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El jueves pasado la Honorable Cámara de Diputados del Congreso
Nacional legisló nuevamente a favor de los grupos económicos.
Así como el Congreso fue capaz de reparar otras culpas propias
cuando corrigió puntos finales, banelcos
y obediencias debidas (Ley 23.492 de Punto final, Ley
23.521 de Obediencia debida, Ley 25.250 o Ley Banelco), aún
no ha demostrado capacidad para remediar los grandes perjuicios
que sufrió el pueblo argentino con la privatización
de los hidrocarburos, de Y.P.F. y de Gas del Estado (Ley 23.696
de Emergencia administrativa, Ley 23.697 de Emergencia económica,
Ley 24.065 de Electricidad, Ley 24.076 de Diputados truchos,
Ley 24.145 de YPF). La privatización del gas se hizo con
graves y manifiestos actos de corrupción que fueron comentados
en la prensa mundial, como el hecho de utilizar 5 diputados truchos,
sin que se aplicaran sanciones de ningún tipo a los delincuentes
activos y pasivos que actuaron en este operativo de saqueo.
Ahora el actual Poder Ejecutivo, tan comprometido con esas privatizaciones,
continúa con la política de los años noventa,
enviando dos proyectos de ley que son como una tenaza que intenta
anular el naciente y creciente repudio popular a la política
de entrega de nuestros yacimientos. El primero, que fue aprobado
por los diputados el jueves pasado, elimina el riesgo empresario
de las multinacionales del petróleo, otorgándoles
-mediante contratos de uniones transitorias de empresas (UTE)- la
exención de impuestos a las ganancias, a la importación
de capitales y otros, para su actividad de exploración y
explotación en el Mar Argentino y en las zonas no exploradas
y aun en las exploradas- del territorio continental.
El gobierno elogia los presuntos beneficios de esta ley diciendo
que el Estado argentino participará a través de Enarsa,
pero olvida informar que en esas UTE la presencia minoritaria de
Enarsa puede ser fácilmente burlada, porque está prevista
la posibilidad de que sus ocasionales funcionarios resuelvan la
renuncia expresa a participar en esas uniones transitorias. Y por
otra parte, este sistema también elimina la licitación
pública para el otorgamiento de permisos de exploración
y concesiones de explotación, con lo que abre un nuevo campo
potencial de fuerte corrupción, aún cuando el régimen
pretende ser de " libre competencia".
Con la segunda ley, conocida como "ley corta", de modificación
de la vigente Ley de Hidrocarburos, el Poder Ejecutivo amenaza convertir
el "dominio originario" que la Constitución del
94 entregó a las provincias hidrocarburíferas, en
la instauración del "dominio jurisdiccional o útil".
Con esto, el Estado Nacional le cedería a las provincias
la potestad de otorgar todas las concesiones, eliminado el poder
vigente del Estado nacional para efectuar (y controlar) las concesiones.
En el derecho público se entiende, por "dominio originario",
que la propiedad de los recursos del subsuelo le corresponde a las
provincias, pero para que puedan ejercer totalmente ese derecho
se debe legislar y reglamentar el "dominio jurisdiccional o
útil", que es el que permite ejercer el derecho del
uso energético del que ahora no disponen.
Muchas voces se han levantado contra estos proyectos, pero el Poder
Ejecutivo y gran parte de los legisladores mantienen su política
de continuidad y perfeccionamiento menemista. No obstante, de los
257 diputados de la Cámara sólo 121 votaron a favor
de la ley que completa la entrega de nuestros recursos hidrocarburíferos.
Estos se ganarán así el dudoso honor de figurar en
la historia futura entre quienes entregaron nuestros recursos naturales.
O, como dice el actual funcionario Eduardo L. Duhalde en el prólogo
del libro de Carlos Lafforgue ( A quién No votar: lista de
los legisladores que votaron las leyes más oprobiosas, Bs.
Aires, 2003), "Esta suerte de "escrache documental"
alimentará la memoria colectiva y permitirá saber
quién es quién en la vida parlamentaria posterior
a 1984. Permitirá la imputación de responsabilidad
a quienes fueron parte en legislar contra la Nación y el
pueblo, y también excluir de un reproche generalizado y de
la sospecha abstracta a quienes no han tenido responsabilidad con
el dictado de estas leyes oprobiosas".
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