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El desabastecimiento del gasoil es parte de la crisis general
del sistema energético argentino. Las medidas del Gobierno
para paliar la situación han sido ambiguas. Mientras presiona
a las petroleras para que importen el combustible aún a pérdida,
trazando una división en el sector privado, no se demoró
en otorgarles enormes beneficios a través de una nueva ley
aprobada en el Senado.
Para observar la crisis energética nacional hay que hacer
las veces del viajero discreto, que recorre sin llamar la atención,
observando atentamente los resquicios que denuncian lo que se oculta.
Allí está la crisis. Su lugar es, paradójicamente,
un "no lugar", un lugar de anonimato.
Buscándole justamente este "no lugar" a la crisis,
el gobierno argentino la ha dado a conocer. Es decir, que mientras
la niega toma acciones para evitarla. En la Argentina de hoy, es
enorme la disputa subyacente entre diferentes protagonistas de la
sociedad para evitar llevarse los costos de esta crisis. El único
ausente en la dimensión que le corresponde, por ahora, es
el pueblo.
Una de las manifestaciones de esta crisis energética es
la "crisis del gasoil". En realidad, como el gasoil es
un derivado (subproducto) del petróleo, podríamos
llamarla una "crisis derivada" de la "crisis general".
Esta "crisis derivada" se solucionará seguramente;
el problema, como decía, es saber quién acarreará
con los costos de la solución.
El gasoil es un producto que es consumido mayoritariamente por
productores agropecuarios y por transportistas. De manera que el
faltante de este combustible generaría deficiencias en la
producción cerealera y problemas en el transporte de pasajeros
y abastecimiento de mercados.
Esto ha comenzado a ocurrir. De ahí que se hiciera sentir
las protestas del denominado "campo" y del sector empresario.
Pero no todos protestaron por igual. Del sector empresario de los
hidrocarburos, la Confederación de Entidades del Comercio
de Hidrocarburos y Afines (Cecha) ha sabido ir al paro para exigir
al gobierno la recomposición del margen de rentabilidad del
sector; pero no ha sido acompañada su posición por
los empresarios de la Asociación de Estaciones de Servicios
Independientes (AESI), quienes también exigen soluciones,
pero reclaman contra las grandes petroleras y apoyan los reclamos
del Sindicato de Estaciones de Servicio, sector trabajador que manifiesta
su oposición al "monopolio de las empresas petroleras"
ya que llevan a una situación de crisis a las estaciones
independientes. De la AESI critican también el "mercado
negro" del gasoil, a través del cual -según dicen-
las refinadoras abastecen directamente a los productores a precios
superiores a los "acordados" (1.47 pesos por litro). Esta
cámara se ha pronunciado en diferentes oportunidades contra
las desregulación del mercado durante la década menemista,
que permitió que las refinadoras instalaran tanques y surtidores
a consumidores mayoristas. A esta queja se ha sumado Rosario Sica,
presidenta de la Federación de Empresarios de Combustibles
de la República Argentina (Fecra).
Desde el "campo", protestó la Sociedad Rural que
asegura que habrá un déficit de 58 mil m3 en la oferta
de gasoil. Para ellos, "la única solución es
aumentar las importaciones a pérdida por medio de la empresa
oficial Enarsa o que se subsidie a las distribuidoras privadas no
sólo con desgravaciones impositivas, sino con subsidios directos".
El Estado, entonces, debería cargar con el costo fiscal del
desabastecimiento. Mientras que las distribuidoras (Repsol, Petrobrás,
Shell, Esso) no deberían acarrear ningún costo. También
la Federación Agraria Argentina (FAA) protestó con
cortes de ruta y "tractorazos" en las ciudades, para que
se de una solución integral a la escasez del gasoil. Aseguran
que se pone en juego "la vida de cientos de miles de familias
del interior profundo, que no tienen futuro con el actual modelo
agropecuario".
Más allá de la protesta, el sector empresario (estacioneros
y productores) no parecieran apuntar hacia las mismas propuestas
de solución. Sí, ciertos sectores empresarios (Cecha,
SRA, CARBAP) junto a las grandes petroleras, las cuales exigen aumentos
de precios, incentivos a las inversiones y más subsidios
estatales para la importación. Muchos de estos reclamos se
observan en las editoriales de los diarios Clarín y La Nación.
El 10 de septiembre, Clarín indica que "La restricción
energética es uno de los grandes problemas de la economía
argentina. Es necesario (
) evaluar ajustes de precios considerando
las diferencias de ingresos de los consumidores. Invertir para aumentar
la oferta energética en el corto plazo es decisivo para sostener
el crecimiento." El 1 de octubre continúa: "El
crecimiento de la economía (
) plantea desafíos
que no pueden ignorarse (
) Entre esos desafíos está
la necesidad de contar con energía suficiente para sustentar
el crecimiento (
) Por el momento, el problema más notorio
aparece en el mercado del gasoil (
) La escasez energética
plantea la necesidad de optar por una o varias de tres alternativas:
reducir el consumo, promover la inversión o aumentar los
precios para promover, vía mecanismos de mercado, bajas en
el consumo y aumento en la inversión (
) Hasta el momento
el Gobierno procuró que la situación energética
no se traduzca en un aumento en los precios de la electricidad y
los combustibles al por menor. Este propósito es parte de
una política de resguardo de los ingresos y de contención
de la inflación y, en ese sentido, es atendible. Pero debe
manejarse con realismo para evitar que derive en desaliento de las
inversiones destinadas a la producción energética.".
Es una doctrina bien definida, similar aunque más explícita,
es la adoptada por La Nación: "La renuencia oficial
a aceptar la existencia de una creciente crisis energética,
una de cuyas evidencias es el déficit de gasoil que perturba
preponderantemente al transporte en general y a la producción
rural, se orienta ahora a culpar y agredir a la industria petrolera
(
) Una vez más se pretende desconocer la vieja ley
económica de la oferta y la demanda, nunca desmentida, sino
en todo caso refirmada a través de siglos (
) Mientras
se continúe presionando y amenazando a las empresas, al punto
de obligarlas a importar combustibles a pérdida, la situación,
lejos de mejorar, se profundizará". Esta es una clara
protesta contra las presiones de gobierno, en especial la aplicación
de la Ley de Abastecimiento.
En paralelo a estas vocinglerías, en la 27º Convención
del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF), los empresarios
y responsables de las finanzas de las principales compañías
aseguran que "El Estado debería ofrecer un marco jurídico
y normativo que sirva para impulsar las inversiones que quieren
hacerse en este sector". Claro que aquí se apuntaba
a la situación energética en general.
Pero la disputa sin dudas más grande es la emprendida entre
el Gobierno y las grandes empresas petroleras, a quienes se exige
que, al colmar la capacidad de sus refinadoras (por la creciente
demanda de gasoil) y al no haber invertido para aumentar dicha capacidad,
importen el combustible, aún a pérdida. Las exigencias
apuntan especialmente a Petrobrás y a Shell. Las petroleras
advierten que sería una pérdida enorme por la diferencia
de los precios internacional y local, aún disponiendo la
libre importación de gasoil.
A grandes números, las productoras de gasoil ofrecen anualmente
al mercado unos 12 millones de m3. Pero el consumo total de todo
el 2006 alcanzaría los 13 millones de m3, por lo que estaría
faltando 1 millón de m3. Ese déficit, el gobierno
exige que se compense a través de la importación del
combustible, práctica que realizan las empresas pero no en
la cantidad demandada. Las empresas, en particular Shell, se resisten
a importar (situación que actualmente están normalizando
el resto de las petroleras), porque el precio internacional del
gasoil se ubica en 400 dólares por m3 (aproximadamente y
bajo la importación libre de impuestos), mientras que en
mercado local el precio rondaría los 200 dólares el
m3.
De aquí que el gobierno ofrezca como medida aplicar la Ley
de Abastecimiento, buscando que las petroleras ofrezcan igual cantidad
de combustible que el año anterior, más el proporcional
de aumento del PBI. Con esta medida, se trazó nuevamente
la divisoria que separa al sector privado de empresarios y productores
agrarios, ya que mientras en la Federación Agraria Argentina
la medida fue bienvenida, tanto la CRA y la SRA mostraron mayor
cautela. La posición de la FAA estuvo acompañada por
la de la Federación Argentina de Entidades Empresarias de
Autotransporte de Cargas (Fadeeac), entidad que consideró
a través de su presidente, Luis Morales, que "con la
decisión de Comercio Interior se está poniendo una
mano dura que hacía falta". En oposición, la
Sociedad Rural Argentina no vio con buenos ojos el instrumento elegido
por el Gobierno. Su vicepresidente, Hugo Luis Biolcati, aseguró
que "La ley de abastecimiento no nos gusta, aunque se aplique
en nuestro favor".
Sin embargo, este "castigo" tuvo un gemelo al nacer,
un gemelo de signo opuesto; pues, al mismo tiempo que se anunciaba
la Ley de Abastecimiento, el kirchnerismo en el Senado aprobaba
una nueva Ley de incentivos para la exploración y producción
de hidrocarburos, premiando con grandes beneficios a las petroleras
que (en una actividad de enorme rentabilidad) provocaron el actual
desabastecimiento del mercado de combustibles.
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