con una parte de la representación
de los trabajadores (la CGT) y una parte de la representación
empresaria (la UIA). En este marco, el Consejo del Salario amenaza
con transformarse en un mero mecanismo de legalización institucional
de acuerdos y decisiones tomadas por fuera de los marcos y representaciones
que lo constituyen. Es decir que además de bastardear una
institución que podría promover un "proceso orgánico
de participación", no se considera a la hora de tomar
las decisiones el conjunto de los problemas que hacen al trabajo
y a la producción. Difícilmente puedan transitar por
esta vía políticas que tiendan a revertir las inequidades
que en el ámbito laboral y en el mundo empresario existen
en la Argentina actual.
II) LA RECUPERACION SOCIAL NO ACOMPAÑA LA RECUPERACION DE
LA ECONOMIA
La primera constatación que puede hacerse de la actual etapa
económica es que, luego de más de 3 años de
crecimiento ininterrumpido a un tasa del 9% anual, el PBI del 2005
ha superado en un 5,8% al del año 1998. Así a la economía
argentina le ha costado 7 años alcanzar los niveles de actividad
del mejor año de la Convertibilidad. Sin embargo el cuadro
social que emerge de esta recuperación es más agravado
que el de aquel entonces. Tenemos más desocupados y más
personas en situación de pobreza e indigencia, al tiempo
que se amplió la brecha de ingresos que separa al 10% más
rico del 10% más pobre. En resumen la recuperación
del nivel de actividad se sustenta sobre una pauta de mayor explotación
laboral, mayor pauperización social y mayor desigualdad distributiva.
En un contexto donde el nivel de actividad económica (durante
el 2006) ha superado la etapa previa a la crisis (1998), la recuperación
social no acompaña con la misma intensidad el crecimiento
económico. Este proceso se explica por el mantenimiento y
profundización del cuadro de desigualdad distributiva que
caracteriza el proceso económico local. El empeoramiento
distributivo es la consecuencia de la combinación de los
efectos de la reestructuración neoliberal iniciada en marzo
del 76 y profundizada en los 90 a los que se agregan 3 nuevos procesos
que deterioraron la distribución, a saber: a) El colapso
del régimen de convertibilidad; b) el modo en que se operó
la salida devaluacionista del citado régimen y c) la ausencia
de Políticas que reviertan el cuadro de absoluta injusticia
en el reparto de los ingresos.
III) LA DESIGUALDAD DISTRIBUTIVA ES MAYOR QUE EN LOS 90.
La participación del ingreso de los sectores populares se
mantiene por debajo de la que tenía en el 2001. Es decir
se pasó de una participación del 31,5% en el PBI del
2001 a una del 26,3% en el 2005. De esta manera la participación
de los sectores populares habría retrocedido 5,2 puntos,
lo que implica una caída del orden del 20%.
Además del estancamiento que exhibe la distribución
de los ingresos a partir del año 2003, se observa un proceso
de mayor regresividad al interior de los sectores populares. Así,
el 40% de la población de menores ingresos ha tenido una
caída del 3,1% en la participación respecto al 2001;
por su parte el 40% de la población que compone el estrato
medio ha tenido un aumento del 5,2% en relación al mismo
año.
IV) EL ROL DE LAS POLITICAS DEL GOBIERNO
El deterioro y posterior estancamiento de la distribución,
conjuntamente con la mayor regresividad que revela su composición,
no se ha podido revertir porque las políticas de Gobierno
se revelan como insuficientes al estar fundadas en una concepción
equivocada de la realidad laboral y empresarial vigente.
Esto es así porque apostar a la mera recuperación
de la economía y el empleo y en este marco privilegiar la
regulación sobre el mercado de trabajo formal es una estrategia
ineficaz para llegar al conjunto de los sectores populares, porque
no incorpora los 3 elementos que vienen caracterizando la evolución
del mercado laboral: a) caída en la creación del empleo;
b) elevado grado de ilegalidad laboral y de desocupación
y c) menores ingresos en los nuevos trabajadores formales.
Estos tres elementos ponen en crisis la concepción neodesarrollista
que campea en el Gobierno Nacional; concepción que con una
formulación distinta vuelve a situar la idea del derrame
del crecimiento como modo de gestar un proceso de redistribución
del ingreso.
El otro componente de la estrategia gubernamental, regulación
exclusiva sobre el segmento de los trabajadores formales, no solo
que es incapaz de llegar al conjunto de los sectores populares sino
que incluso puede, tal cual hemos señalado, agravar los términos
de la regresividad al interior de los mismos. Tal es el caso del
salario mínimo, de los convenios colectivos y de las asignaciones
familiares que sólo perciben los trabajadores que están
en blanco. Particularmente en el caso de los convenios colectivos,
su impacto se restringe a sólo el 14,7% de la fuerza laboral
durante el 2005.
V) LOS IMPACTOS DEL SALARIO MINIMO EN EL MARCO DE UNA CONCEPCION
ERRONEA
En el contexto de una Argentina industrial signada por el bajo
desempleo (la tasa de desocupación oscilaba en 1974 entre
el 3% y el 4% de la PEA), una extendida asalarización formal,
una estructura sindical potente y consolidada, una importante homogeneidad
social y una mejor articulación económica entre las
distintas regiones del país, el salario mínimo actuaba
como un piso efectivo del mercado laboral argentino. Es decir, como
aquel umbral de ingresos bajo el cual no debía estar ningún
trabajador. Es obvio que la Argentina actual nada tiene que ver
con lo descripto. Rota la homogeneidad laboral y la articulación
geoeconómica del país, la vigencia de una tasa de
desocupación estructuralmente alta (14,1% de la PEA sin contar
los planes) con sólo el 39% de los trabajadores en condición
formal y con el modelo sindical en crisis, seguir suponiendo que
al fijar el salario mínimo establecemos el piso de ingresos
para todos los trabajadores es vivir en una burbuja y convalidar
estrategias que, presentadas bajo el rótulo de la equidad,
terminan discriminando al interior de los propios trabajadores.
Desde nuestra concepción los desocupados, los cuentapropistas
de subsistencia y los ilegales también son trabajadores.
En el contexto actual el salario mínimo es sólo uno
de los instrumentos que deben utilizarse para garantizarse un piso
de ingreso al conjunto de los trabajadores.
1) LOS QUE ESTAN POR DEBAJO DEL SALARIO MINIMO.
En la Argentina actual existen prácticamente 7.291.163 millones
de trabajadores que cobran menos de los $630 en que se fijó
el Salario Mínimo Vital y Móvil en julio del 2005.
Estos representan a prácticamente la mitad de los ocupados
totales. Discriminado por intensidad laboral resulta que en esta
situación se encuentran el 60% de los subocupados, el 53,2%
de los ocupados plenos y casi para no creer el 42,2% de los sobreocupados.
Si tomamos en cuenta sólo a los asalariados (ya que el número
anterior involucra también a cuentapropistas y patrones)
resulta que existen 5.213.032 asalariados que se encuentran en esta
situación. Representan el 47,7% del total de asalariados.
Desagregando la información se observa que por debajo del
mínimo se encuentran el 61,7% de los asalariados subocupados,
el 50,7% de los plenos y el 39,2% de los asalariados sobreocupados.
2) EL TRASLADO DEL SALARIO MINIMO EN LA ESTRUCTURA SALARIAL DE LA
ECONOMIA.
En este punto realizamos una comparación de la evolución,
tanto nominal como real, del salario mínimo desde el comienzo
en que se registraron sus aumentos comparándolo con las evoluciones
de las distintas fuentes salariales oficiales disponibles (principalmente
dos que corresponden al INDEC - que son la Encuesta Permanente de
Hogares y el Indice de Variación Salarial - y la del Sistema
Integrado de Jubilaciones y Pensiones - que corresponde exclusivamente
a los trabajadores registrados en la Seguridad Social).
En todas las fuentes analizadas se puede observar rasgos comunes:
a) El salario mínimo creció muy por arriba del conjunto
de las variables salariales. En términos nominales creció
3,5 veces por arriba del promedio de ingresos de los ocupados según
la EPH; 6,7 veces por arriba del Indice Salarial y 5 veces por arriba
del crecimiento del promedio de retribuciones de los asalariados
registrados del SIJyP.
b) En todos los períodos el aumentos del mínimo fue
superior al aumento del resto de las variables salariales (tanto
en términos nominales como reales).
c) Progresivamente el salario mínimo va representando un
porcentaje mayor del salario medio (tanto en la EPH como en la SIJyP).
d) Tampoco hay traslado del aumento. El primer aumento del 50%
durante el 2003 nunca se trasladó en los períodos
sucesivos.
e) Tampoco hay una misma tendencia. En períodos en que el
salario mínimo aumenta su tasa de crecimiento el resto de
las variables salariales presentan disminuciones de la misma.
VI) LAS INEQUIDADES GENERADAS Y LA POSIBILIDAD DE MODIFICARLAS
1) En el ámbito de los trabajadores la no adecuación
de la dinámica del Consejo del Empleo, la Productividad y
el Salario a la realidad concreta del mundo laboral argentino, define
que las políticas que se impulsan circunscriben sus efectos
a una proporción minoritaria de los trabajadores del país.
Así, la fijación del salario mínimo sólo
se aplica taxativamente sobre los trabajadores privados registrados
y los dependientes del Sector Público Nacional. No son alcanzados
por esta disposición ni los trabajadores en situación
de clandestinidad, ni los ocupados en los Estados Provinciales y
Municipales. Por cierto, tampoco están implicados en esta
decisión los desocupados o los cuentapropistas que trabajan
en la informalidad. Queda claro que con este tipo de estrategias
no habrá posibilidad de tener una genuina política
de ingresos que alcance al conjunto de la clase trabajadora.
2) En el ámbito de los empresarios ocurre una situación
similar. Al discutir las políticas de salario mínimo
con los representantes de las grandes firmas no se consideran las
situaciones diferenciales que atraviesan las pequeñas y medianas
empresas o aquellos establecimientos ubicados en regiones más
postergadas del país. Se cometen dos graves errores. Por
un lado se fijan pautas de ingresos y criterios de incremento que
en nada obligan a las grandes firmas a trasladar sus abultados aumentos
de productividad. Así cuando se considera el sector industrial
durante el período 2001-2005, mientras la productividad se
expandió un 12,4%, el salario real lo hizo en un 0,4% y los
costos laborales se redujeron en un 35,9%. De igual modo, al considerar
la productividad anual de las primeras 100 empresas de la Argentina
surge que mientras la remuneración promedio asciende en ellas
a $2.669, la misma (de trasladarse los aumentos de productividad)
podría llegar a $15.000. Por otro lado, esas mismas pautas
de ingresos definidas haciendo abstracción de la situación
que observan los establecimientos de menor tamaño y la realidad
de las diferentes regiones del país, lleva en algunos casos
a producir efectos exactamente inversos a los buscados. En lugar
de mejorar la situación del trabajador puede incluso promover
su precarización. No es igual la situación de empresas
o conglomerados empresarios locales o transnacionales, que definen
las condiciones de los mercados en los que operan, que la de aquellos
establecimientos que no fijan precios, que atraviesan situaciones
de difícil endeudamiento, que no tienen acceso al crédito
o el que pueden obtener es caro, y que no poseen un tratamiento
tributario que considere efectivamente su verdadera capacidad de
pago. Es decir, resulta imposible pensar una estrategia de redistribución
de los ingresos por fuera de un replanteo integral de la política
económica. Por ende, la necesidad de un tratamiento integral
de las pequeñas y medianas empresas tanto urbanas como rurales,
es una condición necesaria del citado objetivo.
3) No obstante lo expuesto en materia del acotado impacto de los
convenios, merece consignares que el 59% de los convenios firmados
durante el 2005 que estipularon aumentos salariales absorbieron
en el básico del convenio los aumentos decretados por el
Poder Ejecutivo (tanto por vía de las sumas fijas como del
aumento del salario mínimo). Este hecho demuestra las potencialidades
de la política pública para incidir en la disputa
por la distribución del ingreso. Potencialidades que no pueden
materializarse para cambiar favorablemente el signo de la distribución
porque la política pública resigna universalidad al
concentrarse exclusivamente en la regulación del mercado
formal. Cabe consignar que en el caso de la actual convocatoria
al Consejo del Salario la fijación del mínimo se realiza
a posteriori de los convenios colectivos, pretendiendo establecer
un valor que ya ha sido absorbido en los diferentes convenios de
manera tal que el mínimo ni siquiera influya en el desarrollo
del sector formal.
4) El empeoramiento distributivo que tenemos, en un contexto que
combina fuerte crecimiento del nivel de actividad con incremento
en la cantidad de ocupados y aumentos de los ingresos, debe dejar
en claro un principio: para que exista distribución del ingreso
es necesario que el ingreso que perciban los ocupados crezca por
encima de la productividad global de la economía, lo que
implica necesariamente que lo mismo debe ocurrir a nivel de ramas
y firmas. Materializar este criterio requiere de políticas
públicas tributarias y promocionales que permitan capturar
las ganancias extraordinarias, que hoy se concentran en pocos sectores
y pocas empresas, para poder derramarlas en apoyo al desarrollo
de nuevos sectores y en el tratamiento integral de las regiones
más atrasadas y de los pequeños y medianos establecimientos.
Supone también políticas públicas de alcance
universal que construyan un piso de ingresos superior en el mercado
laboral (por vía de la mejora de los ingresos de los hogares)
y la garantía legal para la organización de los trabajadores.
VII) NUESTRA PROPUESTA
A) POLITICA GENERAL DE INGRESOS.
Proponemos 3 medidas concretas:
1) Verdadero SEGURO DE EMPLEO Y FORMACION de $720 para todos los
jefes de hogar desocupados. El costo neto es de $2.987,4 millones.
2) ASIGNACION UNIVERSAL POR HIJO de $70 para todos los pibes, que
se articulen con el chequeo sanitario durante los primeros años
de vida y la participación en el ciclo escolar durante el
resto. Generalización de la Ayuda Escolar Anual de $130.
El costo neto anual de realizar esta política asciende a
$10.877,4 millones.
3) ASIGNACION UNIVERSAL PARA TODOS LOS MAYORES EXCLUIDOS DE LA
SEGURIDAD SOCIAL equivalente a un nuevo valor del haber mínimo
de $520 e incremento del 10% en el resto de las prestaciones previsionales.
El costo de esa medida es de $13.760 millones.
El costo conjunto de las medidas propuestas asciende a $27.624,8
millones.
Resulta obvio que un programa de Redistribución Progresiva
de los Ingresos de esta naturaleza requiere del fortalecimiento
de los ingresos públicos lo cual exige:
" Poner en función de los objetivos expuestos los excedentes
de recaudación a obtener durante el presente año respecto
al total presupuestado. Se cuenta con $8.300 millones de recaudación
no previstos en el Presupuesto 2006, así como $6.025 millones
que se liberan como consecuencia de haber pagado con reservas la
totalidad de la deuda con el FMI. Es decir que por estos dos conceptos
se tiene garantizados ingresos por $14.325 millones no previstos
en el Presupuesto.
" Restituir las contribuciones patronales para las grandes
empresas a los niveles del año 1993, lo que permitiría
expandir la recaudación en $7.726,9 millones adicionales.
" Encarar una Reforma Previsional que restituya al Sector
Público los aportes realizadas por los trabajadores activos.
Por esta vía se podría ingresar a las arcas públicas
$6.100 millones adicionales
" Encarar de manera inmediata una Reforma Impositiva que otorgue
progresividad al régimen vigente. A diferencia de las otras
medidas la Reforma Impositiva no incrementa la recaudación
en forma inmediata pero es razonable suponer que en el plazo de
2 años se puede incrementar la recaudación en 2 ó
3 puntos del PBI, lo que supone ingresos adicionales por $12.000
y $18.000 millones respectivamente.
Sin contar con los recursos de la reforma impositiva, ni tampoco
con el impacto que términos de recaudación supone
el aumento del consumo popular asociado a las medidas expuestas
(es decir considerando sólo los excedentes presupuestarios,
la restitución de aportes a las grandes empresas y la recuperación
de los aportes de los trabajadores activos) se cuentan con recursos
por $28.100 millones que permiten financiar la Politica General
de Ingresos propuesta.
B) LA POLITICA SALARIAL PROPIAMENTE DICHA .
En el marco de esta POLITICA GENERAL DE INGRESOS, que por diferentes
vías restituye derechos e ingresos al conjunto de los hogares
y que por lo tanto fija un nuevo piso al mercado laboral dado por
el Seguro sobre el Jefe desocupado ($720) y la Asignación
Universal de $70, corresponde ubicar la política salarial.
El punto de referencia de la misma no puede ser sólo lo que
desean pagar los empresarios. En la Argentina actual, con una canasta
familiar que según el INDEC se ubica (a junio 2006) en $2.315.
Considerando los momentos de mayor normalidad de la historia laboral
argentina, puede observarse que el salario promedio (generalmente
cercano a los básicos de convenio) solía representar
el 80% del valor de la canasta de consumo de una familia tipo. Asimismo
el salario mínimo, solía representar el 60% del salario
promedio. Con estos criterios la política salarial debe tender
a fijar el Salario Mínimo Vital y Movil en $1.110 y los básicos
de convenio deben fijarse en $1.850.
C) LIBERTAD SINDICAL
Resolver la crisis de representación del sindicalismo argentino
exige restituirle a los trabajadores la más plena libertad
para definir sus estructuras orgánicas. Implica desterrar
las prácticas empresariales que prohíben (especulando
con la diversidad contractual y con el elevado desempleo) la organización
de los trabajadores. Implica también, romper con unicatos
sindicales que nada tienen que ver con fortalecer la unidad de los
trabajadores y que sólo actúan como tapón para
la participación de los mismos en las decisiones. En función
de este objetivo, solidario con la necesidad de fortalecer la capacidad
de los trabajadores para discutir sus condiciones de empleo e ingresos,
planteamos la plena vigencia de la Constitución Nacional
y los Convenios Internacionales de la Organización Internacional
del Trabajo (OIT) ratificados por la Argentina que garanticen a
todos los trabajadores y los sindicatos simplemente inscriptos (hoy
más de 2000) los derechos de:
" Inmunidad para los fundadores y delegados de las organizaciones
simplemente inscriptas.
" Reconocimiento de los representantes en el conflicto
" Ejercicio irrestricto del derecho a huelga.
" Al cobro de la cuota sindical por nómina por parte
de las organizaciones simplemente inscriptas.
D) DESCONCENTRACIÓN DE LA ECONOMÍA Y EQUILIBRIO REGIONAL.
Somos conscientes que el programa de Ingresos y Salarios aquí
planteados puede generar dificultades a nivel de unidades de menor
tamaño y en las distintas regiones del país. Es por
esta razón que creemos que una redistribución progresiva
de los ingresos no puede hacerse sin activar un conjunto de medidas
dirigidas a atender el problema de las pymes y de las regiones más
postergadas. Señalamos esto convencidos de dos cosas: Primero,
que las grandes firmas transnacionales y locales pueden pagar lo
que aquí se expone e incluso más. Segundo, que el
trato específico y diferencial que las pymes y las regiones
postergadas merecen obtener de la política económica,
no puede provenir del deterioro salarial de sus trabajadores.
Entre el conjunto de medidas que deben adoptarse se encuentran:
¢ Reforma del Sistema Financiero en dirección a canalizar
el crédito hacia las unidades de menor tamaño y hacia
las regiones más postergadas.
¢ Tratamiento fiscal diferencial para las unidades de menor
tamaño y las regiones más postergadas. Lo que supone
una política crediticia, tecnológica, comercial que
permita desplazar las restricciones a las que son sometidas las
unidades de menor tamaño
¢ Constitución de un Fondo Salarial conformado por
aportes nacionales y provinciales, dirigido a sostener un Plan de
recomposición y equiparación de ingresos de los trabajadores
públicos de todo el país (nacionales, provinciales
y municipales), orientado por el principio de igual salario para
igual tarea.
Conviene finalizar este informe repitiendo una verdad de Perogrullo.
Sólo puede sostenerse una estrategia de redistribución
progresiva de los ingresos en tanto se promueva una política
de carácter integral dirigida a revertir la matriz de profunda
desigualdad que plasmara en la Argentina el neoliberalismo. Requiere
por lo tanto, modificar los vectores de la demanda, de manera que
sea el consumo popular y no el de altos ingresos y las exportaciones
los que sesguen la inversión y por lo tanto definan el perfil
productivo; políticas expresas de desconcentración,
cambios en el modo en que el Estado interviene en el proceso económico
y un replanteo del esquema monetario y financiero. Estrategias sólo
sustentables en tanto se promuevan y fortalezcan a los actores políticos
y sociales que las deben defender. Situación esta que transforma
en un detalle no menor, la decisión institucional de favorecer
la libertad y la democracia sindical.
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