19-Jul-2006   organigrama multimedia anexo documental colabore contacto
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Sobre la autopista subterránea de la Avenida 9 de Julio
La avenida 9 de Julio de Vido
Por Claudio Lozano - Diputado Nacional

Parece absurdo que De Vido y Telerman coincidan en la supuesta importancia de la autopista subterránea para la 9 de Julio. Más absurdo aún es que se diga que esto se le ocurrió al Presidente al observar el caso de Viena, ciudad que no supera el millón de habitantes y en la que el transporte se basa en tranvías.

Es cierto que la 9 de Julio está mostrando una creciente saturación de tránsito que ya no se limita a las horas pico y que, en un contexto de recuperación económica –particularmente basado en los sectores medios/altos – es de esperar un agravamiento como consecuencia del incremento del índice de motorización. Pero hay que aclarar que los problemas de tránsito norte-sur, sobre el eje 9 de Julio, no se limitan al tramo Carlos Calvo-Arroyo sino que el problema se genera desde el Puente Pueyredón hasta la Avenida Libertador, con lo cual, en base al proyecto Telerman-De Vido, se gastarían u$a 2.000 millones pero mantendríamos dos cuellos de botella en las cabeceras de la futura superautopista. Además, parte importante del tráfico que circula por la 9 de Julio se distribuye hacia las calles trasversales, ingresando en la trama urbana del micro y macro centro. Por lo tanto, habría que estudiar quiénes serían los usuarios de semejante obra de ingeniería tutancamónica ya que hoy, por la 9 de Julio, el tráfico de cargas es irrelevante.

En realidad, este proyecto absurdo compite con la largamente postergada autopista ribereña, que sería capaz de canalizar el transporte de carga, el tráfico portuarios y el porcentaje de vehículos que atraviesan de manera completa la ciudad. A diferencia de la propuesta que entusiasma a De Vido y a Telerman, la autopista ribereña tendría un costo 4 veces inferior (u$a 500 millones).

Por último, si se va a decidir una inversión de semejante magnitud, valdría la pena detenerse un poco a pensar qué ciudad queremos y qué ciudad estaríamos construyendo con el doble túnel que tanto cautiva a nuestros funcionarios. Habría que evaluar si seguimos con la inercia cultural de favorecer el transporte privado frente al transporte público o si se incorporan en el análisis temas tales como, por ejemplo, cuántos kilómetros de subte o mejoras en la articulación ferroviaria se podrían realizar con 2000 palos verdes

 
 
 
 
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