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La generación eléctrica funcionando al límite
de su capacidad técnica, una doble caída de la producción
y las reservas de petróleo y gas, importaciones crecientes
de fueloil y gasoil, recorte de las exportaciones de gas, falta
de inversiones, tarifas semicongeladas, contratos pendientes de
renegociación y una suba constante de la demanda interna
constituyen los aspectos salientes de la realidad que rodea al área
energética
Un primer vistazo de la composición de la matriz energética
del país muestra que la principal fuente de abastecimiento
es el gas natural que aporta el 51% de la energía que se
consume anualmente. A continuación se ubica el petróleo
con el 36%, seguido por la hidroelectricidad que representa el 6%.
El cuadro se completa con la actividad nuclear (4%) y las energías
alternativas (como el carbón, el sol y la leña) que
representan el 3%.
El suministro energético a los usuarios, a su vez, reconoce
tres grandes proveedores: el sector gasífero, el sector petrolero
y el sistema eléctrico
Una recorrida por cada uno de ellos permite vislumbrar las siguientes
escenarios:
Electricidad
De los tres grandes sectores que sustentan el suministro energético,
el sistema eléctrico es el que presenta la situación
más crítica. Una demanda interna que no cesa de crecer,
la ausencia de inversiones privadas en el área de generación
y una mayor dependencia del fuel oil y gasoil importado para cubrir
la falta de gas constituyen los principales problemas que mantienen
al sistema eléctrico en un estado de alerta permanente.
Pese a la postura oficial que busca relativizar la situación,
los datos de la realidad ponen en evidencia que el sistema está
funcionando al límite de su capacidad técnica y sin
una reserva de protección que le permita atender cualquier
evento inesperado.
La generación eléctrica se estructura de la siguiente
manera:
«, El 53% proviene de las centrales térmicas que pueden
funcionar con gas, combustibles líquidos y carbón.
«, Un 43% que llega desde las usinas hidroeléctricas.
«, El 4% restante lo aportan las plantas nucleares.
Los especialistas y los empresarios del sector coinciden en destacar
que hasta fines de 2008 el país afrontará un período
crítico en materia de abastecimiento.
Para atender el aumento de la demanda industrial y residencial,
se necesitan incorporar por año unos 1.000 MW de generación
adicional. La última central térmica de gran porte
(800 MW) que se entró en servicio fue la de Genelba a fines
del año 2000. Desde ese momento, el consumo de energía
subió más de un 30% sin que se haya ampliado el parque
generador.
A diferencia del sector petrolero que puede cubrir su déficit
por medio de importaciones, el sistema eléctrico tiene escasas
posiblidades de acudir a ese camino alternativo.
Las compras externas de energía eléctrica se encuentran
doblemente limitadas. En primer lugar, porque la única línea
de interconexión existente con Brasil permite transportar
sólo unos 1.000 MW. La red había sido construída
a mediados de los 90 para venderle electricidad a los estados del
sur de Brasil. Y en segundo lugar, porque la posibilidad de importar
depende de que sobre energía del otro lado, algo que no sucede
durante la mayor parte del año
Si bien la capacidad instalada total supera los 22.000 MW, por
razones técnicas y estacionales el promedio de la oferta
de disponible se ubica en 18.000 MW. El último récord
de demanda de potencia registrado el 31 de julio alcanzó
los 17.395 MW y quedó muy cerca del límite técnico
que puede cubrir el sistema de generación antes de entrar
en default.
Por el lado del sector térmico, las dos centrales de ciclo
combinado de 1.600 MW que se financian con el Foninvemem el
fondo creado con las deudas que el Estado tiene con los generadores
todavía no fueron adjudicadas. Por más que las obras
arranquen mañana, la construcción y puesta a punto
llevará, como mínimo, dos años. A eso se suma
otra cuestión clave que está sin resolver: de dónde
provendrán los 6 millones de metros cúbicos diarios
que necesitan para alimentar a las nuevas usinas .
En el área hidroeléctrica, las obras de ampliación
de Yacyretá y la construcción de la central de Aña
Cuá que inicialmente iban a concluirse entre 2007 y 2008
no estarán listas para antes de 2010. Por esta vía
se prevé elevar de 1.700 a 3.000 MW la potencia instalada
de Yacyretá.
En tanto, los emprendimientos binacionales de Garabí (Brasil)
y Corpus (con Paraguay) aún están en etapa de estudios
y no tienen una fecha cierta de licitación. Por el lado del
sector nuclear, habrá que esperar hasta la celebración
del bicentenario de la Revolución de Mayo para contar con
una nueva central. La terminación de Atucha II anunciada
al lanzar el nuevo Plan Nuclear está agendada para
mediados de 2010. La usina emplazada en la provincia de Buenos Aires
ya lleva 26 años de obras y cuando se inaugure aportará
al sistema una capacidad de 750 MW.
Con el parque actual de las centrales térmicas se registra
un inconveniente operativo. Como el gas no alcanza para abastecer
a las usinas, desde el año 2004 debe recurrir a la importación
de fuel oil y gasoil. En 2004, se trajeron de Venezuela 850.000
toneladas de fuel oil y unas 80.000 de gasoil. Al año siguiente,
se ampliaron las compras a otros proveedores y se importaron 1,2
millones de toneladas de fuel oil y cerca de 400.000 de gasoil para
las máquinas térmicas.
Para este año, se prevé importar casi 1,5 millones
de toneladas de fueloil y 1.00.000 de gasoil que implicarán
un sobrecosto energético cercano a los 2.500 millones de
pesos.
Petróleo
Las estadísticas del sector de hidrocarburos muestran que
el país afronta desde hace siete años un marcado descenso
en la producción de petróleo.
La producción de crudo descendió de 49 millones de
metros cúbicos en 1998 a 38 millones de metros cúbicos
el año pasado, un 5% menos que el total de 2004.
En el primer semestre de 2006 hubo otra baja del 3% respecto al
mismo período de 2005. De haber exportado 19 millones de
metros cúbicos de crudo y combustibles en 1998, las ventas
externas bajaron en 2005 a 6,5 millones.
Los grandes números del sector ponen en evidencia que se
están explotando casi la misma cantidad de pozos que hace
once años y que no se descubrieron nuevas áreas para
incrementar las reservas y la producción.
La caída de las inversiones en el área de exploración,
que había arrancado en 1998, entró en tobogán
a partir de la crisis de fines de 2001. En 1995, las petroleras
invirtieron en la apertura de 165 pozos exploratorios. Una década
después, los recursos desembolsados para buscar petróleo
solo alcanzaron para unos 25 pozos.
Las reservas de petróleo, tras haber alcanzado su valor
máximo en 1999 con 488,28 millones de metros cúbicos,
vienen cayendo en forma sostenida y en el último año
se ubicaron en torno de los 380 millones de metros cúbicos.
Esa declinación empeoró la relación entre las
reservas y la producción. De haber alcanzado un horizonte
de reservas de petróleo equivalente a casi 20 años
de consumo a mediados de los 90, se llegó ahora a un nivel
de reservas que promedia los 8 años.
Tras haber alcanzado el autoabastecimiento en 1988 y luego de sumarse
al lote de países exportadores en 1992, la Argentina se encamina
a ser un importador pleno de petróleo en un plazo que oscila
entre 2 y 3 años.
Los especialistas consideran que, si se mantiene la doble combinación
dada por la reducción de la producción y el incremento
de la demanda local de combustibles, la pérdida del autoabastecimiento
petrolero llegará entre 2008 y 2009. Por su parte, el consumo
interno de combustibles registró un crecimiento del 20% respecto
a 2003.
En este escenario, la aparición de Enarsala empresa
estatal creada para actuar en todos los negocios energéticosaportó
poco y nada y hasta ahora su utilidad teórica no se ha visto
plasmada en la realidad.
Para subsanar la caída de las inversiones, el Gobierno remitió
al Congreso el año pasado un proyecto de ley que prevé
el otorgamiento de una serie de beneficios e incentivos fiscales
para aumentar tanto la exploración, como la explotación
de hidrocarburos, pero todavía no se trató.
Gas
La situación límite que presenta el sector gasífero
se asienta en cinco factores clave: la producción que parece
haber alcanzado su techo; una capacidad de transporte insuficiente;
la demanda interna creciente; una marcada caída de las reservas
y escasas inversiones en exploración.
Impulsada por la recuperación industrial y la incorporación
de nuevos consumidores (como los vehículos a GNC), la producción
de gas no paró de crecer desde 1988. De casi 19.000 millones
de metros cúbicos a fines de la década del 80, la
producción gasífera saltó a más de 52.000
millones en 2004. El ritmo ascendente se cortó el año
pasado, cuando por primera vez la producción de gas descendió
un 1,4%. Este año se proyecta una producción similar
o ligeramente menor a la registrada en 2005.
El marcado incremento de la producción llevó a la
Argentina a convertirse en exportador regional de gas, alcanzando
el pico de los despachos en 2003 con una venta equivalente al 13%
de la producción total.
Los problemas serios de abastecimiento afloraron en los primeros
meses de 2004, cuando la mayor demanda industrial y residencial
no fue acompañada por una suba acorde de la producción
y capacidad de transporte. Para cubrir el bache, el Gobierno adoptó
dos medidas de urgencia. Por un lado, volvió a importar gas
de Bolivia. Y por otro lado, recortó los envíos a
Chile. Estas decisiones que parecían transitorias se ampliaron
en 2005 y van camino a profundizarse.
Las importaciones de Bolivia pasaron de 4 millones de metros cúbicos
diarios a 7,7 millones. Y cuando se construya el gasoducto del Nordeste
está previsto que salten a 27 millones.
De tener un horizonte de reservas equivalentes a 38 años
de producción a fines de la década del 80, se pasó
a un nivel de reservas de 9 años en 2005.
A su vez, las inversiones en exploraciónque nunca
fueron espectaculares experimentaron una abrupta caída
a partir de los últimos años de la década del
90. Pasaron de 100 pozos nuevos entre 1990/97 a un promedio de 25
en los dos últimos años.
Actualmente las estadísticas señalan que se está
perforando la menor cantidad de pozos de desarrollo y exploración
de gas de las últimas tres décadas. En vez de apuntalar
las inversiones en exploración, las petroleras ante
la falta de incentivos por el lado de los precios se limitaron
a mejorar los métodos de extracción de los pozos en
actividad.
En materia tarifaria, desde 2003 hasta ahora el Gobierno sólo
autorizó una recomposición selectiva del valor del
gas para los medianos y grandes usuarios. Tras ese ajuste en el
precio, los productores locales pasaron a embolsar, en promedio,
1,50 dólares el millón de BTU frente a los5 que ya
se está pagando por el gas que ingresa de Bolivia.
Los problemas de suministro que genera la producción limitada
de gas se ven agravados por el cuello de botella que se registra
por el lado del transporte.
Frente a una demanda promedio que trepa en los días pico
a 140 millones de metros cúbicos, la red de gasoductos puede
transportar como máximo 126 millones. Las ampliaciones de
los gasoductos que estaban a cargo de las transportistas privadas
(TGN y TGS) quedaron frenadas a fines de 2001 a la espera de la
renegociación de la concesión.
La única ampliación de 4,7 millones de metros cúbicos
que se concretó en 2005 fue impulsada por el Gobierno que
le trasladó el costo a los grandes y medianos usuarios mediante
un "cargo tarifario". Con igual esquema, el Ministerio
de Planificación lleva adelante otra ampliación de
20 millones de metros cúbicos que deberá estar lista
para 2008.
En tanto, el Gasoducto del Noreste la obra emblemática
que habían lanzado el Gobierno y el grupo Techint a fines
de 2003 para asegurar el abastecimiento sigue pendiente de
lo que pase con la certificación de las reservas que aún
debe efectuar Bolivia para garantizar el envío de 20 millones
de metros cúbicos diarios por 20 años.
Por el lado de las privatizadas, salvo Gas Natural BAN, el resto
de las 10 operadoras que transportan y distribuyen gas tienen sus
contratos sin renegociar desde 2002. Sin embargo, a pesar de que
tiene el nuevo contrato aprobado por decreto, Gas BAN no consiguió
la autorización oficial para aplicar los aumentos pactados
en la renegociación.
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