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Por primera vez en lo que va de su gobierno, un sector de la clase
dominante se animó a desafiar abiertamente al gobierno de
Kirchner. El paro ganadero llevó a la práctica
la desconfianza y resentimiento existentes hacia el gobierno, pero
no solamente del campo sino de los sectores fundamentales de la
clase dominante, que en general deslizan sus criticas off the record.
La disputa entre el gobierno de Kirchner y el campo empezó
a tener visibilidad a partir del cierre de las exportaciones cárnicas
por 180 días, el 8 de marzo, con el aumento del peso mínimo
para faenar animales y con el aumento de las retenciones a la exportación
de lácteos. Estas fueron, junto a los acuerdos de congelar
los precios de algunos productos, las medidas que diseñó
el gobierno para contener la inflación, en un contexto en
parecía desbocarse, principalmente la de los alimentos. La
otra pata de esta política fue el pacto social
entre la UIA y la CGT, que cerraba la discusión de los Convenios
Colectivos en un 19%.
Crónica de un paro anunciado
La suba del precio de la carne en los primeros meses del año,
fue un acicate irresistible para el gobierno de Kirchner. En el
2005 el aumento en el precio de la carne duplico y más (28,3%)
el índice general de inflación que difunde el INDEC
(12,3%). El año pasado en la tradicional exposición
del sector en La Rural, surcada por el aumento a las retenciones
a los lácteos (del 5% a 15%) Luciano Miguens, presidente
de la Sociedad Rural Argentina, deslizó: Entregamos
más de 6.300 millones de pesos, casi el 40% del tan mentado
superávit... Esa suma casi triplica el total de gastos del
Ministerio de Desarrollo Social (Clarín, 31 de julio
de 2005)
Desde mayo, el campo fue empezando a diagramar abiertamente el
paro, aunque no sin divisiones internas. En realidad, los sectores
más concentrados y determinantes de la burguesía ganadera
se apoyan en el malestar de los pequeños y medianos productores,
con el fin de forzar concesiones del gobierno. Ya a fines de abril,
Confederaciones Rurarles Argentinas (CRA) que se jacta de tener
el 40% del stock vacuno, planteaba un paro campero como
respuesta a las medidas del gobierno, aunque sus dirigentes retardaban
la decisión efectiva de la medida.
Cuando a mediados de mayo se produjo el desplazamiento de la diputada
Alarcón, en ese momento presidenta de la Comisión
de Agricultura y Ganadería de la cámara baja, por
no seguir los lineamientos ideados por la tropa de Kirchner, el
lobby del campo funcionó a pleno: la defendieron
los popes del sector exportador, Miguens titular de la SRA, Llambías
de CRA, y su padrino político el lole Reutemann.
No es casualidad que haya sido la CRA la institución
que encabezó la medida de fuerza contra la política
de Kirchner. La CRA está integrada principalmente por Cartez,
donde pesan los sectores engordadores de novillos de La Pampa, San
Luis y el sur cordobés -impactados por el cierre de las exportaciones-
y Carbap, que representa a los criadores bonaerenses y pampeanos
interesados en el precio de los terneros y vacas viejas; de aquí
viene Analia Quiroga, quien dijo Kirchner no tiene materia
gris.
En tanto la Sociedad Rural (SR) señalaba por ese tiempo
que el paro no va con la filosofía de la SR,
y trataban por todos los medios de no confrontar abiertamente con
el gobierno, del cual siempre se mostró distante. Pero esperando
sacar una tajada en cualquier momento. Incluso, la progresista
Federación Agraria vacilaba entre el paro y la cooptación
del gobierno.
El gobierno llamó a no comprar carne si no bajaba
el precio y ante la suspensión de parte de los frigoríficos
de miles de operarios por la veda exportadora, prometió al
sindicato de la carne pagar los salarios caídos de los obreros
inactivos. Según el sindicato, la suspensión de los
exportadores afecta a 10-12 mil trabajadores.
Mientras el 25 de mayo, el matrimonio Kirchner y amigos festejaban
la vuelta a la Plaza del Sí, y con ellos lo más
rancio del aparato pejotista y los burócratas sindicales,
en Gral. Belgrano (en el Río Salado) se agrupaba, famélica,
La placita del NO, y aunque los dirigentes de la CRA
mantuvieron un tono conciliador, se jactaban de agrupar a
toda la ciudad, del bombero al intendente. Traducido al lenguaje
político, venia a decir: podemos movilizar al interior contra
la capital.
La oposición burguesa a Kirchner apoyó abiertamente
al sector ganadero. De hecho el 28 junio, en una reunión
organizada por Carbap, Carrió, Binner, gente del PRO y los
lavagnistas apoyaron los reclamos del sector, mientras el representante
kirchnerista llamaba a la concertación. El
gobierno cerro las exportaciones cárnicas debido a su resentimiento
político y a su fascismo dijo Lilita. (Clarín,
29 de junio)
Después de amagar y esperar a ver sobre el papel el tan
mentado Plan ganadero, la CRA lanzó el primer
paro agropecuario contra Kirchner. Entre 22 y 25 julio, o sea por
4 días no comprarán, venderán ni moverán
granos, hacienda o cualquier otro producto, excepto para la exposición
Rural. En verdad, se cuidaron bien: dos de los cuatro días,
cayeron sábado y domingo.
El Programa: levantamiento total de las restricciones a la exportación
de carne y al peso mínimo de faena, y que se eliminen las
retenciones a las exportaciones de lácteos. Sin embargo,
el gobierno había flexibilizado anteriormente la veda exportadora
y se podría realizar cerca del 65% de los embarques habituales
de carne. La SRA, institución tradicional de la oligarquía
ganadera, apoyó simbólicamente el lanzamiento del
paro por considerar que tenía un motivo comprensible,
aunque prefirió no confrontar abiertamente con el gobierno.
El paro salta la tranquera
El paro del campo fue acompañado por marchas
y asambleas a lo largo del país, principalmente en Río
Cuarto y Canals en Córdoba, Villa Elisa y Gualeguaychú
en Entre Ríos, y General Belgrano en Buenos Aires. En Río
Cuarto, desde la SR de la zona se escuchó Estamos hartos
de subsidiar a esa sarta de vagos que vive en Capital (Clarín,
25 de julio)
Aunque el paro tuvo alto acatamiento, según la CRA, el gobierno
pudo reducir su impacto con una maniobra llevada a cabo junto a
frigoríficos y supermercados para que no compren hacienda
el día viernes en el Mercado de Liniers (los supermercados
se llevan aproximadamente entre el 16 y el 20% de las compras, y
venden el 30% de la carne que se consume en el mercado interno)
dando por resultado que de las 12.500 cabezas de ganado solo se
vendieran 2.000, quedando un grueso remanente. Antes, apenas anunciado
el paro, el gobierno prorrogó las retenciones a los lácteos.
El martes, ultima día del paro, ingresaron al Mercado de
Liniers 300 animales de los 10 mil que lo hacen habitualmente, mientras
el lunes sólo ingresaron 174.
Para Mario Llambías, titular de la CRA, el paro fue
rotundo, y destacó que después de la maniobra
del viernes ideada por el gobierno, recibieron la solidaridad de
varias asociaciones de producción lechera, incluso festejaban
las dudas de la Sociedad Rural sobre asistir a la presentación
del Plan Ganadero, aunque finalmente concurrió. El único
ausente fue Eduardo Buzzi de la Federación Agraria.
Finalmente, después del paro, se lanzó el Plan
Ganadero, que consiste en distribuir al sector $857,3 millones
en los próximos cuatro años ($214 millones por año)
junto a los incentivos impositivos (amortización acelerada
del IVA). Se espera, con esta financiación, elevar la faena
anual de ganado de 14,2 millones a 15,7 millones de vacunos para
2010, con lo cual la producción treparía de 3,06 a
3,60 millones de toneladas (Clarín, 25 de julio)
Aunque el gobierno le pasó factura recordándole el
modelo de dólar alto y el congelamiento de combustibles (un
beneficio de $12.000 millones), y que la rentabilidad de los productores
es un 50% superior a la de la década anterior, un Kirchner
mudo y pálido, reflejaba el desaire de la medida de este
sector de la clase dominante. El campo, si bien no logró
sus objetivos explícitos, si consiguió plasmar la
verdadera intencionalidad del paro: La financiación del Estado,
aunque no muy abultada. Que a la hora de subsidios y privilegios
se equilibre la balanza con los sectores industriales y la obra
publica. Quieren un fondo fiduciario para el campo (este
año los fondos fiduciarios acumularan $6.000 millones) o
por lo menos como el del gasoil, que reparte la módica suma
de $1.600 millones a las empresas de transporte por congelar
las tarifas, así también podrían congelar el
precio de la carne, ¿o no?
Ya en el presupuesto 2006 entre exenciones y reducciones de impuestos
y subsidios directos otorgados a las empresas suman $25.000 millones.
Según un estudio de la FIDE, la inversión privada
es mayor con incentivos fiscales (devolución anticipada del
IVA, amortización acelerada de ganancias, aranceles cero
para la importación).
La clase dominante argentina nació mirando parir las
vacas. Y ahora mira parir los fondos del Estado, que mantiene
congelado los planes sociales y reduce la plata para los pobres.
Al fin y al cabo, es su estado.
El campo llora para mamar
Obviamente no todos los productores ganaderos estornudan dólares,
principalmente esto no es así en el caso de los pequeños
productores, que aunque pueden ser la mayoría en términos
cuantitativos, no determinan la política de este sector de
la clase dominante. Ni van a ser beneficiados por el Plan
Ganadero. En última instancia, la medida de fuerza
se basó en la movilización de los pequeños
y medianos productores en beneficio de los grandes ganaderos, hoy
también sojeros. Pero... ¿Tan mal vive
esta gente?
La mayoría de los burgueses ligados al campo, se encontró
después de la devaluación, en una situación
incomparablemente mejor que décadas atrás. La pesificación
evaporó sus deudas bancarias y comerciales, la escalada del
dólar y el aumento del precio de las materias primas en el
mercado mundial, principalmente la soja, redundaron en jugosos beneficios,
incluso tomando en cuenta la reaparición de los derechos
de exportación (retenciones). Cuando Miguens de la SRA fustiga
contra los impuestos indirectos, esta atacando directamente uno
de los pilares del superávit: En el 2005 entre las retenciones
a la exportación y el impuesto sobre créditos y débitos
bancarios, el Estado recaudó $22.000 millones.
Si comparamos la cosecha 2004/2005 con la del año 1999/2000,
la renta por hectárea aumentó de 10 dólares
a 80 dólares. La señorita Analía Quiroga que
dice estar espiritualmente ligada al campo, es dueña de 400
hectáreas en Pellegrini, en el oeste bonaerense. Con lo cual
el año pasado sólo la renta por hectárea le
arrojo a su famélica billetera una suma de 32.000 dólares.
La renta agraria aumentó 800% en los últimos 5 años.
En 2005 las exportaciones de carne fueron 1.400 millones de dólares,
32% más que en el 2004. Las retenciones representaron en
2005 el 11% de los impuestos ingresados por impuestos a las arcas
del Estado.
En el año 2004-2005 se alcanzó la cosecha record
de 85 millones de toneladas. El aumento del precio de la tierra
en la región de cría fue de 51,5% en dólares
constantes respecto a 2001 y 109,5% respecto al 2002.
Las exportaciones en el 2005 reportaron un record de 40.000 millones
de dólares, arrojando un saldo favorable de 10.288 millones
de dólares, basándose principalmente en las actividades
agropecuarias, mineras y manufacturas agropecuarias (elaboración
de alimentos).
Este año podrían llegar a 45.000 millones de dólares.
Según un estudio de la UIA, de los 40.000 millones exportados
en 2005, el 65% son productos primarios o manufacturas con origen
en recursos naturales. Si comparamos lo exportado en 2005 con el
periodo 1997-2001 la mayor contribución al crecimiento es
la vinculada a la producción primaria, carburantes o manufacturas
de origen agropecuario.( Clarín, 25 de junio)
Es verdad que la incorporación de fertilizantes, biotecnología
o incluso de maquinarias, deben efectuarse en dólares, pero
por la exportación de las materias primas y la carne también
ingresan dólares.
Lo que esconde el dilema sobre el precio de la carne es la realidad
del sistema capitalista en su conjunto. Cuando hay una rama o sector
de la economía que promete ganancias rápidas al menor
costo, los capitales se orientan hacia esa rama o actividad lo más
rápidamente posible. De hecho, según reconoce el Ministros
de Asuntos Agrarios bonaerenses, se cedieron a la agricultura (léase
siembra de soja) 7 millones de hectáreas (Infobae.com, 26
de julio) con lo cual se redujo sensiblemente la superficie para
el desarrollo de la ganadería.
El aumento del precio internacional de la soja llevó a que
muchas tierras sean destinadas a la siembra en detrimento del espacio
físico para la cría de ganado, incluso con un daño
ecológico evidentemente y el progresivo deterioro de los
suelos. El Director del INTA, en declaraciones radiales, manifestó
que: de seguir el monocultivo sojero y los desmontes en el norte
argentino, en términos de 10 años el 70% del suelo
se transformaría en desértico. Esto se combina con
la voracidad de otros proyectos como el de las multinacionales pasteras
( Angel, El Militante n° 22)
A esto hay que sumarle un aumento del consumo interno y un aumento
en la exportación cárnica, con lo cual el stock disponible
para el consumo interno empieza a escasear, salvo que la clase trabajadora
argentina tenga los dólares suficientes para pagar un kilo
de asado. Y también podría agregársele la cadena
de comercialización (fuertemente centralizada en pocas manos)
poco trasparente, desde la humilde vaca que sale del
campo hasta su mesa: según una nota de Clarín, 26
de marzo, el valor del kilo vivo en el Mercado de Liniers es $2,70,
el precio mayorista que pagan matarifes y frigoríficos es
$4,53, y se vende a los minoristas a $4,80 y llega al supermercado
(promedio 6 cortes) a $8,83.
Desde el 8 marzo, cuando se anunció el cierre total de las
exportaciones por 180 días, el valor de la hacienda cayó
alrededor de 25%, aunque en las carnicerías o supermercados
se contuvieron o bajaron menos que el ganado en pie. De hecho, en
el Mercado de Liniers las distintas categorías de novillo
bajaron un 26,03% (de $2,92 a $2,16)
Para expiar sus culpas (o grandes beneficios) ante la sociedad
que hace malabares para engullir un churrasco, desde el campo dicen:
si el precio baja un 30% pero esa baja apenas se nota en el bolsillo
de la gente, eso se debe a que los intermediarios y en la comercialización
de la carne se quedan con nuestra rentabilidad; por eso acusan a
los frigoríficos, matarifes y carniceros, principalmente
a los grandes frigoríficos que stockearon gran cantidad
de medias reses aprovechando los valores deprimidos de la hacienda
(Página 12, 18 de julio)
El futuro del asado. Kirchner y la clase dominante
Productores, consignatarios, frigoríficos, matarifes, supermercados.
Todos alzan los hombros, con mirada torva, afirman: ¿Yo señor?
No señor. La única certidumbre es que los trabajadores
y el pueblo en general, cada vez estamos más lejos de comer
un buen asado: sea porque con los sueldos deprimidos no los alcanzan
o porque la calidad de la carne que se consume internamente es pésima
y hacen falta mandíbulas de hierro para masticarla.
El precio de la carne como el de cualquier producto, es hasta cierto
punto incontrolable para todo gobierno que respete las santas leyes
del mercado. No se puede controlar lo que no se posee. En la medida
que las vaquitas, la tierra, los frigoríficos y demás,
estén en manos privadas cualquier control o intervención
sin la propiedad efectiva y manejo directo de los trabajadores y
los sectores populares, terminará haciendo agua. La inflación
reprimida (según los economistas burgueses) es sobre
todo una necesidad política de la clase dominante, más
que una realidad económica.
El discurso del método kirchnerista, que consiste
en nombrar y atacar públicamente a un empresario en particular
o a una fracción de la clase dominante, ante una escalada
inflacionaria o por no disciplinarse como es debido, ha tenido cierto
éxito en contener la voracidad de la burguesía. Pero
esto no va a durar eternamente ni mucho menos. Cada arrebato de
Kirchner, su retórica desmedida, su concentración
de poder y la anulación vía decreto del juego
parlamentario, son miradas con escozor por la clase dominante y
sus representantes más directos. Incluso el acercamiento
a Venezuela, que está financiando al gobierno de Kirchner.
Por eso las patronales manifiestan su bronca y desacuerdo en las
sombras, pues ya han probado el veneno kirchnerista. Por ejemplo,
pueden tener su momento de unidad de la clase dominante,
cuando el 18 de mayo todo el arco empresario emitió un comunicado
contra las reformas laborales que intenta llevar adelante el moyanista
Recalde. Ahí estaban AEA, UIA, ADEBA, SRA, ASU, Bolsa de
Comercio, CAC, Copal, FADEEC etc, pero todavía no pasarán
a la confrontación directa, máxime cuando los negocios
van bien y no hay ninguna fuerza o político del orden que
pueda ensombrecer al matrimonio Kirchner. En este sentido, la táctica
del campo de confrontar para sacar concesiones, que tuvo un triunfo
más político que económico, no va a extenderse
al resto de las fracciones de la clase dominante.
Mientras el campo trinaba para mamar subsidios, Luis Pagani, titular
de AEA y Arcor, afirmaba en Santa Fe que es esencial fortalecer
el poder legislativo como uno de los pilares del régimen
republicano. También este gobierno ha consolidado en
Argentina un liderazgo político democrático, sólido,
como condición indispensable para la reconstrucción
institucional de la Argentina. Ahí estaban COTO, Bagó,
Roggio, Acevedo. Esta gente de AEA, dirige empresas que en conjunto
facturan $200.000 millones, exportan 10.000 millones de dólares.
El gobierno aprovecha cada fisura interburguesa para sumar
a unos y aislar a otros, subsidiando a unos y aumentando las retenciones
a otros.
En el fondo, Kirchner defiende los intereses del capitalismo en
su conjunto, pero a su manera, esta es la única forma posible,
dada la situación social legada por el Argentinazo: Un discurso
semi-radicalizado, en defensa de la soberanía y los derechos
humanos pero manteniendo la condiciones para la acumulación
y reproducción del capital. De aquí la necesidad de
arbitrar entre las clases antagónicas, capital y trabajo,
tratando de armonizar, de repartir un poquito para cada uno, resultando
siempre una goleada para los empresarios nacionales y extranjeros.
El futuro del asado está estrechamente vinculado
al destino de la clase obrera y las capas pobres de la población.
Nuestra población, que representa 0,6% de la población
mundial consume el 5% de la carne vacuna producida en el mundo,
o sea 2,5 millones de toneladas sobre un total de 50 millones. En
2005, el consumo promedio por habitante fue de 61,3 kilos.
La única forma de solucionar el problema de la carne reside
en que el interés de los trabajadores y los pobres sea el
interés dominante en el país, en los campos y en las
ciudades. Que la economía, la política y la cultura
no sean manejadas en benéfico de una pocos privilegiados
sino en beneficio de la mayoría por la gestión directa
y democrática de esa mayoría, y esto también
es verdad para los pequeños productores, a los que, de seguir
la dinámica del capitalismo, les espera la ruina o la absorción
de sus tierras y ganado por parte de los grandes capitales. Sin
la nacionalización de la tierra, previa expropiación
de los grandes hacendados y burgueses agrícolas-ganaderos,
con una planificación racional y colectiva para recuperar
la tierra del desastre del monocultivo sojero y aumentar el ganado
de acuerdo a las necesidades de la mayoría de la población,
sin el control de los trabajadores sobre la producción y
la comercialización de la carne y demás productos,
las penas seguirán siendo nuestras, y las vaquitas, ajenas.
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