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La semana próxima el Fondo Monetario Internacional no será
el mismo que ahora. Entre el 19 y 20 de septiembre se llevará
a cabo en Singapur la Asamblea Anual del FMI, donde se espera que
ante presiones tanto de sectores conservadores como progresistas,
el organismo internacional opte por la táctica de cambiar
para no ser cambiado
Ante las crecientes críticas, el Director del FMI, el español
Rodrigo Rato, aseguró que una organización que
representa a 184 países no tiene falta de legitimidad
y explicó que la influencia de los países está
en función de su peso económico. Así, Rato
anunció que van a instrumentarse cambios, uno de los cuales
será dar más poder a México, China, Turquía
y Corea del Sur, países que no son críticos del organismo.
De esta manera, se buscarán neutralizar los pedidos para
reformar la institución, provenientes de los países
dependientes y empobrecidos, como los del Mercosur. Rato admitió
que seguramente se avanzará hacia reformas de mayor ortodoxia
económica.
Las declaraciones de Rato surgieron como respuesta a las criticas
de los representantes de los países denominados emergentes.
La ministra de Economía argentina, Felisa Miceli, criticó
en varias oportunidades el rol del FMI en la crisis argentina y
aseguró que el organismo debe encarar una reforma profunda,
que no sea cosmética.
El último viernes 1 de septiembre, se reunieron en Río
de Janeiro los ministros de Economía del Mercosur y sus países
asociados. Allí se avanzó con varios proyectos y propuestas
de profunda relevancia. Entre ellas, el proyecto de reducir el uso
de la moneda estadounidense en el comercio bilateral entre Argentina
y Brasil. También se volvió a mencionar la propuesta
de la creación del Banco de Desarrollo Regional y el plan
de lanzamiento un título de deuda conjunto, llamado Bono
del Sur. En cuanto a las propuestas de reforma del FMI, se reclamaría
la mayor participación y peso de los países en
desarrollo y una profunda revisión de la función
del Fondo en la economía internacional. Recordemos que cuando
se creó el Fondo en 1944 su función era evitar las
recesiones y crisis al estimular la demanda. Pero durante la década
de 1970, con la restauración conservadora en el plano mundial,
sus únicos objetivos pasaron a ser la contención de
la inflación y el pago de las Deudas Externas. El FMI, tal
como lo comprueban diferentes causas judiciales, fue responsable
directo de la fatal crisis argentina de 2001, a través del
sistema de endeudamiento y los ajustes crónicos.
El FMI vive momentos de revisión, pero nada indica que vaya
a tomar una postura progresista. Todo lo contrario, se espera que
vuelva a exigir el pago de deudas, el control de la inflación,
y la obtención de superávit fiscal y recorte del gasto
público para pagar las deudas. Argentina, en este sentido,
nunca ha dejado de seguir sus recetas. Indirectamente, así
lo ha indicado la ministra de Economía argentina, al asegurar
que el superávit fiscal permite ahorrar para pagar
la deuda externa y que aún habiendo pagado 10.000
millones de dólares al FMI, la deuda sigue siendo una carga
muy pesada para nuestra recaudación.
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