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Los call centers ya emplean a 50.000 personas, sobre todo jóvenes,
en condiciones de presión y precariedad enfermantes, como
resultado de un trabajo donde lo que vale es la obediencia más
que la productividad, mientras se le miente a los clientes para
garantizar ventas. De las promesas de marketing internacional a
la realidad de garaje. Los modos de organización, incluido
un sindicato horizontal, narrados a lavaca por algunos de los que
no se resignan al cerebro teleperforado.
Primer acto: Lucas, 21 años, está feliz. Logró
ingresar en un call center de Buenos Aires llamado Sprayette (en
el aviso figuraba como un contact center internacional, suena mejor)
y va a ganar 650 pesos vendiéndoles a lectores españoles,
en castellano neutro, la suscripción para el diario El País
de Madrid. El País contrató a un call center español,
que subcontrató a Sprayette de Argentina, que subcontrató
a una agencia de colocaciones bonaerense, que convocó a Lucas.
Tal vez logre convertirse en un team leader o en un supervisor.
Segundo acto: Lucas descubre que las posibilidades de vender una
suscripción son de 1 contra 80, pero se esfuerza en castellano
neutro. Sus jefes lo rodean cada vez que hace un contacto, gesticulan
a su alrededor y le piden que mienta para convencer a los españoles.
Lucas obedece, y miente. Ellos celebran. Luego le hacen pagar, como
a todos los demás, parte del regalo de cumpleaños
para un supervisor: un equipo de DVD. Que los cumpla feliz. Lucas
al menos aquí no vio lo que cuenta Sebastián, de Atento:
una rubia hermosa, estudiante universitaria, metódica y cumplidora,
haciéndose pis encima para no perder una llamada, por miedo
a pedir ir al baño.
Intermedio: Al mes siguiente Lucas y sus compañeros reciben
una pequeña sorpresa al cobrar su primer salario. Descubren
que los 650 pesos se transformaron en 490.
Tercer acto: Lucas va a reclamar por el salario. Le contestan: ¿De
qué te quejás? Por lo menos te pagamos en fecha.
Lucas, 21 años, no está feliz.
Break: Lucas y sus compañeros comienzan a hacer cosas impropias,
como no querer participar en los cumpleaños de los supervisores,
ni comer la torta que les convidan durante el break,
el descanso de 15 minutos. Peor aún, empiezan a no festejar
las ventas (actividad que suele ser acompañada con un griterío
y aplausos agitados por los jefes y supervisores).
Cuarto acto: Sprayette decide presionar a una empleada para que
se vaya, por su poca onda. El truco consiste en cambiarle
el turno a esa joven que tiene un niño de 3 años y
vive en Ituzaingó. Ella no puede cambiar de turno, la presionan
hasta que renuncia. Lucas se indigna, se enoja, y toma una decisión
que hace que la jefa de plataforma (la jefa de los supervisores)
lo mire sonriendo y le diga en un castellano no precisamente neutro:
Andate, pendejo.
Para comprender esta historia que Lucas relató a lavca y
la evolución que tuvo luego, tal vez convenga repasar algo
de lo que ocurre en el oficio con más crecimiento de la Argentina:
el de operadores de call centers, o telemarketers (6.000 en el 2004,
casi 50.000 actualmente). Ellos en una de sus páginas web
prefieren autodenominarse Teleperforados, mientras otros están
creando un Sindicato de Teleoperadores como para poder decidir,
entre otras cosas, qué cumpleaños celebrar y cuál
es la torta que quieren comer.
Por lo pronto, conviene aclarar que Lucas tiene 21 años pero
no se llama Lucas, y que prefiere reservar su verdadera identidad,
para evitar represalias.
Outsourcing, multiculturalismo y capacitación
Los avisos son impactantes: "Cubecorp Argentina incorporará
a su Contact Center, candidatos para desempeñarse en sus
funciones de representantes de Venta Telefónica. Formará
parte de campañas de venta al mercado español para
servicios de luz y gas. Requisitos: - Manejo de PC - Experiencia
en posiciones similares (no excluyente) - Excelente manejo de relaciones
interpersonales Ofrecemos: - Excelentes condiciones de contratación
- Capacitación y desarrollo personal - Horarios part y full
time - Ambiente de trabajo multicultural y profesional Zona de trabajo:
Zona Norte de Buenos Aires, Pacheco Argentina, Buenos Aires Somos
una compañía dedicada a proveer servicios de outsourcing
informático a empresas en la Argentina y demás países
de Latinoamérica".
Anuncios como este se encuentran por decenas en los sitios de búsqueda
de empleo, o en los clasificados de los diarios. Algunos están
directamente escritos en inglés. Las empresas se comenzaron
a autodenominar "contact center" para escaparle al nombre
call center (centro de llamados). Pertenecer a un centro internacional
de contactos tiene ostensiblemente más glamour que ser un
vendedor telefónico. De paso, la denominación tiene
un costado sindical: los telefónicos tienen un mejor convenio
que los empleados de comercio, donde en general encuadran a los
teleoperadores. De todos modos, ninguno de estos marcos legales
contemplan debidamente enfermedades típicas del oficio, como
tendinitis, fuertes dolores de espalda y de cabeza, pérdida
de la vista y la audición, agotamiento, o lo que los trabajadores
de call centers definen como trituración cerebral.
¿Qué vende un call center?
Lucas, antes de Sprayette, trabajó en lo que llaman un
call center de garaje, que se define por ser una pieza, sótano
o literalmente un garaje que ni luz tiene a veces, con
una sala con computadoras. Y un vivo que descubrió
el negocio refiere Lucas.
Negocio poco iluminado, oscuro. "Era mi primer call center,
me entusiasmé un montón: primero la entrevista, después
la capacitación, y hacían mucho énfasis en
la calidad de los productos, en la seriedad de la empresa, en el
rol de los gerentes, en la capacitación permanente. Los que
te capacitaban te decían 'yo empecé como vendedor
y ahora estoy en recursos humanos, nunca pensé que iba a
hacer algo así, capacitándolos a ustedes'. Te daba
una sensación de movimiento, de ascenso, de calidad",
recuerda Lucas mientras su hija de un año le habla en un
raro idioma que él parece comprender.
American Lab decía ser una empresa de laboratorios estéticos
de California con sede en Florida, Estados Unidos. En 2001 abrió
su primer call center en Buenos Aires. El negocio era fantástico
porque, según decían, habían descubierto que
los argentinos eran muy buenos para vender. Abrieron otro.
"En la entrevista nos decían que estaban muy felices
trabajando en una casa antigua y reciclada de la zona norte de Belgrano.
Que los productos eran maravillosos porque eran todos naturales.
Que el público eran latinos de los Estados Unidos, muy simpáticos
y amables, que te hacías amigo de ellos y que después
te llamaban para comprarte, con lo cual, hacías mucha plata".
Lucas pronto decodificó es que la primer venta se la habían
realizado a él mismo: "El primer producto que vende
un call center es su propia imagen", describe.
Al poco tiempo descubrió la verdad: American Lab no tiene
ningún laboratorio en California, ni un call center en Florida,
ni productos maravillosos y naturales. "Lo segundo que me vendieron
son las condiciones de trabajo: me dijeron que iba a estar en blanco
a los tres meses pero después se tardaron seis y muy poca
gente llegaba a ese tiempo, la mayoría se iba o lo echaban
a los 3 o 4 meses".
Según lo que vio Lucas en American Lab y luego en Sprayette,
las personas que trabajan en call centers son:
* Estudiantes que ingresan porque las seis horas de trabajo que
les proponen les dejan tiempo suficiente para estudiar, y no les
piden experiencia previa. La mayoría son estudiantes de las
carreras de Marketing, Publicidad, Ciencias de la Comunicación,
Economía, e incluso Filosofía, Sociología y
Derecho, a quienes les prometen que podrán ganar experiencia
en lo de ellos y ascender a puestos mejores.
* Madres solteras, mujeres divorciadas, promedio de 30 años,
que toman este trabajo con la idea de tener tiempo y dinero para
cuidar y criar a sus hijos. Trabajé también
con mujeres profesionales, incluso abogadas que necesitaban más
ingresos.
* Inmigrantes que ingresan en los call centers de venta a España
o a países latinoamericanos. Peruanos, bolivianos, colombianos
o paraguayos que, por no tener papeles o por pura discriminación,
no tienen otra chance. Completan el mapa los adultos que quedaron
fuera del mercado laboral y ven esta posibilidad como último
recurso.
Elecciones
¿Por qué se elige un call center como lugar donde
buscar empleo? Porque justamente no hay mucha elección. Lucas:
"Lo peor es que todos vamos a trabajar el primer día
con la satisfacción de que estamos en algo serio, importante,
digno. Por lo menos los inmigrantes no están en un taller
esclavo 16 horas, las madres no están en un bar de mala muerte
doce horas, donde las manosean y las explotan, el estudiante no
esta en Mc Donalds, y así".
Agrega: "Mientras tanto tu familia piensa que trabajás
para Telefónica, que estás en un lugar de futuro que
progresa al ritmo de las telecomunicaciones. Lo que termina pasando
es que también vos le vendés a tu familia y a tus
amigos la imagen que el call center te vende a vos", concluye
Lucas.
Tal vez forma parte de un mapa sociológico. Los trabajadores
de call centers se criaron con las promesas primermundistas sobre
la globalización, la competitividad, ganadores y perdedores
en la sociedad de la información, el flujo veloz de datos
y mercancías, trabajadores del conocimiento conectados en
red, más libres, calificados y bien pagos, y demás
balbuceos que tuvieron su momento de éxtasis localmente-
durante el menemismo.
Las familias invirtieron lo que pudieron en preparar a sus hijos,
agendarlos y formatearlos para esa lógica, que termina mostrando
esta faceta del outosourcing y el marketing internacional, desde
un garaje oscuro, en negro, tercerizado y sin cobertura legal.
Y aunque el lugar sea lindo, lo que ves es un desfasaje entre
el lugar supuestamente internacional e importante, y lo sordo y
extenuado que quedás por un sueldo ínfimo, dice
Lucas.
Pis encima
Atento Argentina es una empresa creada por el Grupo Telefónica
para que funcione como call center (curiosidades de la época
de la concentración: Sprayette también pertenece a
dicho grupo). La necesidad de este tipo de sub empresas puede explicarse
con un argumento obvio: "Atento fue creada por Telefónica
con el único objetivo de precarizar las condiciones laborales
de los trabajadores. Crearon un fraude para no contratarnos directamente",
denuncian los trabajadores.
Sebastián trabaja en Atento, tiene 29 años y estudió
para ser docente. Su relato echa luz sobre las condiciones de trabajo:
"Tuve muchos oficios en mi vida: limpié baños,
fui docente en escuelas en donde los pibes más que aprender
matemáticas necesitaban afecto, vendí revistas en
el tren y hasta fui personal trainer. Así y todo podía
estudiar y rendir bien. El cansancio era físico y natural.
El único trabajo que me quebró fue este", dice
con la mirada perdida.
"Me quebró la cantidad de llamadas que hay que atender
en pocos segundos si no lo hacés la empresa te descuenta
50 pesos-, me quebró esa presión y también
ver a otros compañeros mal. Por ejemplo una chica de 20 años,
estudiante, muy bonita, muy inteligente, la típica niña
prodigio, me tocó verla hacerse pis en el lugar de trabajo
por miedo de ir al baño...", cuenta con angustia.
Atento inició una lucha hace casi tres años por mejores
condiciones y para defender a los trabajadores que sistemáticamente
son despedidos sin causa. Antes de 2003 trabajan 4.500 personas
divididas en las sedes de Atento Martínez, Barracas y Mar
del Plata. Según explica Carolina, compañera de Sebastián,
la empresa empezó a arreglar con trabajadores
por sueldos de mil pesos. A los de Barracas, en su mayoría
jóvenes de la zona sur, les ofrecían ir a trabar a
Martínez, con lo que los obligaban a renunciar. Así
quedaron apenas 500 trabajadores. El vaciamiento se efectivizó
en junio de 2003. Un mes después Atento ya empezaba nuevamente
a contratar pero con nuevas condiciones: 200 pesos menos de salario
básico. Para la inauguración de esa nueva etapa, la
empresa invitó a Néstor Kirchner y decoró con
plantas, flores y alfombras el edificio. Sin embargo, ni bien terminó
el acto, quitaron toda la escenografía: Ni las flores
dejaron, cuentan los chicos.
Según explican, es política de la empresa cambiar,
rotar, renovar a los trabajadores y sobre todo a los que tengan
más potencial de organizar alguna revuelta. En esta empresa,
los trabajadores llevan en su haber tres tomas del edificio y siguen
de pie ahora no solo contra la opresión de la empresa sino
también tratando de huir de partidos políticos de
izquierda que intentan regimentar al resto (en esta lógica,
se sabe, los que no quieren ser regimentados son acusados por los
partidos como oficialistas, contrarrevolucionarios
y floridos adjetivos de ese tipo).
Sebastián cuenta una de sus teorías: En Atento
nunca estás en paz y nunca estás en conflicto. En
otros lugares trabajás hasta que llega el conflicto, hay
paro, dura un día o dos. Negociás con el patrón,
termina el conflicto y volvés a trabajar bien. Acá
nunca estás en conflicto salvo cuando hay despidos masivos:
se organiza la pelea por la reincorporación pero cuando termina
no estás en paz, seguís presionado, siempre en conflicto
con este trabajo.
Carolina cuenta que la reprobaron en un parcial que rindió
justo cuando fue la última toma de Atento de la que ella
participó hace casi un mes. Razones del bochazo: No
pude pensar bien, estaba saliendo de una situación de encierro
y de violencia y pienso, pucha yo quiero que acá mejoren
las cosas pero también me quiero recibir....
Puse mucho de mi vida
El trabajo implica una presión enferma física y mental,
y un dilema referido a la propia identidad: Tenemos otras
vocaciones e intereses y estamos peleando por ser telefónicos.
Y la verdad es que nadie quiere ser telefónico por deseo
propio, confiesa Carolina. Agrega: Muchas veces me preguntan
¿de qué trabajas? Y aunque no me da vergüenza,
no puedo sentirme orgullosa de mi trabajo. Además soy millones
de cosas antes de trabajar en un call center.
Sebastián se suma: No sé si quiero ser telefónico,
pero es la herramienta que veo como para que mi ahijado no trabaje
en un call center así. Que sea un oficio como el de carpintero.
Por mí, que desaparezcan, pero como no va a pasar, nos queda
pelear.
Según las estimaciones oficiosas en estos lugares cerca
del 70% de los trabajadores padecen desde problemas psiquiátricos,
pérdida de la audición, nódulos en la garganta,
tendinitis, hasta enfermedades de la espalda y de la vista, entre
otras, donde ya ni enumeran lo que parece natural: el estrés,
el agotamiento. Lucas: Las propias empresas pusieron el límite
de 6 horas no por solidarias ni por bondadosas, sino porque saben
que más allá la persona ya no sirve para nada, y su
rendimiento cae totalmente.
El último caso que sucedió en Atento le tocó
a una joven asmática: Pusieron el aire acondicionado
muy caliente y despidió unas partículas tóxicas:
se le cerraron los bronquios, se desmayó, no podía
respirar bien y se la llevó una ambulancia que tardó
media hora en llegar. Estuvo dos días internada porque no
se le cortaba eso que había respirado. Todos los que nos
quedamos teníamos un dolor de cabeza terrible por ese olor
que estuvimos respirando, recuerda Cristina.
Sebastián responde por qué vale la pena quedarse y
no renunciar: Yo puse mucho de mi vida acá. Quiero
que esto sea un trabajo digno.
Último acto
Detalles de la vida de Lucas en Sprayette:
* La diferencia entre el sueldo prometido y el real se debe a que
era muy difícil la campaña de suscribir a españoles
al diario El País. Al hablarte de 650 pesos metían
gente. Cuando nos encontramos con 490, los de Sprayette nos mandaron
a la agencia, y viceversa.
* Lucas calcula la proporción en contra de 80 a 1 para encontrar
a un lector de El País. Pese a que es el diario más
leído, con 500.000 ejemplares, hay 40 millones de españoles.
Cuando encontrábamos a un lector del diario, los supervisores
se nos venían encima para que les dijéramos cualquier
cosa con tal de asegurar la venta. Nos pedían que mintiéramos.
Les decíamos que por el diario de 1 euro les íbamos
a descontar 70 céntimos por día de su cuenta bancaria.
En realidad, se les iba a cobrar todo junto, pero era un modo de
engatusarlos. Si lo lograbas, los supervisores empezaban a gritar
y aplaudir: ¡grande, puto, hicimos la venta!
* De la venta por un total de 100 euros (400 pesos aproximadamente)
al teleoperador le quedan, limpios, 3 pesos.
? El mal humor de muchos teleoperadores los alejó de tales
festejos. Durante el cumpleaños del supervisor al que le
regalaron el DVD con el dinero que obligaron a poner a todos, los
encerraron en la plataforma para obligarlos a celebrar y no tener
su break aparte.
* Comenzó la presión con una de las jovenes teleoperadoras,
obligándola a cambiar de turno, cosa que ella no podía
hacer. Sus compañeros la incitaron a seguir trabajando en
su turno hasta que ella dijo: Basta, no quiero pelearla más,
y se dio por renunciada.
* La jefa de plataforma apareció sonriendo como sobrándonos
cuenta Lucas, para borrar de la pizarra el nombre de esa joven y
de otra que en realidad había pedido día de estudio.
Lucas discutió con esta mujer, y finalmente él mismo
se borró de la pizarra. Estaba perdiendo mi propio
trabajo, pero no pude aguantar el modo en que se reía de
nosotros, cómo nos estaba sobrando.
* Le dije que alguna vez se iba a acordar de toda la gente
que estaba jodiendo. Me contestó: Andate, pendejo.
Algo está pasando
El fin de la historia es paradójico. Lucas consiguió
trabajo en Atento, donde ha confirmado que la lógica de estas
empresas responde a un molde nuevo: La productividad no está
medida en relación a las ventas, sino a la obediencia del
operador. Lo importante para ellos es que cumplas el tiempo de entrada,
de salida, el tiempo del break. No se valoran tus ventas, sino tu
nivel de conexión a la máquina y de docilidad. Me
cuesta encontrarle explicación, pero se ve que la productividad
para ellos es que después de un tiempo te destruyeron el
cerebro, y directamente te conectás todo el tiempo, levantás
llamadas al ritmo que ellos quieren, y la ventaja es que no tenés
otra cosa en la cabeza.
Más detalles. Atento, para evitar los conflictos con los
empleados que piden el pase al convenio de telefónicos, está
transfiriendo sus propias tareas de call center de las telefónicas,
a Action Line, por ejemplo, mientras recibe campañas de otro
tipo de empresas (lo cual evitaría que se la considere una
subsididaria de una empresa telefónica).
El negocio promete seguir adelante. Lucas cuenta que el Banco Río,
con 40 operadores propios, logró la venta del 40% de sus
productos bancarios. Ahora hacen la apuesta de contratar a
Action Line, para poner 100 telemarketers.
Pero existe otra parte de la historia. Se está armando
un Sindicato de Teleoperadores por afuera de Foetra, el sindicato
telefónico. Foetra es un sindicato de empresa, nació
con la vieja Entel y quedó con Telecom y Telefónica.
Tiene 12.000 afiliados en todo el país. Para muchos chicos
la gran reivindicación es entrar a Foetra, ser reconocidos
como telefónicos, pero muchos pensamos que lo mejor es armar
un sindicato aparte, nuestro. En lugar de algo burocratizado donde
las decisiones se toman en otro lugar que no es un call center,
que las decisiones sean entre los que verdaderamente trabajan en
estos sitios.
El Sindicato tiene su página web www.sindicatodeteleoperadores.com
(la otra página que registra esta realidad es www.teleperforados.com.ar)
El sindicato está abierto a los que quieren pelear
por estar en Foetra. Que cada uno elija. Yo creo que es mejor un
sindicato aparte, porque lo de Foetra encima no es un convenio,
sino un subconvenio de los telefónicos: por eso nadie va
a cobrar como un telefónico ni en ese sindicato. Tampoco
Foetra intenta que los demás call centers pasen a ser telefónicos,
para no tener lío con el Sindicato de empleados de comercio
de Armando Cavalieri. Ellos intercambian cuotas sindicales, mientras
nosotros miramos. Bueno, ahora no miramos más.
El Sindicato editó una revista llamada Algo está pasando,
tiene 400 afiliados solamente en Córdoba (donde nació)
y 1.000 en todo el país. Cuenta Lucas: Es horizontal,
porque las decisiones se toman en asamblea. Y es independiente de
los partidos y sindicatos. Los partidos salieron a decir que somos
kirchneristas, patronales y mil millones de cosas para tirarlo abajo.
Pero nadie puede decir eso, cualquiera puede participar en las reuniones
y verlo. En Capital, los encuentros se hacen los viernes a las 6
de la tarde, en Libertad 70, un estudio de abogados que colabora
con el proyecto.
La nueva organización, además busca romper varios
moldes sindicales: No está previsto que el sindicato,
si fuera reconocido, cobre cuota sindical obligatoria. Voluntaria,
o nada. Ni va a haber ningún puesto rentado. Queremos romper
el negocio de los sindicatos, y hacer nuestra propia experiencia,
sin dejar que haya otros por encima que quieran decidir por nosotros,
dice Lucas actualizando esta nueva parte de su historia, que recién
está empezando.
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