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La compañía francesa Total y el Instituto de Previsiones
Económicas de la Academia de Ciencias de Rusia (RAN) presentaron
un informe sobre el tema Rusia y Europa: alianza económica
o conflicto energético. Poco antes de la celebración
de la cumbre del G8 en San Petersburgo, este estudio da una idea
más precisa de las relaciones presentes y futuras entre proveedores
y consumidores de petróleo y gas.
DESCONFIANZA RECÍPROCA
El académico Viktor Ivanter, director del Instituto de Previsión
Económica (IPE), y el vicepresidente principal de Total,
Menno Grouvel, subrayan que el precio de la gasolina en las estaciones
de servicio y el monto de las cuentas de electricidad, de gas, calefacción
y agua caliente, dentro de un cuarto de siglo dependerá de
lo que estamos haciendo hoy.
La estrategia y la previsión a largo plazo en el sector de
la energía se hacen necesarias para definir los enfoques
adecuados en lo tocante a la extracción de hidrocarburos
y de creación de líneas de transporte. En la actualidad,
Rusia obtiene sumas considerables provenientes de la exportación
de materias primas y de productos energéticos. Sin embargo,
las insuficiencias institucionales, la falta de voluntad política,
la desconfianza recíproca del mundo de los negocios, el Estado
y la sociedad no permiten dinamizar las inversiones, a pesar de
las reservas que se han ido acumulando tanto en el sector privado
como en el estatal.
Después de la crisis de 1998, la economía rusa no
sufrió restricciones energéticas ya que la demanda
de energía no constituía un sector que limitara el
crecimiento económico. Sin embargo, ¿produce Rusia
petróleo y gas en cantidades suficientes como para garantizar
las necesidades energéticas de su propia economía?
¿No sería quizás necesario reducir las exportaciones
para poder satisfacer la creciente demande interna? Por otro lado,
¿cuánto costará la tonelada de petróleo
dentro de 25 años si se agotan los yacimientos conocidos
y si nos vemos obligados a extraer el petróleo en las plataformas
continentales de los mares septentrionales y en Siberia oriental,
y a crear una infraestructura al costo de miles de millones de dólares?
Los gastos de extracción no se encuentran entre los problemas
que preocupan al Estado ruso. A causa de la preocupación
sobre una posible caída de los precios del crudo, el dinero
se acumula en el Fondo de Estabilización creado en el extranjero,
ya que las autoridades desconfían de su propia economía
y de su propio sistema bancario. Pero, como subrayan Grouvel e Ivanter,
otro aspecto del problema tiene más actualidad en este momento:
¿Qué pasará si no bajan los precios del petróleo,
si se agotan los yacimientos rentables y se hace necesario extraer
el petróleo y el gas más caros ya que hay que extraerlos
de la plataforma continental?
En los últimos tiempos, Gazprom adoptó la táctica
de la negociación conflictual, amenazando a la Unión
Europea con dirigir los recursos hacia Oriente en vez de a Europa,
mientras que la UE invocó por su parte la necesidad de salir
de su dependencia estratégica de Rusia. En el marco de esa
estrategia conflictual se producen periódicamente intentos
de impedir el acceso de las empresas rusas a las redes de distribución
dentro de la UE así como de obstaculizar el acceso de las
compañías extranjeras a los recursos rusos. Estamos
siendo testigos de un enfrentamiento entre las ambiciones de los
burócratas europeos y las del monopolio ruso del gas: los
primeros quieren convencer a la opinión de que la monopolización
del mercado europeo por Rusia implica grandes riesgos, mientras
que el segundo afirma que Europa impondrá sus propios precios
a los proveedores de productos energéticos y que eso implicará
una pérdida de ganancias para Gazprom.
Según la delegada del grupo Total en Rusia, Inessa Varchavskaia,
tales procedimientos no son productivos y, ante la presente situación,
se hace necesario establecer una alianza energética basada
en relaciones estratégicas entre proveedores y consumidores
de hidrocarburos. Resultaría constructivo buscar una alianza
energética convencional capaz de garantizar la estabilidad
económica y política en las relaciones energéticas
entre Rusia y Europa así como la seguridad energética.
El estudio demuestra que hay espacio para una alianza energética.
Para cubrir la falta de energía en Europa mediante el suministro
ruso, las compañías que extraen hidrocarburos se ven
obligadas a pasar a la plataforma continental, donde la extracción
de gas es más difícil y el petróleo más
pesado.
El problema que se plantea entonces es el de la falta de tecnología,
no simplemente el de los medios financieros. Según Total
y la RAN , "Rusia necesita capitales respaldados por la tecnología
y experiencia en su utilización". Partiendo de ese principio,
el objetivo número uno de la nueva alianza energética
no sería la obtención de beneficios inmediatos sino
el establecimiento de un sistema estratégico de relaciones
mutuas.
LA DEMANDA MUNDIAL DE HIDROCARBUROS
La situación que prevalece en el mercado energético
mundial y las previsiones para el futuro hacen pensar que los hidrocarburos
siguen siendo la base del funcionamiento de la industria y del sector
energético mundiales. Los balances energéticos de
las grandes economías de la Unión Europea anuncian
una escasez de energía local. Por otro lado, el aumento de
la demanda de energía proviene cada vez más de las
naciones asiáticas emergentes. Hasta el año 2030,
la demanda mundial crecerá aproximadamente un 2% anual. La
RAN y Total prevén un incremento insignificante de las potencialidades
del sector electronuclear y una reducción de este último
en cuanto a la producción de electricidad.
Actualmente, la UE importa la mitad de los productos energéticos
que necesita (el 73% del petróleo y el 44% del gas). En 2030,
la importación de hidrocarburos representará el 70%
(el 92% del petróleo y el 81% del gas). La importancia del
gas natural aumentará sensiblemente pero disminuirá
su producción local. Por consiguiente, de 180.000 millones
de metros cúbicos en 2005 los países de la UE tendrán
que elevar sus importaciones de gas natural a 650.000 millones en
2030. Los países de la Unión Europea son por tanto
los primeros interesados en resolver el problema del aprovisionamiento
en productos energéticos a largo plazo con una base transparente.
En estos momentos, cerca del 20% del petróleo y más
del 25% del gas natural que consume la Unión Europea viene
de Rusia. Ese país espera seguir siendo un importante socio
energético de los países de la UE durante el primer
tercio del siglo XXI en la medida en que el suelo ruso encierra
reservas energéticas considerables.
ENERGÍA Y POLÍTICA
Contrariamente al comercio de artículos industriales que
se desarrolla en el marco de la Organización Mundial del
Comercio, la venta de productos energéticos está enmarcada
en reglamentos establecidos y constantemente modificados por regiones,
países y asociaciones de productores y consumidores. Tomemos
el ejemplo de Bolivia, país que nacionalizó totalmente
su sector energético en el mes de mayo y puso la venta de
sus hidrocarburos en manos de una sola empresa. Según Viktor
Ivanter y Menno Grouvel, la Carta Energética , que no ha
sido ratificada o firmada por los grandes países exportadores
de hidrocarburos, "perjudica abiertamente los intereses de
los países productores de petróleo y gas (
)
El problema no es que Rusia ratifique o no la Carta Energética.
"Lo que resulta incomprensible es por qué Rusia firmó
ese documento inapropiado", señala el informe de Ivanter
y Grouvel. Por otro lado, a pesar del carácter inaceptable
de la Carta en su forma actual, el comercio de la energía
no puede vivir sin reglas generales. Es por ello que los investigadores
señalan que los países consumidores y los países
productores de hidrocarburos tienen que establecer un diálogo,
que debe llevar a su vez a la elaboración de un nuevo documento
que recoja reglas generales para ese comercio.
El nivel actual de las relaciones con los proveedores de hidrocarburos,
entre los que se encuentra Rusia, no permite garantizar la confiabilidad
y la perennidad que debe tener el aprovisionamiento. Por ejemplo,
la tensión observada en enero y febrero de 2006 en las entregas
de gas a Europa se debió principalmente a la existencia de
lagunas en las relaciones jurídicas entre los proveedores,
los países de tránsito y los consumidores. Aún
hoy, nada garantiza que una situación similar no se repita
en el futuro.
La tensión política en los vínculos energéticos
internacionales tiene numerosos componentes económicos. Por
ejemplo, la red actual de gasoductos, que se compone de muy largas
tuberías rodeadas de numerosos consumidores, con un flujo
fijo y una demanda creciente, sólo puede provocar conflictos,
sobre todo durante inviernos rigurosos. Inversiones oportunas en
las estructuras de almacenamiento de petróleo y gas permitirían
resolver buena parte de los problemas sin que estos trasciendan
al plano geopolítico. Es necesario, por tanto, crear grandes
reservas en los países consumidores de Europa para poder
enfrentar las fluctuaciones de la demanda. La participación
de Rusia en esos proyectos puede verse como un componente obligado
de la alianza energética.
LAS TECNOLOGÍAS DE AHORRO ENERGÉTICO
Las empresas productoras de petróleo y gas deben tener ciertas
garantías políticas para poder trazar sus proyectos
inversionistas. Se impone por tanto la elaboración de una
estrategia energética a largo plazo que defina las prioridades
en las relaciones internacionales. Es indispensable establecer reglamentos
idénticos para los inversionistas dispuestos a adquirir activos
que no presenten interés estratégico para Rusia y
Europa. Inessa Varchavskaia estima que resulta indispensable definir
criterios sobre la "importancia estratégica" de
los activos, criterios que deben ser aceptables para Rusia así
como para Francia y los demás países de la UE , para
pasar así de la desconfianza recíproca a una asociación
energética a largo plazo. Para Rusia, los activos estratégicos
son aquellos que garantizan el aprovisionamiento estable a los consumidores
rusos de combustible y de energía dentro del respeto de los
compromisos contractuales.
Sin embargo, se plantea una interrogante: ¿Puede la extracción
de productos energéticos en Rusia cubrir a la vez las necesidades
de ese país y la demanda de Europa? La tesis según
la cual la economía rusa consume mucha más energía
de lo que permiten sus potencialidades debe ser interpretada como
una crítica. Los investigadores señalan que las pérdidas
de energía se observan sobre todo en la calefacción.
La implantación de tecnologías ahorradoras de energía
exige un importante reequipamiento en los inmuebles y en la red
de calefacción a través de todo el país así
como una revisión del esquema de producción y distribución
de calor.
La falta de inversiones en la prospección y en el equipamiento
de yacimientos, en la extracción y la producción,
da lugar a una escasez de energía entre los consumidores
internos debido a la dinámica del desarrollo económico.
Recordemos que en cuatro entidades de la Federación Rusa
la escasez de energía alcanza ya los 12.000 megavatios y
que en pocos años 16 entidades rusas enfrentarán un
déficit similar. La base técnica y tecnológica
de la economía rusa, creada en la época de la URSS
, se basa en el consumo de energía barata, lo cual permite
a Rusia exportar productos industriales relativamente poco caros,
como el aluminio. Esto determina la lentitud de la modernización
del equipamiento y un consumo de energía por artículo
producido mucho mayor que en los países donde los precios
de la electricidad y el gas son más elevados. Paralelamente,
como el crecimiento industrial implica un aumento del consumo de
energía, la industria rusa podría verse muy pronto
ante una escasez general de recursos energéticos.
Esta situación exige la implantación de tecnologías
ahorradoras de energía para poder contener el incremento
espontáneo de la demanda energética. De no ser así,
un aumento incontrolado de la demanda provocará inevitablemente
un alza de las tarifas de la energía. Se trata por cierto
de algo que el gobierno ruso advierte constantemente. El retraso
en la implantación de nuevas tecnologías en la producción
de electricidad podría hacer más lento el desarrollo
de otros sectores económicos y obstaculizar el mejoramiento
del nivel de vida.
Para que el gas siga haciendo funcionar la industria y la mayor
parte de las centrales eléctricas, los precios de la energía
se articularán con los precios internos de los hidrocarburos.
Al señalar que las tecnologías mundiales de generación
eléctrica se basan en gran medida en la combustión
de hidrocarburos, o sea sobre la intercomplementaridad del petróleo
y el gas, y de inversiones relativamente poco importantes (como
el paso a una utilización limpia del carbón), Grouvel
e Ivanter refutan el punto de vista según el cual el establecimiento
de una relación entre el precio del gas y el del petróleo
no tienen ya razón de ser y sería necesario en lo
adelante fijar los precios del gas a partir de los principios del
mercado. Según ellos, incluso en el marco del comercio bursátil
del gas, la posibilidad de "desligar" los precios no es
inmediata y sólo se hará efectiva después de
la substitución de toda una generación de tecnologías.
EL ESCENARIO DEL DESARROLLO DE LA ECONOMÍA RUSA
Teniendo en cuenta la evaluación de la demanda de energía
de la UE así como las previsiones sobre las exportaciones
de energía de Rusia en el marco de la estrategia económica
básica del Ministerio ruso de Desarrollo Económico
y Comercio (MERT) para el periodo que termina en el 2015, el Instituto
de Previsión Económica de la RAN estableció
varias previsiones sobre el desarrollo macroeconómico.
Con un aumento de la producción de petróleo y gas
del orden del 1 al 1,6% anual, el consumo interno será prioritario
en relación con las exportaciones, a tal punto que en 2015
varias empresas europeas darán importancia a yacimientos
que las empresas rusas no habrían comenzado a explotar antes
de 2030. La lógica de esa decisión es simple: ya que
las autoridades rusas tienen la intención de satisfacer la
demanda de la UE , tendrán que dejar que los europeos inviertan
en la extracción de los recursos energéticos rusos
para que esto se traduzca en la utilización de tecnologías
avanzadas destinadas a los yacimientos de explotación onerosa.
Según las estimaciones del Instituto de Previsión
Económica y Total, en 2015 las empresas europeas invertirán
no menos de 450 dólares por cada tonelada de crudo extraída
al año y 255 dólares por cada 1.000 metros cúbicos
de gas extraídos al año.
El mantenimiento de un crecimiento económico aceptable se
prevé en un escenario "económico" orientado
hacia el desarrollo de la industria de transformación y el
ahorro de energía. Según ese escenario, basado en
un crecimiento económico de alrededor de un 7% y de un importante
ahorro de energía (reducción de la intensidad energética
en 3,4% anual), el déficit de las entregas de hidrocarburos
rusos (diferencia entre las necesidades de Europa de energía
rusa y las potencialidades de las exportaciones de Rusia hacia Europa)
se situaría en 2015 entre 62 y 91 millones de toneladas de
petróleo y en aproximadamente 24.000 millones de metros cúbicos
de gas, en dependencia de la dinámica de la demanda europea.
Para remediar ese déficit se planea destinar entre 29.000
y 46.000 millones de dólares de capitales europeos a la prospección
y la extracción de hidrocarburos.
Los demás escenarios revelan probables riesgos en el periodo
que abarcan las previsiones. El crecimiento económico podría
verse frenado, permitiendo una reducción del consumo interno
de energía para favorecer un aumento de las exportaciones.
Si las tendencias actuales se mantuviesen y no hubiera inversiones
importantes en el sector energético, podría producirse
una escasez creciente de energía en Europa así como
todo tipo de conflictos ligados a la repartición de las exportaciones
de hidrocarburos en cantidades restringidas.
LA POLÍTICA ECONÓMICA DE RUSIA EN MATERIA DE ENERGÍA
Durante el proceso de formación de las diversas asociaciones
regionales es necesario preservar los intereses nacionales y, para
ello, enunciarlos claramente ante los asociados. Actualmente, los
precios del mercado interno ruso están subevaluados en relación
con los precios europeos y con los precios medios mundiales. Por
dos razones: debido al nivel poco elevado de ingresos de la población
y a la poca eficacia de la industria transformadora. Los autores
del informe estiman que los precios internos se elevarán
gradualmente al nivel de los precios mundiales pero que eso no se
producirá rápidamente sino a partir de decretos gubernamentales.
La dinámica de los precios será determinada por el
aumento de los ingresos de la población y las leyes del comercio
bursátil. Según ellos, aunque la curva tienda a subir,
los precios del gas se mantendrán durante mucho tiempo en
un nivel bajo a causa del bajo rendimiento energético de
la producción.
Para los autores del informe, la implicación del Estado en
el sector del gas y el petróleo, e incluso en el problema
de la división de Gazprom, responde objetivamente a las tendencias
mundiales y al nivel de desarrollo de la economía rusa. Gazprom
es una empresa excepcional que dispone de reservas record de gas
y es capaz de planificar su extracción a largo plazo, teniendo
en cuenta los intereses del país. Su división no tendrá
lugar en un futuro previsible.
Al mismo tiempo, la eficacia administrativa de Gazprom sigue siendo
un problema de actualidad. Ivanter y Grouvel estiman que la descentralización
de la dirección y la separación de los centros que
reportan ganancias en el seno de la compañía mejorarían
su rendimiento. En cuanto a la introducción de los principios
modernos de gestión corporativa de una empresa pública,
categoría a la que formalmente pertenece Gazprom desde que
salió del mercado de valores, ambos consideran que se trata
de un elemento indispensable. Y en la medida en que es el Estado
el que debe determinar el papel de Gazprom en la adopción
de las decisiones estratégicas y no a la inversa, la tendencia
a la transformación de las grandes empresas de la energía
en verdaderas empresas públicas, con una contabilidad transparente
y una administración preocupada por los intereses a largo
plazo de todos los accionistas, se hace irreversible. En ese aspecto,
el Estado puede estimular a las empresas nacionales y buscar formas
de crear en el sector privado un interés por participar en
dicho proceso. Eso es además lo que el presidente ruso, Vladimir
Putin, quiso subrayar en el mensaje que dirigió al Parlamento
el 10 de mayo de 2006.
La creación de una alianza energética con la comunidad
europea no implica solamente un aprovisionamiento fiable de hidrocarburos,
transferencia de tecnologías e inversiones. Para Inessa Varchavskaia,
las relaciones de alianza implican también un traslado de
los procesos productivos que necesitan un gran consumo de energía
hacia los lugares de donde se extraen los hidrocarburos. Rusia desea
que esas producciones, dotadas de alta tecnología, ecológicamente
limpias, administradas según el principio corporativo y de
la manera más transparente, se implanten en su territorio.
Actualmente la mayoría de las refinerías de petróleo
explotan equipos obsoletos y no tienen la capacidad necesaria para
fabricar productos petroleros que puedan resultar competitivos en
la UE.
Para liberar a la economía rusa de su dependencia de los
hidrocarburos y de los precios que se practican en el mercado mundial
del petróleo, la RAN y Total recomiendan que las empresas
petroleras extranjeras sean autorizadas a operar en los yacimientos
de difícil acceso y más costosos, con la condición
de que procesen cantidades cada vez mayores de los hidrocarburos
que allí extraigan en las refinerías rusas o, ¿por
qué no?, en refinerías modernas que ellas mismas construyan.
Por otro lado, los investigadores estiman que la construcción
de dichas refinerías debería ser confiada en parte
a subcontratistas rusos.
Grouvel e Ivanter subrayan que, si bien no resulta indispensable
asociar a los inversionistas con un proveedor concretamente, es
sin embargo necesario permitir que las empresas rusas tengan libre
acceso a los pedidos de ofertas que lancen los inversionistas extranjeros.
Esta posibilidad estimularía el sector de la construcción
así como el de la construcción mecánica. Los
autores del informe piensan que la posibilidad de autorizar empresas
extranjeras a explotar el subsuelo y refinerías de petróleo
no implicaría ningún peligro mientras que la industria
rusa adquiriría tecnología moderna que también
podría ser utilizada por los petroleros rusos.
También sería lógico incitar a las sociedades
extranjeras a construir empresas petroquímicas capaces de
inundar el mercado ruso de productos modernos. Esto permitiría
implantar en Rusia unidades de producción de alta tecnología.
Según los autores del informe, los poderes públicos
de los países miembros de la UE están directamente
interesados en ello. Por ejemplo, en caso de transferir a Asia fábricas
que consumen grandes cantidades de energía, el aumento de
la demanda en esa región incitará a las sociedades
rusas a acrecentar sus exportaciones de hidrocarburos hacia el Oriente.
La alianza en el sector energético tiene aún otro
principio: la implantación por parte de las sociedades extranjeras
de tecnologías ahorradoras de energía. Teniendo en
cuenta el déficit previsto de hidrocarburos para la exportación
resultaría admisible la entrega, en forma de concesión,
de instalaciones que consumen grandes volúmenes de energía
(como redes de distribución de calor y electricidad, etc.)
a empresas extranjeras que dispongan de tecnologías ahorradoras
de energía. Esto permitiría exportar los volúmenes
de hidrocarburos ahorrados a escala nacional gracias a dichas tecnologías.
Las tecnologías generadoras de ahorro de energía podrían
ser implantadas de forma prioritaria en el sector de la vivienda.
En efecto, los expertos estiman que en Rusia los volúmenes
más importantes de despilfarro de calor se deben al deficiente
aislamiento térmico de las viviendas y de las tuberías
de calefacción central.
La respuesta a la interrogante sobre si se debe autorizar o no el
acceso de las empresas extranjeras al sector energético ruso
y admitir inversiones europeas en la extracción de hidrocarburos
en Rusia dependerá sobre todo de las condiciones que servirán
de basamento a la estrategia de relaciones entre Rusia y Europa.
El argumento según el cual los consumidores extranjeros garantizan
la mayor parte de sus ganancias a las empresas rusas del petróleo
y el gas podría dejar de ser válido en muy poco tiempo
ya que, debido al alza del consumo interno de productos energéticos
y de la demanda externa, las empresas rusas no tendrán ya
la posibilidad, aunque los precios mundiales se mantengan altos,
de aumentar sensiblemente sus exportaciones hacia Europa.
La estrategia de alianza energética es la más adecuada,
tanto para los países europeos como para Rusia. El crecimiento
de la economía mundial en un 3 ó 4% va acompañado
del aumento del consumo de petróleo en un rango que va de
1,5 a 2%. Actualmente existen todas las condiciones necesarias para
que los lazos estratégicos entre Rusia y Europa se conviertan
en un factor estabilizador para la economía de la Unión
Europea y de crecimiento económico para Rusia.
* Agencia Ria Novosti , 11-07-2006. Reproducido por Red de Prensa
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