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Parece absurdo que De Vido y Telerman coincidan en la supuesta
importancia de la autopista subterránea para la 9 de Julio.
Más absurdo aún es que se diga que esto se le ocurrió
al Presidente al observar el caso de Viena, ciudad que no supera
el millón de habitantes y en la que el transporte se basa
en tranvías.
Es cierto que la 9 de Julio está mostrando una creciente
saturación de tránsito que ya no se limita a las horas
pico y que, en un contexto de recuperación económica
particularmente basado en los sectores medios/altos
es de esperar un agravamiento como consecuencia del incremento del
índice de motorización. Pero hay que aclarar que los
problemas de tránsito norte-sur, sobre el eje 9 de Julio,
no se limitan al tramo Carlos Calvo-Arroyo sino que el problema
se genera desde el Puente Pueyredón hasta la Avenida Libertador,
con lo cual, en base al proyecto Telerman-De Vido, se gastarían
u$a 2.000 millones pero mantendríamos dos cuellos de botella
en las cabeceras de la futura superautopista. Además, parte
importante del tráfico que circula por la 9 de Julio se distribuye
hacia las calles trasversales, ingresando en la trama urbana del
micro y macro centro. Por lo tanto, habría que estudiar quiénes
serían los usuarios de semejante obra de ingeniería
tutancamónica ya que hoy, por la 9 de Julio, el tráfico
de cargas es irrelevante.
En realidad, este proyecto absurdo compite con la largamente postergada
autopista ribereña, que sería capaz de canalizar el
transporte de carga, el tráfico portuarios y el porcentaje
de vehículos que atraviesan de manera completa la ciudad.
A diferencia de la propuesta que entusiasma a De Vido y a Telerman,
la autopista ribereña tendría un costo 4 veces inferior
(u$a 500 millones).
Por último, si se va a decidir una inversión de semejante
magnitud, valdría la pena detenerse un poco a pensar qué
ciudad queremos y qué ciudad estaríamos construyendo
con el doble túnel que tanto cautiva a nuestros funcionarios.
Habría que evaluar si seguimos con la inercia cultural de
favorecer el transporte privado frente al transporte público
o si se incorporan en el análisis temas tales como, por ejemplo,
cuántos kilómetros de subte o mejoras en la articulación
ferroviaria se podrían realizar con 2000 palos verdes
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