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¿La revolución industrial perdida para ganar la
revolución tecnológica?
En 1983, el diario La Nación publicó un artículo
del Presidente de la CNEA y miembro de número de la Academia
Nacional de Ciencias, almirante Castro Madero. Sintetizando mucho
el contenido, se puede decir que el autor consideraba perdida la
carrera argentina por la industrialización. Sin embargo alentaba
ciertas esperanzas en una estrategia postindustrial basada en la
producción de tecnología avanzada.
Castro Madero había anunciado un año antes - durante
los prolegómenos de la guerra de Malvinas - que el país
había completado el proceso nuclear al adquirir la capacidad
de enriquecer uranio en porcentajes necesarios para el empleo militar
de la energía atómica.
La política o el purgatorio de las teorías
Fue precisamente la planta de enriquecimiento de uranio de Pilcaniyeu,
Río Negro, la que fue desactivada el año de asunción
del gobierno democrático de Raúl Alfonsín.
Probablemente ese era uno de los costos de la derrota ante los ingleses
en Malvinas. Dejaba en el purgatorio de las teorías la prospectiva
del almirante académico.
Exportación de tecnología nuclear y cosecha de
tempestades
Pero no por mucho tiempo. En 1984, siete científicos del
INVAP rionegrino comenzaron en Iran el desarrollo de un plan nuclear,
que, a la vuelta de las décadas, resultó el epicentro
del peor conflicto que tiene ocupadas a todas las potencias. Aunque
visto con otro humor, era una de las primeras exportaciones de tecnología
de punta que podía suplir el subdesarrollo industrial.
La tapa de la caja de Pandora
En 1990, bajo el gobierno del Dr Menem, Argentina ratificó
el Tratado de Tlatelolco de no proliferación de armas nucleares
subscripto en 1967. En los años sucesivos, hasta el presente,
asumió compromisos progresivamente más restrictivos
de su desarrollo nuclear especialmente en los niveles sensibles:
aquellos que entran dentro de la categoría de tecnología
dual (de indistinto uso militar y civil).
Los más específicos son 12 convenciones y protocolos
insertos en la OIEA por Estados Unidos, que proscriben un imaginario
terrorismo nuclear condicionando el proceso de enriquecimiento de
uranio y la seguridad de este mineral en su almacenamiento y manipulación
por parte de los escasos países (10, entre los que está
la Argentina) que pueden hacerlo en forma autonómica.
El gobierno de Néstor Kirchner subscribió tales
compromisos en el 2004
Muerte, resurrección y reencarnación del Plan
Nuclear
Hace exactamente un año CA advirtió en una noticia
del diario San Rafael de Mendoza que el gobierno trataba de dar
la menor trascendencia posible a un decreto por el cual se reanudaba
el plan nuclear. CA deducía que tanta discreción obedecía
a la proximidad de las elecciones y a que un sector hiperestésico
de la clase media, representado por ONG ecologistas muy mediáticas
y cuyos dirigentes se reconocían como Jóvenes K, podía
sentirse disgustado.
Sin embargo, un mes después del anuncio de la reanudación
de las obras de Atucha II, el entonces Ministro de Relaciones Exteriores,
Rafael Bielsa, crispó las relaciones diplomático militares
con EE UU al anunciar la construcción y venta de un reactor
mediano (RAM) a la República Bolivariana de Venezuela cuyo
presidente no goza de la simpatía ni de la plena confianza
de los norteamericanos.
El mismo presidente de EE UU, George Bush, exigió el 1 de
noviembre - casi partiendo a la cumbre de Mar del Plata - que la
Argentina debía cumplir con los compromisos firmados en materia
de seguridad nuclear.
A pocas horas de la clausura de la IV Cumbre de las Américas,
el diario La Voz del Interior publicaba: "David Krieger, vicepresidente
de la red de científicos Ines (International Network of Engineers
and Scientist for Global Responsability) y presidente de la Nuclear
Age Peace Foundation en su visita a Córdoba (dijo):"Hay
que destacar que la Argentina tuvo un programa nuclear al cual renunció".
Coincidía en las coclusiones con un artículo anterior
del diario franco porteño Le Trait d´Union que descartaba
la continuidad del plan nuclear por lo oneroso: us$ 1000 millones
para concluir Atucha II.
¿Qué sucedió entre las agorerías del
año pasado y el relanzamiento del Plan Nuclear anunciado
por el presidente Kirchner la semana pasada? ¿Por qué
tardó un año en darle la trascendencia que merecía
el asunto?
Plan Nuclear. La estrategia no es el arte de bailar con el enemigo
Tanto el diario Río Negro de hoy (medio que ha seguido de
cerca el tema) como La Opinión de Los Angeles, USA, dejan
entrever la desconfianza de Washington por la indefinición
argentina en cuanto al enriquecimiento de uranio y al intercambio
de tecnología con países díscolos como Iran.
El diario californiano dice en su edición del 26 / 8 que
en el aspecto crítico del uranio altamente enriquecido (al
80 o 90 %) " se había generado mayor expectativa sobre
la reacción estadounidense, especialmente en un contexto
de tensión con Irán, al que el gobierno de George
W. Bush acusa de enriquecer uranio para producir armas."
Un poco más adelante, La Opinión calma la impaciencia
de los estadounidenses destacando las declaraciones de una vocera
de la embajada de USA en Buenos Aires : "Argentina no es Irán",
afirmación que no puede tomarse apresuradamente como un elogio.
Pero inmediatamente vuelve a diseminar la duda por intermedio de
la misma vocera: "Esperamos que Argentina se asegure de que
sus acciones se correspondan con las sólidas credenciales
de no proliferación que ha demostrado hasta ahora".
Es decir, las vacilaciones del propio gobierno argentino terminan
correspondiéndose con la incertidumbre del gobierno norteamericano.
Y si hay algo que detestan los políticos de EE UU es ese
tipo de relaciones perversas. Pero esto recién empieza.
(Fin de la carta)
Libre reproducción con la sola mención de Carta Argentina
como fuente
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