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Los problemas energéticos constituyen hoy temas recurrentes,
a saber:
a) la fragilidad del sistema eléctrico o su alerta rojo,
donde el consumo se acerca peligrosamente a la capacidad teórica
de un sistema casi colapsado en los irracionales tres segmentos
en que fue estructurado por la Ley N º 24.065: generación,
transporte y distribución, donde la primera no es considerada
un servicio público, sino de interés público,
librada a las decisiones del mercado;
b) las interrupciones constantes de energía eléctrica
, especialmente en el interior y en el Gran Buenos Aires, que por
la forma de producirse asumen el carácter de programados
pero no anunciados y menos reconocidos, cuidando especialmente CAMMESA
que no se produzcan en lugares o zonas de las que se informa en
los medios capitalinos, como por ejemplo, la C.A. de Bs. As, San
Isidro, Vicente López, La Plata y centro de Avellaneda y
Quilmes;
c) la falta de gasoil , justamente en la época en que el
agro más lo requiere, circunstancia que ha disparado su precio
en negro, sin que el Gobierno haya recurrido a liberar limitadamente
la importación, pero sin acordarse, por ejemplo, de eliminar
definitivamente los patentamientos de automóviles gasoleros
destinados a particulares (volver a la política vigente hasta
1989: todo el gasoil para el campo y el transporte) y exigir a las
refinadoras que, dentro de los límites técnicos de
las refinerías, bajen la producción de naftas e incrementen
la de gasoil, o más drásticamente, determinar que
la actividad es un servicio público, que la obligación
de prestarlo depende de las refinadoras y que las utilidades de
las empresas no se miden producto por producto, por lo que pueden
importar gasoil a pérdida si obtienen beneficios extraordinarios
con las exportaciones y las ventas internas a precios internacionales,
como los productos petroquímicos y los fertilizantes, por
ejemplo;
d) los cortes de gas a las usinas, industrias o comercios , donde
ha aplicado distintos conceptos valorativos de dudosa justicia;
así tenemos que a las usinas actividad privada no considerada
servicio público, a la que mediante el extraño funcionamiento
del Mercado Mayorista Eléctrico se la benefició con
sobreutilidades destinadas a nuevas inversiones en generación
que jamás se concretaron. Asimismo se la provee de fueloil
y gasoil a costa del Estado, mientras que a los industriales y comerciantes,
en virtud de lo dispuesto por los Decretos Nº 180 y 181 del
2004, se los ha dejado en manos del oligopolio productor, donde
ocho petroleras multinacionales encabezadas por Repsol-YPF producen
el 92 % de la oferta y tienen libertad para vender al precio que
les resulte más favorable (no hay más precio regulado
o de servicio público). Es decir, que mientras a las usinas
se les corta, por el gran volumen que consumen, y se las subsidia,
a los demás usuarios cautivos con excepción
de los domésticos- se les corta de acuerdo al precio que
pueden pagar. Está de más decir, que muchísimas
PYMES no están en condiciones económicas para aceptar
los precios que se les piden, ni técnicas, que les permitan
utilizar combustibles alternativos; y
e) los acuerdos con Bolivia y su repercusión en las exportaciones
a Chile , que es el tema que trataremos a continuación.
Dentro de su política auténticamente nacional, plagada
de sensatez y racionalidad, Bolivia ha nacionalizado sus hidrocarburos
con el fin de volcar las riquezas que ellos generan en beneficio
de su pueblo; en palabras de Hipólito Yrigoyen, se ha apropiado
de una de sus grandes riquezas nativas. Mediante la
conversión de las obsoletas y corruptas concesiones en contratos
de explotación, ha recuperado la decisión sobre cuándo
se debe producir y sobre el destino y precio de esa producción,
privilegiando el mercado interno para usos como combustible familiar
e industrial y materia prima e insumo industrial, y finalmente para
exportar. Como esa política no puede asentarse sobre bases
mentirosas, ha encarado una auditoría independiente de sus
reservas, desechando las declaraciones juradas de las petroleras.
La negociación con Argentina les ha sido ampliamente favorable,
a saber:
a) los volúmenes están supeditados a sus necesidades
internas;
b) el precio ha sido sustancialmente mejorado y está sujeto
a revisión en los próximos meses;
c) la rebaja concedida de U$S 0,50 por MMBTU, está compensada
por la construcción, en las cercanías de la frontera
común, de una planta separadora destinada a que los gases
más ricos y de uso industrial (etano, propano y butano) queden
en Bolivia, enviándose a la Argentina solamente el metano;
en otras palabras, con una rebaja del presente, Bolivia ganó
para el futuro;
d) ha impuesto a la Argentina la intervención de ENARSA,
en reemplazo de las petroleras privadas anteriormente actuantes,
que son en su casi totalidad las mismas con las que se están
reconvirtiendo sus contratos, pero que, con la aquiescencia del
Gobierno argentino, siguen manejando omnipotentemente la política
hidrocarburífera de nuestro país. Recordemos que ENARSA
sólo había servido para entregar a Repsol-YPF y a
Petrobrás, por 50 años y mediante contratos secretos,
gran parte de la plataforma marina de los argentinos. Por la información
que poseemos, han quedado pendientes el mantenimiento de la triangulación
que el Gobierno Argentino permite a Repsol-YPF, Petrobrás,
Pan American, Total y las restantes, mediante la cual se sigue exportando
gas a Chile, interfiriendo en las decisiones soberanas de la hermana
Bolivia; por otra parte, habrá que esperar el resultado de
la auditoría de reservas encarada por Bolivia para analizar
su relación con el Gran Gasoducto del Sur que nacería
en Venezuela, lo que implica la factibilidad del proyectado Gasoducto
del NEA.
La política seguida por nuestro Gobierno, de trasladar a
Chile mediante el mecanismo de los derechos de exportación
similar a los aplicados para administrar el precio en surtidor de
los combustibles líquidos- el mayor costo de las importaciones
de Bolivia, en una ecuación igualadora donde sólo
aparece la comisión de ENARSA (anunciada por el Ministro
De Vido incluso con valores aproximados y tendiente a no gravar
a los consumidores locales) y las diferencias con esos anuncios,
surgidas de la Resolución definitiva del Ministerio de Economía,
generó una destemplada respuesta del Gobierno chileno. Kirchner,
aparece a su vez como defensor de acuerdos, en el caso de Chile
y también en el de España, en los cuales nuestro país
sacrifica sus recursos estratégicos, no renovables y escasos,
sin que los argentinos nos enteremos sobre los beneficios que nos
tocan.
Cualesquiera sean los razonamientos con que se aborde el tema,
no caben dudas que los gobiernos ponen los intereses de las multinacionales
del petróleo por sobre los de sus compatriotas. Además,
el grueso de los argentinos ha descubierto que los precios de venta
a Chile eran mucho más bajos que los valores solidarios a
que nos vendía Bolivia: en MMBTU, U$S 1,40 vs. U$S 3,30,
aproximadamente. También nos hemos anoticiado que los envíos
de gas natural a Chile a precios de regalo se transformaban en valiosos
productos elaborados, como el metanol, que era exportado a EEUU
y Canadá por la empresa Methanex, por valores aproximados
a U$S 400 millones anuales. Existe un gasoducto recientemente inaugurado,
así como las respectivas autorizaciones de exportación
firmadas por la Secretaría de Energía.
Sobre el tema, cabe preguntarse si estas ventas externas no tendrán
algo que ver con la demorada ampliación del Gasoducto del
Sur, la cual se está licitando en estos días; es decir,
con tres años de atraso que corresponden a la gestión
K.
Importa señalar que en el derecho internacional existen
diversos convenios, siendo los principales los protocolos y los
acuerdos; los primeros, tienen una validez menor, e incluso discutible
dentro de nuestro régimen constitucional. En ningún
caso puede el Poder Ejecutivo firmarlos si contradicen las leyes
vigentes y, menos aún, ponerlos en vigencia. Aparecen como
los simples decretos con los que el PE trata de eludir o invadir
la esfera de poder del Congreso. En nuestra Constitución,
los acuerdos, una vez aprobados por el Congreso, se transforman
en leyes de nivel superior al de las demás leyes, en todo
aquello aceptado por el Legislativo. Existen casos ignominiosos
que jamás han sido enviados al Parlamento, como el firmado
por el Presidente Menem sobre la explotación del petróleo
en Malvinas.
En el caso de Chile, existen varios protocolos que hasta la fecha
han sido ignorados por el Congreso, de los cuales el más
importante es el de 1991 que trata especialmente sobre las ventas
de gas entre ambos países; interesa acotar que se hace la
salvedad del abastecimiento prioritario del mercado interno del
que exporta.
En base a esos protocolos, multinacionales privadas del petróleo
y la energía actuantes en los dos países, han firmado
contratos de ventas con destino a Chile, con precios fijos y/o ajustables,
generalmente muy bajos, lo que induce a pensar en un pago menor
de regalías, con volúmenes básicos sobre los
que giran las autorizaciones y excedentes ilimitados y, obviamente,
con serias penalidades en caso de incumplimientos. Casi con seguridad,
actualmente estarían excedidos los volúmenes básicos.
La Ley de Hidrocarburos determina que se deben cumplir cuatro condiciones
para que la Secretaría de Energía autorice esas exportaciones:
1) que estemos autoabastecidos, 2) que existan reservas suficientes,
3) que se trate de excedentes, y 4) que los precios resulten convenientes.
Ninguna de las cuatro exigencias se cumple en nuestro caso, pues
no se puede sostener que estamos autoabastecidos cuando el 37 %
de los habitantes no accede a las redes de gas natural, estando
condenado a adquirir GLP o kerosene que se venden a precios internacionales,
que les significan más de un 700% de diferencia; es decir,
al contrario de la época de Gas del Estado, el sustituto
es inalcanzable y no comparable. El horizonte de reservas es angustiosamente
bajo y está en caída, por lo cual se potencia la falta
del autoabastecimiento interno. Es irrisorio que se trate de excedentes,
tanto por su volumen como por las exigencias constitucionales y
legales de preservar las reservas para ampliar el horizonte y la
satisfacción de las necesidades de las generaciones futuras.
Si bien el gas no tiene un precio spot de aceptación universal
como el petróleo, al existir compras a Bolivia, cualquier
exportación debe, por lo menos, no ser inferior al precio
pagado por las importaciones, cosa que no sucede en este caso. Las
exigencias del Ministro De Vido a los chilenos son totalmente insuficientes,
además de erróneas.
En base a lo señalado en el párrafo anterior, ninguna
de las autorizaciones otorgadas por la SE es legalmente valedera
y hace pasibles a los respectivos Secretarios del Estado de las
penas por incumplimiento de los deberes de funcionario público,
ya sea por autorizar o por seguir permitiendo la continuidad de
un ilícito. Resulta incomprensible que la SE no sepa que
la exportaciones vía Tierra del Fuego recientemente
aumentadas con la producción de los yacimientos de la Total
, Carina y Aries- están destinadas a elaborar productos destinados
a exportaciones a los EEUU y Canadá.
La Constitución Nacional establece la obligatoriedad de
explotar los recursos naturales con racionalidad; la sobreexigencia
extractiva a que son sometidos los yacimientos para fabricar las
exportaciones a Chile, no puede calificarse de racional; el ejemplo
es Loma de La Lata , donde Repsol-YPF se vio obligada, a raíz
de la denuncia del Ministro de Energía de Bolivia y ante
el silencio de las autoridades argentinas, a reconocer la hiperexplotación
a que sometió al yacimiento. También señala
que su explotación debe contemplar los requerimientos de
los argentinos del futuro, cosa que está muy lejos de respetarse.
Y por fin, pareciera que, para los gobiernos argentinos que se
sucedieron desde Menem en adelante, los hidrocarburos no son estratégicos
ni están vinculados a la defensa nacional. La Constitución
, en su Preámbulo, exige proveer a la defensa nacional. Actualmente,
¿alguien puede, sensatamente, sostener que los hidrocarburos
no son bienes estratégicos?
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