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El organismo que representa a las Provincias extractoras de petróleo
y gas (Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos
- Ofephi) acaba de acordar con el Ministerio de Planificación
de la Nación la ratificación de la política
de fragmentación del subsuelo argentino.
Estas Provincias se autodenominan productoras, equivocadamente,
porque los recursos naturales no se producen sino que se extraen
y quienes los están extrayendo son las multinacionales a
través de las concesiones otorgadas por Menem desde la década
de los años 90, que aún se mantienen.
El acuerdo consiste en presentar en el Congreso un proyecto de
modificación de la Ley 17.319 de Hidrocarburos, para que
diez provincias reciban, además de la propiedad originaria
del subsuelo, la propiedad útil o jurisdiccional (1) . En
la jerga legislativa llaman " ley corta " a los proyectos
que se limitan lisa y llanamente a entregar la propiedad nacional
a las provincias donde se extraen hidrocarburos. La llamada "
ley larga " es la que intenta adecuar toda la Ley 17.319 de
Hidrocarburos vigente para que a la vez reglamente el traspaso de
la propiedad originaria y se "blanquee" la política
privatista impuesta por Menem y los gobernadores provinciales, cuando
en la Constituyente de 1994 acordaron canjear la reelección
presidencial por la propiedad provincial de los hidrocarburos.
Con la Ley 24.145 llamada de Federalización del Subsuelo
y Privatización de YPF, se había dispuesto que una
Comisión de Provincialización de Hidrocarburos debía
presentar al Poder Ejecutivo un proyecto modificatorio de la Ley
de Hidrocarburos antes del 31 de diciembre de 1992. Es decir, debía
reglamentar la cesión dominial originaria a través
de una Ley que podría otorgar la propiedad útil o
jurisdiccional a las provincias. La Comisión nunca se constituyó
y la transferencia no fue posible, porque en las Cámaras
hay mayoría de representantes de las 14 provincias consumidoras,
que representan el 85% de la población del país (1)
y cuentan con la gran mayoría de los diputados.
Sin tener hidrocarburos, ellas financiaron desde 1907 la investigación,
exploración, extracción e industrialización
del petróleo y gas a través de Y.P.F. y Gas del Estado,
y no están dispuestas a quedar en manos de gobernadores que
piensan que el petróleo es de su propiedad y pueden disponer
sin límites de ese recurso. Basta observar la ley de hidrocarburos
de Neuquén donde, entre otras cosas, se imponen precios,
se establecen aduanas interiores, se apropia de la política
hidrocarburífera nacional, se dispone la exportación
e importación de energéticos, etc. Por estas razones,
ni la "ley corta" (lisa provincialización) ni la
"ley larga" (provincialización más blanqueo
de la privatización) han tenido hasta ahora aceptación
ni pudo reglamentarse la transferencia prevista en la Ley 24.145:
han pasado quince años y todo sigue como entonces, lo que
pone en duda todo el sustento legal con que se realizó el
saqueo sufrido por la Nación.
Ahora, el acuerdo de la Ofephi con el Ministerio de Planificación
nacional, insistiendo en la política de la provincialización
para que los gobernadores concesionen nuestro petróleo a
las multinacionales de siempre, muestra la miopía y servidumbre
de una dirigencia que votó las privatizaciones de 1991 y
la Reforma de 1994. En lugar de replantear los enormes beneficios
que traería a las provincias petroleras y a la Nación
asociarse para recapturar el recurso y repartirlo entre todos con
justicia, optan por profundizar el legado menemista, que es dejar
a las provincias en manos de las petroleras y a la Nación
sin este estratégico recurso. Quienes concibieron la política
como negocio parece que tampoco entienden de él. ¿No
sería mejor que en lugar de recibir apenas un 9% de regalías
-y a declaración jurada- obtuvieran muchísimo más
asociadas a la Nación ?
En momentos en que el mundo discute la renta petrolera y Evo Morales
nos ha demostrado que es posible nacionalizar los hidrocarburos
sin que ninguna petrolera se retire del país, el gobierno
nacional opta por profundizar la escandalosa entrega del menemismo,
lo cual significa descuartizar aún más el legado del
general Mosconi. Lo dice nuestra historia: se fragmentó el
subsuelo para ceder a las oligarquías provinciales el lucrativo
"beneficio" de concesionar a las petroleras multinacionales.
Valga recordar que en los años 20 uno de los mayores combates
de Mosconi fue contra los trusts y la Standard Oil que, asociada
a la oligarquía y a la dirigencia salteñas, promovía
la provincialización de los hidrocarburos.
Fragmentar es debilitar, porque si la Nación en su conjunto
no puede defenderse, menos podrán las provincias individualmente.
Sólo basta comparar el producto bruto interno de todo nuestro
país -que alcanza a los 190.000 millones de dólares
anuales- con los ingresos por ventas mundiales de ExxonMobil: como
en el segundo trimestre de este año alcanzaron a 99.030 millones
de dólares, en seis meses supera el PBI nacional argentino.
Si comparamos esta cifra con el producto de cada uno de las provincias
donde se extraen hidrocarburos la diferencia se hace abismal y la
debilidad también. Los procesos de provincialización
y de privatización son claramente funcionales al poder petrolero
mundial.
El presidente Néstor Kirchner y su ministro Julio De Vido,
a pesar de haber reconocido en las reuniones realizadas el 5 y 15
de mayo con el MORENO, que había sido un gran error haber
apoyado la provincialización de los hidrocarburos, ahora
profundizan esa política. Ya lo hicieron en el 2003 al dictar
por el Decreto 546 (y no por ley) una norma que permite a las provincias
licitar áreas petroleras nuevas y/o secundarias. Además
se les transfiere la propiedad de los yacimientos que la Nación
había concesionado y permanecían bajo su dominio.
Es preciso recordar que ninguna dirigencia es dueña absoluta
de los recursos naturales, que el petróleo es perecedero
y que la Constitución Nacional en su artículo 41 expresa:
"...que las actividades productivas satisfagan las necesidades
presentes sin comprometer las de las generaciones futuras...".
Tarde o temprano nuestro pueblo juzgará a una dirigencia
que ha ratificado la continuidad del menemismo en el campo hidrocarburífero.
El camino no es otro que promover una amplia movilización
de los ciudadanos de todas las creencias y pensamientos, organizaciones
sociales, culturales y políticas en la campaña por
el millón de firmas para imponer la nacionalización
de los hidrocarburos y modificar el artículo 124 de la Constitución
Nacional. Una patriada de reparación histórica que
divide las aguas de la política nacional: o se está
con el país promoviendo la nacionalización del petróleo
y gas o se está con los enemigos de nuestra definitiva independencia.
(1) El MORENO hizo llegar el 15 de mayo al presidente de la Nación
una fundamentada nota donde se concluye que la nacionalización
de los hidrocarburos no traslada la propiedad a las provincias.
La nota distingue el dominio originario, eminente o virtual (cuya
transferencia a las provincias aún no ha sido reglamentado),
del útil, jurisdiccional o concesional no transferido a las
provincias.
(2) En el Censo nacional de 2001 las 14 provincias consumidoras
tienen 30.465.436 habitantes, mientras que las extractoras de hidrocarburos
llegan a 5.794.694 habs., del total de 36.260.130 habs
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