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Los trabajadores de subterráneos y vecinos de la zona sur
de Buenos Aires intentan movilizar las cosas como para que la futura
línea H de subtes tenga una gestión que los incluya
con el mismo poder que al gobierno. Quieren garantizar el derecho
a la movilidad, a tomar decisiones de acuerdo a las necesidades
de la comunidad, y no quedar presos de las burocracias privadas
ni estatales.
¿Puede diferenciarse lo estatal de lo público? ¿Las
empresas públicas están condenadas a ser del
Estado o privatizadas, pero nunca de la sociedad?
¿Pueden ser rentables, sin por eso transformarse en un pequeño
tumor maligno en el bolsillo de cada usuario? ¿Pueden los
usuarios y los trabajadores tomar en sus manos esos monstruos y
dirigirlos de acuerdo a criterios que incluyan su utilidad pública,
sin por eso convertirlos en otro tumor maligno, esta vez para el
Estado?
Esas preguntas sobrevolaron el aire en las conversaciones con Horacio
Morinigo y Néstor Echeto.
Echeto trabaja desde hace diez años como guarda en las formaciones
del subte y desde hace dos es delegado de la línea D, elegido
por sus compañeros. Es, a su vez, uno de los principales
referentes de esta Comisión que postula que ese ramal sea
gestionado por los vecinos-usuarios, los trabajadores y el Gobierno
de la Ciudad.
Morinigo es Licenciado en Ciencias Políticas, empleado público
en la Ciudad (relegado según se autodefine) y
un entendido en el área de comunas y democracia participativa
(casualmente lo relegaron en su trabajo, justamente por hablar del
tema en exceso, según cuenta: hablan mucho de democracia
participativa, pero por atrás hacen todo lo contrario
aclara, confirmando lo que en términos generales la ciudadanía
ya conoce).
Dice que se integra al proyecto como ciudadano y como vecino del
barrio de San Cristóbal, por donde hará su recorrido
la futura línea H, que unirá Retiro con Pompeya y
correrá bajo las avenidas Sáenz, Almafuerte, Caseros,
Jujuy, Pueyrredón y Del Libertador, por un total de 6,8 kilómetros.
Sin omitir la alegoría subterránea dice: Queremos
sacar esta idea de debajo de la superficie para ponerla en el ámbito
de discusión ciudadana para recibir más y nuevos aportes.
En ambos casos sostienen la viabilidad del proyecto y destacan
la idea de recuperar el espacio público. Reconocen, por su
parte, que hay varias aristas de la propuesta que todavía
no han sido pensadas porque se pretende definirlas colectivamente,
con todos los que se sumen.
La línea H es la primera línea de subtes que se construye
en la ciudad después de 60 años. Su trazado transversal
unirá la ciudad de Norte a Sur, permitirá además
la combinación con todas las líneas y en su trayecto
unirá tres Centros de Trasbordo de gran importancia -Pompeya,
Once y Retiro- ofreciendo nuevos accesos para las personas que viajan
diariamente a las áreas centrales.
Adivine quién paga las obras
-¿Cómo surgió el proyecto?
Horacio Morinigo - La línea H iba a construirse, en principio,
desde Once hacia la zona norte pero una movilización de los
vecinos de la zona sur forzó una audiencia, en la época
de Fernando de la Rúa como Jefe de Gobierno, y logró
que se reformulase el recorrido. Ahí ya vemos una participación
vecinal, la comunidad pensando la necesidad colectiva.
Néstor Echeto - Yo destaco que a partir de la propuesta
de las organizaciones barriales se logra desviar el trazado y ahora
están construyendo hacia el sur, el lugar donde los gobiernos
no prestan demasiada atención. Los trabajadores del subte
nos contactamos con ellos y discutimos la posibilidad de armar una
comisión: algo concreto que permitiera trabajar en la idea
de manejar una empresa. Lo que planteamos es un ente nuevo, tripartito
donde haya representantes del Gobierno de la Ciudad, de los vecinos
y usuarios y de los trabajadores, no del sindicato.
-¿Cómo se estructura el proyecto para que la línea
H sea pública?
Morinigo -Actualmente la construcción de ese subte lo estamos
pagando los vecinos. Se destinan 414 millones de pesos para las
obras.
¿No es Metrovías la que paga las obras?
-No, pagamos los ciudadanos, no las empresas privadas. Los subtes
son propiedad nacional. Nosotros, a través del Estado, les
pagamos todo: cuando pintan, cuando refaccionan. La concesionaria
lo único que hace es pagar los sueldos y cortar boletos.
Si un día se dejara de subsidiar a la empresa, Metrovías
diría: No lo opero más porque no es rentable.
Entonces tendríamos que pagarle debido a que hay un contrato
firmado y no se deberían alterar las reglas de juego. Es
el mismo esquema que los trenes.
-No hay riesgo. El paroxismo del capitalismo.
-No hay riesgo y no hay inversión, sólo ganancias.
El sueldo de un gerente
-¿Cuáles serían los beneficios de una cogestión
como la que ustedes plantean?
Echeto- Nosotros proponemos que exista la posibilidad de una experiencia
de este tipo y que se la compare con lo que son los subterráneos
en manos de un grupo como el de Roggio (actual operador de todas
las líneas del subte). Con una administración tripartita
estamos en condiciones de dar un servicio mejor, más barato
y más eficiente que lo que ofrece una empresa privada. Y
la otra cuestión tiene que ver con el sentido común:
por qué regalarle a Roggio o a cualquier empresa privada
algo que construyen y planifican los vecinos de la ciudad. No tiene
sentido.
-¿Por qué podría ser más barato el
servicio?
Echeto - Primero porque sería autosustentable. Segundo porque
no se nos ocurriría pagar sueldos de 40 mil pesos a tipos
que no hacen nada, como cobran los gerentes hoy. Porque uno puede
entender, por ejemplo, que en el área técnica haya
gerentes que por el nivel de responsabilidad tengan sueldos importantes.
Pero vos tenés áreas de gerencias en Metrovías
que no cumplen ninguna función vinculada a lo técnico,
que están ganando ese dinero. Están pagando casi 500.000
pesos en sueldos de gerentes. Nosotros no haríamos ese tipo
de locuras.
-¿Se necesitarían subsidios del Estado para operar
la línea H?
Echeto - No necesitaríamos subsidios porque estamos convencidos
que se puede sostener por sí misma, como históricamente
demostró el subte en manos del Estado, aún con manejos
que lo tiraban para abajo. Así y todo siempre dio ganancias,
nunca dio pérdidas y esto esta comprobado. No es algo inventado
por nosotros. Entonces, con una administración prolija, controlada,
donde el vecino, el usuario y los trabajadores tengan injerencia
en la ejecución y planificación, es imposible que
sucedan las cosas que suceden hoy en Metrovías.
Quién manda, quién decide
-¿Cómo se podría evitar una hegemonía
de los gobiernos de turno por sobre las otras dos patas de la cogestión?
Echeto - En el caso nuestro, hemos dado sobradas muestras que frente
a intentos del Gobierno, de la burocracia y de la propia empresa,
hemos sabido responder. En el caso de los ciudadanos, la fuerza
está dada en que, objetivamente, fueron ellos los que en
su momento torcieron la voluntad de los que querían un subte
hacia el norte. Por eso creo que van a estar en condiciones para
no dejarse cooptar, presionar o dirigir por un gobierno de turno.
-¿Pero cómo imagina esa gestión para que sea
verdaderamente democrática y operable?
Echeto - La idea es que se divida en partes iguales entre los tres
sectores. No tenemos muy en claro, todavía, porque justamente
queremos discutir a partir de una propuesta básica, cómo
se va terminar armando este proyecto. La base es que los vecinos,
por primera vez van a poder decidir qué tipo de arreglo,
que construcciones se hacen, la frecuencia, cuántos trabajadores
se precisan. Todo esto va a ser discutido en un ámbito común
donde todos podamos tener injerencia
Morinigo - Es fundamental que la sociedad civil esté informada
y podamos incluir mecanismos para asegurar una verdadera cogestión
y que no sea un atropello del Gobierno de la Ciudad por sobre los
otros dos actores.
-¿Cómo sería la elección de los ciudadanos
que representen a los vecinos-usuarios?
Morinigo - La idea es que como la línea H atravesará
dos comunas (3 y 4), y en cada una de ellas se elegirán 7
representantes de los vecinos, se agregue un candidato más
que se postule para representar a los vecinos en la gestión
del subte. Uno por cada comuna. Sería una especie de sistema
similar al de los consejeros escolares que tiene cada municipio.
Construir algo distinto
-¿Qué acciones están llevando a cabo para
que el resto de la sociedad conozca la idea y eventualmente pueda
sumarse a participar?
Morinigo -Lo que estamos haciendo es sacar este tema de abajo de
la alfombra. De este tema no hablaba nadie hasta que hemos empezado
a juntar firmas, a salir en los medios barriales. Entonces estamos
en pleno proceso de dar a conocer la idea a las organizaciones y
a los vecinos de la zona por donde pasará la línea
H. Este año planteamos el tema de la toma de conciencia para
generar movilidad social a favor del proyecto y para que el año
que viene, cuando se traduzca en un proyecto de ley, la movilización
social juegue una importante función en esa discusión.
Así que hemos decidido armar mesas para informar a los vecinos
y ampliarlo, también a las organizaciones sociales, centros
de estudiantes, (la facultad de Psicología de la UBA está
dentro del área de influencia del futuro recorrido), para
que lo puedan apoyar y aportar ideas y capacidad de movilización.
-¿Qué organizaciones están trabajando por
esta idea?
Morinigo - Organizaciones vecinales, asambleas, asociaciones, fábricas
recuperadas. La Asamblea de Plaza Dorrego, Brukman, entre otras.
Echeto - Hay organizaciones barriales, medios de comunicación
alternativos, parroquias de la zona, el cuerpo de delegados.
Esos son los que están poniendo el hombro al trabajo concreto,
práctico. Después hay un montón de organizaciones
que estaban trabajando con nosotros pero que todavía lo ven
como algo a largo plazo.
-¿En qué punto está el proyecto?
Morinigo - Ha ingresado a la Legislatura. Los delegados del subte
se han reunido con distintos funcionarios y hay una cierta afinidad;
digo, lo están tomando con simpatía algunos sectores
del Gobierno. La segunda etapa es hacer un proyecto de ley para
darle mayor entidad al tema. Es que ayuda la coyuntura. Quizás
este proyecto en el momento de las privatizaciones hubiese sonado
más alocado pero hoy como las privatizadas tienen poca aceptación
común por la baja prestación de servicio, por lo malo
y caro; se abre otra instancia.
Echeto brinda detalles: Hemos recorrido la Legislatura y
hemos hablado con casi una docena de legisladores que entienden
que la propuesta es de sentido común, les parece razonable.
Hemos gestionado, todavía no nos han respondido, una visita
con los medios a las obras de la línea H; pero como no lo
ven algo urgente cuesta interesarlos. Sin embargo, cuando
se llame a licitación, y es lo que le estamos planteando
a los legisladores, se va a generar un escándalo porque nosotros
vemos que todo está encaminado para entregárselo a
Roggio sin más ni más. Ahí va a ser tarde.
Por eso estamos en una campaña de advertir a la población
qué es lo que se viene para que entre todos construyamos
algo distinto. El grupo se reúne los martes a las 17.30
por ahora en el Hotel Bauen, y tienen un correo electrónico
porunsubtehpublico@gmail.com.
La Constitución invisible
Morinigo recuerda el artículo 14 bis de la Constitución,
letra borrada en la práctica, que entre muchas otras cosas
plantea que se debe asegurar a los trabajadores participación
en las ganancias de las empresas, con control de la producción
y colaboración en la dirección. Deduce: Quiere
decir que debemos participar en la gestión, y no estar afuera.
Lo que decimos es que se cumpla la Constitución. Tiene que
ver con el espacio público, con recuperar lo que es nuestro.
Echeto aporta: Es una opción nueva: no es ni empresa
privatizada, parasitaria y subvencionada del Estado como lo es hoy
Metrovías y tampoco es el Estado en términos en que
lo conoció la gente en la década de los 80.
-¿Por qué la idea se pensó incluyendo al Gobierno?
¿Se debatió la posibilidad de la autogestión?
Echeto - Porque en realidad hay una disputa histórica entre
la Ciudad y la Nación por saber a quien le pertenecen los
subterráneos. Eso no esta definido. Formalmente deberían
pertenecer a la Ciudad pero como los construyó la Nación
en el ámbito de la Ciudad cuando no era autónoma,
hay una complicación. Concretamente es el Estado nacional
quien planifica. Pero en la línea H, que es nueva, la planifica,
la ejecuta y la paga la Ciudad, por lo tanto es de la Ciudad y por
eso se la incluyó.
Derecho a la movilidad
-¿Cuándo está prevista la inauguración
de la línea H?
Morinigo - No se sabe porque siempre se posterga. Primero era este
año, después julio del 2007... Ahora se habla del
2008. Tiene que ver con la temperatura electoral. Lo concreto es
que de Once a Caseros está el túnel completo: las
estaciones (Caseros, Inclán, Humberto I, Venezuela y Once)
están construidas. Las escaleras mecánicas, los ascensores
para discapacitados, también. Faltan las señales y
todo lo que tiene que ver con el transporte propiamente.
Echeto - Sabemos que está relativamente terminado ese primer
tramo. Hoy me informaron que están construidos los talleres,
cosa que no sabía.
-¿Qué plazos se manejan para los nuevos tramos dado
que el primero iría justamente de Once a Patricios?
Morinigo - Hay mucha presión de las empresas del sector
del transporte, sobre todo líneas de colectivos que recorren
la zona de Pompeya, para atrasar este tramo, de Pompeya a Patricios,
porque se verían perjudicadas. Ese sector es por lejos el
más rentable al recibir el flujo de los pasajeros que terminan
el recorrido del tren en Pompeya.
-¿Cuántos pasajeros se estima que podría transportar
la línea H? ¿Cuantos se verían perjudicados
por el atraso del tramo hasta Pompeya?
- Los datos que tenemos son que en la actualidad, las cinco líneas
de subte y el Premetro transportan 1.316.500 pasajeros por día
hábil. Cuando se les sume la H, a 1.594.900. O sea que viajarán
casi 300.000 personas por día. Pero no tenemos datos de cuánta
gente se verá perjudicada por el atraso de ese tramo.
Echeto tampoco puede precisar el número pero arroja la cifra
de 80.000 pasajeros diarios, con la primer inauguración.
Hay hecho un trabajo y hay un estimativo. Es una línea
que no va a transportar la misma cantidad de pasajeros que la B
o la D pero sí más que la E aunque todo va a depender
del trazado final. Hay una cantidad de cosas que no están
definidas.
-¿Existe una idea semejante en alguna ciudad del mundo en
la cual los propios vecinos y los trabajadores sean parte de la
gestión de un medio de transporte?
Morinigo - En Estocolmo, Suecia, por ejemplo. Incluso en mucho
países de Europa hay un debate que consideramos importante
incluir aquí: el concepto de derecho a la movilidad.
Todos tenemos derecho de movilizarnos, hacia el trabajo, hacia los
lugares de estudio, hacia donde sea necesario. Por caso, los jubilados
y los chicos en Estocolmo no pagan boleto en el subterráneo.
-Se abre, entonces, la posibilidad de plantear una política
de transporte, también.
Morinigo -Nosotros planteamos: ¿cuánta gente no puede
ir a un hospital, a buscar trabajo, a estudiar, porque no tiene
para viajar? Tenemos que pensar el derecho a la movilidad e implementarlo.
Y eso se va a lograr cuando la conciencia nos lleve a involucrarnos.
-¿Cuáles son los próximos pasos de la Coordinadora
del subte H?
Morinigo - Pensamos en una campaña de concientización
a través de pegatinas en los subtes para comunicar el proyecto.
No nos ponemos plazos. Estamos construyendo, simplemente.
La doctrina patovica
Echeto cuenta una anécdota, que bien puede quedar inscripta
en algún registro sobre lo que significa inclusión,
exclusión, libertad de expresión, utilización
de las orejas, la doctrina patovica, u otras ciencias misteriosas.
Fuimos a una presentación en la Facultad de Ciencias
Económicas. Se trataba de un seminario internacional sobre
medios de transporte. Eramos cuatro compañeros que estamos
trabajando en la comisión de un subte H público y
la idea fue ir con materiales: volantes, afiches para explicarles
a los participantes cuál era la posición que tenía
esta comisión con respecto a la futura línea H. Subimos
al primer piso de la facultad y ahí nos intercepta la seguridad,
le explicamos lo que veníamos a hacer y...
-Perdón, ¿seguridad de la propia facultad?
-No, eso nos enteramos después. La seguridad era aportada
por la Legislatura. Eso no lo sabíamos. Hablamos con uno
de los miembros de ese cuerpo de seguridad, nos dice que esperemos
que va a hablar con el responsable. Habla y viene con la orden,
supuestamente del Decano de la Facultad, de que no podíamos
hacer la actividad. Que si queríamos podíamos hacerla
afuera. Se generó una discusión bastante fuerte y
en un momento estábamos rodeados por 8 personas de seguridad.
-Un número respetable.
-Sí, sí. Y de tamaños interesantes. Nos impidieron
hacer la actividad y nos dijeron que la podíamos hacer en
la puerta. Así que la hicimos ahí, afuera. Digamos
que no nos dio la relación de fuerza: éramos 4 contra
8 matones.
El seminario internacional sobre medios de transporte continuó
tratando sus temas, en los que las comunidades -puede deducirse-
son un objeto de trabajo, pasivo, pero nunca un sujeto activo al
que hay que conocer y escuchar. Quienes tengan semejante pretensión
de hacerse oír, ya conocen el consejo de las autoridades
universitarias: que se vayan a la calle.
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