12-Oct-2006   organigrama multimedia anexo documental colabore contacto
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La Cárcova
El arte de la destrucción o el secuestro del espacio público
Por Darío Balvidares*

En 1921 se creaba la Escuela Superior de Bellas Artes que más tarde recibirá el nombre de Ernesto de la Cárcova. Los terrenos, donde se asienta la escuela, habían sido cedidos por el Ministerio de Agricultura de entonces para la concreción del proyecto.

Allí, en la Costanera sur, o mejor, en lo que nos queda de costanera pública a los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires; allí, muy cerca de la escultura de Lola Mora; allí, frente a la reserva ecológica se encontraban los locales del lazareto de cuarentena veterinaria, en el Balneario Municipal. Algunos de esos locales fueron los que el ministerio cedió.

El mismo Ernesto de la Cárcova dirigió los planos para el reciclaje de las instalaciones; la escuela comenzó a funcionar en 1923 y más tarde, en 1928 se inaugura el Museo de Calcos y Escultura Comparada que junto con la Biblioteca y los talleres forman una unidad pedagógica.

Hasta aquí esta breve génesis sobre el origen de la Escuela de Bellas Artes.

La Cárcova: el arte de la desaparición

La reforma educativa que se iniciara con la Ley Federal de Educación (a punto de ser suplantada de acuerdo con el anteproyecto oficial) y la Ley de Educación Superior (confirmada por el anteproyecto oficial) abrieron múltiples circuitos de drenaje en el Espacio Público de la Educación, que para el caso de las escuelas de arte significa la lenta disolución de su historia.
La creación en 1996 - por decreto durante el período menemista - del Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) recicló en departamentos a las escuelas artísticas. La Cárcova fue travestida en Dirección de Posgrado en Artes Visuales dependiente del rectorado del IUNA, mientras que la carrera histórica se cerraba en 1998.

Distintas resoluciones emanadas del rectorado van acompañando la desaparición progresiva de la escuela.

¿Y los posgrados? Nunca se legalizó ninguna carrera de posgrado: ni especialización, ni maestría, ni seminarios...

¿Y el presupuesto?El presupuesto de la escuela devino en caja del rectorado del IUNA, al igual que los terrenos, el edificio, el Museo y la Biblioteca que se quedarían sin alumnos, ni docentes, ni investigadores en artes visuales.

¿Otro tipo de "emprendimiento", tal vez?

¿Lo público se desvanece en el aire?

El arte de revertir todo lo público en privado ya parece una cuestión viral (para no abundar); el principio de reversibilidad de lo público en privado sigue siendo un principio rector, lo curioso es que el principio de reversibilidad debería funcionar a la inversa, sin embargo lo privado no se revierte en público.

El otro principio que naturalizó la reforma es que la educación es pública con distintos tipos de gestiones, entre ellas la gestión privada (ahora, con el anteproyecto oficial se abre la gestión social y la gestión cooperativa, aunque ya existían las escuelas chárter y otras modalidades de gestión, podríamos decir, tercerizada).

¿Podemos permitirnos pensar que el espacio privado es la negación del espacio público?
Sí, lo privado como negación de lo público, esto es, del libre acceso, del pensamiento crítico, de la libertad de cátedra, de una educación liberadora. En función de esto se hace cada vez más necesario un sistema educativo que se organice desde teorías sociales, antropológicas; que desplace las teorías económicas que engendraron la reforma.

La educación pública, incluso, ni siquiera de gestión estatal; ¿por qué? porque este es el estado de las cosas (para no abundar).

¿Acaso no sería oportuno pensar en la gestión pública de la educación pública? ¿Cómo es eso?

En una apretada síntesis: los Trabajadores de la Educación junto con los Estudiantes en el gobierno de la educación con participación de los padres en particular y de la población en general.

Como la Educación es un Asunto Público no podemos permitirnos que esté en las manos de intereses particulares, puesto que lo privado es la negación de lo público; y, siguiendo el razonamiento, el conocimiento debe tener un alcance público porque ese conocimiento tanto el producido como el aplicado deben responder al bienestar general de la población. Claro, esto, si es que buscamos otro proyecto social, otro modelo de país.

¿Y el Estado? Listo para otorgar el presupuesto público que corresponda, para un sistema nacional autónomo de la educación pública.

¿Acaso no se trata de participación democrática? ¿No sería poner en funcionamiento una pedagogía social, frente a la pedagogía de la fragmentación, de la exclusión?

Antes de que el secuestro de los espacios públicos finalice y no haya posibilidad de reversión:
Por la Historia viva de la Cárcova.


*Darío Balvidares es Profesor y Licenciado en Letras (UBA) ; Docente de Educación Media; autor del ensayo, La novela educativa o el relato de la alienación.

 
 
 
 
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