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El
ferrocarril sigue siendo un instrumento de progreso. Así
se la pensaba hace dos siglos. Hoy, todavía puede mostrar
sus virtudes. El ingeniero Élido Veschi explica que el "ferrocarril
es una herramienta estratégica con-dicionante del modelo
geo-económico que busque emprenderse", pero que se puede
"utilizar tanto para des-arrollar una región como para
saquearla". La década menemista significó la
desestructuración completa del sistema ferroviario. En la
actualidad, según Veschi, el gobierno de Kirchner "ha
profundizado lo peor del me-nemismo" y no tiene un "plan
para recomponer el ferrocarril como sistema". Para empezar,
Veschi sostiene que habría que "eliminar las concesiones
integrales haciendo pie en los informes de la Auditoria General
de la Nación, que son lapidarios".
La Asociación de Personal de Dirección de los Ferrocarriles
Argentinos (APDFA) tiene todos los signos de épocas pasadas.
La entrada sobre Billinghurst 426 ya hace asomar el espíritu
de los "viejos tiempos". Vidrieras a la calle, la escalera
a la derecha, amplia y de escalones bajos. Las oficinas arriba,
con pisos gastados de parquet y dos enormes retratos que se pierden
en la ancha pared: San Martín y Raúl Scalabrini Ortiz.
Entrar allí simula una transportación en el tiempo,
quién sabe, a los años de oro del peronismo o quizás
a los "setentas". Ante tal descripción, podría
uno ima-ginar que se encontraría con personas desgastadas
por los sucesivos embates "modernizadores" de los noventa.
Le-jos de ello, tras la aparencial fachada, todavía se oyen
voces críticas y el ímpetu proponedor de antaño.
Élido Veschi, Secretario General de APDFA, nos recibe con
mate y ganas de explicarnos las virtudes del sistema ferroviario.
AJ: ¿Cuál es el significado del Ferrocarril?
EV: Existen tres herramientas fundamentales para construir una nación:
el transporte, la energía y las telecomunicaciones. El ferrocarril,
en particular, tiene un enorme potencial industrializador. No solo
sirve como transporte, sino que es una herramienta estratégica
condicionante del modelo geo-económico que busque emprenderse.
Ahora, se puede utilizar tanto para desarrollar una región
como para saquearla. Esto ocurrió con el primer ferrocarril
en Argentina, que fue constituido por capitales locales. Pero luego,
a través de la legislación y del endeudamiento de
la Provincia de Buenos Aires, pudo ser transferido a capitales ingleses.
Scalabrini Ortiz comenta que mientras el ferrocarril era de capitales
provinciales se desarrollaron más de 20 establecimientos
industriales. Al pasar a manos inglesas, en menos de dos años
no quedó uno solo.
AJ: Siempre se ha mencionado al primer período peronista
como el inicio de un gran sistema de transporte, entre otras cosas,
gracias a la nacionalización de 1948. Pero esa nacionalización
ha sido discutida.
EV: Sí, muchos dicen que fue un negocio desastroso, porque
se pagó por chatarra. Otros que la concesión terminaba
en 1949 y no era necesaria. Otros que en manos británicas
estaba mejor; pero ninguna de estas cosas son ciertas. Las reservas
que se gastaron para la nacionalización estaban bloqueadas
en el extranjero y entonces quedaba una única forma de gastar
ese dinero. Pero el grueso del pago se hizo con un aumento del precio
del trigo, que después de la guerra pegó un salto
enorme. Lo que se nacionalizó es el instrumento por el cual
el poder inglés saqueaba la riqueza argentina. Entonces,
se terminó el saqueo, pero además comenzó la
posibilidad de una industrialización. Argentina tenía
desde hacía varios años cierta producción ferroviaria.
Hacia 1939 los talleres ferroviarios empezaron a fabricar calderas,
cilindros de locomotoras, material muy desarrollado. Y luego de
la nacionalización se intentó desarrollar la locomotora
de vapor que tenía la característica de trabajar con
mayor presión de caldera, tecnología nueva de desarrollo
nacional y locomotoras diesel con motores importados, que podían
alcanzar una velocidad de 160 kilómetros por hora. Con la
aparición de SOMISA se dispuso de plantas de laminado de
rieles, que es una tecnología muy compleja. Era una sociedad
de constructores.
AJ: ¿Y en 1955, con la Revolución Libertadora
eso se desarma?
EV: En realidad, es durante la época de Frondizi que comienza
la desestructuración. El ferrocarril se manejaba como herramienta
de desarrollo. Tenía una red de 7.000 kilómetros que
era rentable y con eso tenías la obligación de man-tener
los 46.000 kilómetros de servicio. Con Frondizi el déficit
ferroviario era de 60 centavos por cada peso que ingre-saba. Se
buscó entonces eliminar el subsidio con el "Plan Larkin",
que llevó el nombre de un general norteamericano y que fue
el primer gran golpe al sistema de ferrocarriles. Lo primero que
se hizo fue atacar la industria ferroviaria, el cierre de talleres
y de 11.000 kilómetros de vías. Pero paralelamente
se diseñó una red de rutas que en su mayoría
iban pegadas a la línea ferroviaria, generando un aumento
enorme del costo social, comparando ambos sistemas de transporte.
AJ: ¿No se eliminó el déficit?
EV: No, el déficit se agrandó y se hizo sistemático,
porque en realidad lo que hay que hacer es llenar la red de tráfico,
que todo se canalice allí, incluso trabajando a fletes por
debajo de los costos o llevando gente gratis o con tarifa redu-cida.
Los costos subían porque el ferrocarril estaba desintegrado.
Como no planificaba el estado, los que lo hacían eran los
grupos económicos. Lo peor fue la fractura. No mantener un
sistema unificado. Argentina tenía toda la capaci-dad de
maniobra: tecnología compleja y mano de obra calificada.
Y lo que se empezó a perder fue la acumulación y el
conocimiento tecnológico de cien años que se traducía
en esas producciones. Se cortó abruptamente el conocimiento
y se interrumpió la capacitación que se daba en el
laburo, a parte de los cursos y las escuelas. Y fue aún peor
durante la época de Menem.
AJ: ¿Menem fue el golpe de gracia?
EV: El deterioro ya era muy grande en la época anterior.
Pero durante Menem, por decreto, se abandonaron kilómetros
de vías, incluso se quitaron rieles. Por ejemplo, le dieron
a Ferroexpreso (Techint) 5.500 kilómetros de vía de
los cuales está comprobado que usa 900. Allí apareció
el Citibank y el Banco Mundial con su plan "modernizador".
Noso-tros opusimos cierta resistencia con la intersindical entre
los cuatro gremios ferroviarios. Pero enseguida desertó la
Unión ferroviaria, que aprobó la "racionalización".
El ferrocarril se fracturó en sectores para carga y metropolitanos.
En las concesiones de carga, a los dueños de la concesión
se les dio enormes privilegios: se les permitió bajar a 50
kiló-metros por hora la velocidad de circulación,
lo que implica cero mantenimiento; se les impuso el pago de un canon
y se los comprometió a realizar inversiones, ni una ni la
otra; se los desobligó como servicio público. El resultado
es que son ferrocarriles que cumplen función sólo
dentro del esquema comercial. Sólo llevan sus productos.
Lo peor, como dije antes, es la desintegración como sistema,
que va totalmente en contrario a la economía de transporte.
Se incrementan todos los costos indirectos que paga la sociedad,
se incrementan los subsidios, como los de los ferrocarriles metropolitanos,
por costos operativos y mediante las inversiones del estado. Nunca
hubo tanta plata dirigida a los grupos que manejan los ferrocarriles.
AJ: ¿Y no busca revertirse ese esquema hoy?
EV: Objetivamente, este gobierno ha profundizado lo peor del menemismo
en el caso de ferrocarriles. El gobierno no resuelve los problemas,
sino que busca formas para dar mayor libertad al concesionario:
si Menem no exigía los costos para dar subsidios operativos,
este incrementa los subsidios; si Menem no hacía demasiado
evidente la transferencia de dinero a los ferrocarriles de carga,
ahora se hace directamente alegando que es para los trenes de pasajeros
de larga distancia. Kirchner en anuncio público prometió
sacar una ley para creación de una empresa nacional ferroviaria.
Pero nunca pasó de Diputados. Se comprometió a reabrir
Tafí Viejo con un programa industrial. Pero no cumple. Es-tamos
como en 1850, cuando se anunciaba "hoy llegó el tren
a Caballito". Anunciamos que llega el tren a Misiones pero
es absurdo. Va totalmente subsidiado y ni siquiera se sabe si está
en condiciones de llegar, va lento y las vías están
hechas pedazos.
AJ: Pero hace poco se importaron máquinas desde Portugal.
EV: Pero resultó un disparate absoluto. Es material fabricado
en 1956, el más viejo hoy en Argentina. No se puede ir a
Portugal a comprar material eléctrico con esa tecnología,
porque acá en el año 1985 se fabricaban los coches
eléctricos del Ferrocarril Roca con tecnología muy
superior.
AJ: ¿Cómo se recuperan los trenes entonces?
EV: Hoy no hay idea de recomponer el ferrocarril como sistema. Un
plan ferroviarios consiste en desarrollar un sistema de servicio
en serio, no que estemos festejando cuando sale un tren. Todos estos
disparates hay que terminarlos. El potencial que podemos tener debe
partir de un plan nacional ferroviario que por lo menos abarque
diez años: con re-cuperación del sistema de infraestructura
por parte de un organismo del estado, capacitación de personal
joven, desa-rrollo de obras en regiones donde el capital privado
nunca va a poner nada, como el Transpatagónico, que una hasta
Tierra del Fuego. En eso hay que gastar la plata. No dársela
a un concesionario. Hay que quitar las concesiones haciendo pie
en los informes de la Auditoria General de la Nación, que
son lapidarios. Se debe hacer un acta, inventa-rios, observar el
material y hacer comparaciones con lo que estipula el contrato.
Entonces no tenés más remedio que iniciar causa penal
a todos los que se involucraron. Y empezás a recomponer las
vías mediante un sistema de priori-dades con la misma guita
que estás dispuesto a regalarle, como en el caso del Belgrano,
a Macri.
Un tipo macanudo ¿no?
EV: Para hacer un decreto-programa, en base a la ley de reforma 23.696,
nos hicieron laburar con Roberto Dromi. Me acuerdo siempre de la anécdota
del "gor-do" Casela. Estábamos laburando, nosotros
nos em-pezábamos a dar cuenta que era una liquidación.
Casela desconfiaba siempre. Dromi se le pone atrás y lo empieza
a masajear: "Gordo, aflojá boludo". Y el gordo le
dice: "Mirá Dromi, si vos estás en la bañade-ra
y se te cae el jabón y te agachás a buscarlo y ves dos
huevos está bien; pero si ves cuatro es porque te están
por culear, y yo veo cuatro huevos". Otra vez, éramos
cerca de treinta reunidos. Los cuatro gremios y varios funcionarios.
Empezó hablando en serio. En realidad no se tomaba nada en
serio: "Muchachos acá hay que apurarse con este decreto
porque acá va a venir el capital extranjero
". Entonces
lo frenamos y le pedimos que vengan sus amigos, Macri, Bulg-heroni,
Fortabat, Pescarmona, a decir que van a po-ner la plata. Entonces
salta y dice: "¡Pero vos te la crees! ¡Esto es para
la gilada!". Dromi tenía una faci-lidad para ponerse en
situación. Era un bocho. Y hoy anda como si nada.
Desapariciones
EV: Hay una causa que va a ser investigada, que es la desaparición
del taller de Los Na-ranjos, en Santiago del Estero, un taller que
le costó al país cerca de 95 millones de dó-lares.
Era de lo más especializado, de tecno-logía de punta,
y desapareció. No queda un tornillo. Sin que nadie diga nada.
Pero hay responsables como la Comisión de Regula-ción
del Transporte, Ferrocarril Belgrano y Ferrocarril Belgrano Cargas.
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