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Reportaje a Franco Villalba, miembro de la Comisión
Interna de The Value Brands Company (TVB), ex Jabón Federal,
fábrica en la que trabajan 250 operarios ubicada en San Justo,
La Matanza.
- LdC:¿Qué cambios ves en la clase obrera?
- F.: A partir de fines del siglo XX y comienzo del XXI se han
combinado en las fábricas distintas generaciones. Están
los compañeros más viejos, que son parte de esa generación
de obreros peronistas, pero que hoy ya no tienen ese fanatismo y
mucho menos dan la vida por el gobierno y los políticos que
dicen serlo, aunque siguen votándolos en cada elección.
Gente muy arraigada a una tradición familiar. La mayoría
inmigrantes del interior del país con sus características
culturales y religiosas muy conservadoras. Ellos pasaron dentro
de su trabajo experiencias de lucha, algunos con triunfos y muchos
otros con pesadas derrotas, como en el caso de los que estuvieron
en el viejo Federal (así se llamaba la fábrica anteriormente),
que tras el vaciamiento de la empresa tuvieron que aceptar convenios
de trabajo que eliminaban hasta la conquista más elemental,
como el plus por antigüedad. Cuesta mucho generar en estos
compañeros la idea de que es posible conquistar triunfos
si se encara una lucha, porque responden ante las iniciativas que
surgen con ejemplos de traiciones pasadas. Pero también hay
momentos en que se suman con emoción, como sucede en mi trabajo.
Aquí pasaron de una total pasividad y resignación
a una participación activa en el proceso de organización
de la fábrica, dado que la juventud logró convencerlos
de que la combinación entre las diferentes virtudes (experiencia
y fuerza) de ambos sectores podría hacer posible un cambio.
Aquí entran las nuevas generaciones de obreros de entre
19 y 30 años que entraron en los últimos tiempos y
que de a poco se empiezan a conformar como mayoría dentro
de las fábricas. Esto sucede más que nada en las empresas
multinacionales que desde el menemismo en adelante, y ahora beneficiadas
por la devaluación, aumentaron su inserción y explotación
en Argentina, o que compraron a empresas que anteriormente fueron
de capitales nacionales. Empresas de alimentación, servicios,
artículos de limpieza, siderurgias, automotrices, etc., son
reorganizadas en su proceso de producción. Aquí son
incorporados jóvenes, en su mayoría técnicos
electromecánicos, electrónicos y con otros títulos.
Pero no son remuneradas sus especialidades ni estudios. La condición
de obrero especializado hoy es mucho más rara entre los trabajadores,
que somos burros de carga en el lugar de trabajo que a la patronal
se le ocurra. Este cambio es realmente significativo. Es una verdadera
transformación del paisaje social de la Matanza. Cuando yo
todavía no tenía 20 años, en los años
anteriores al 2001, me acuerdo que en el barrio todos los pibes
estaban sin trabajo, era raro encontrar un joven que te cuente que
trabajaba de operario. Hoy no sólo te encontrás a
muchos de aquellos pibes que están laburando por todas partes,
sino que hablando con cada compañero, ves que un familiar
o un amigo está trabajando en alguna fábrica. Entre
los compañeros de Jabón Federal tenemos los que tienen
familiares o amigos en decenas de fábricas. Cuando fue el
conflicto de SABO, nos enteramos por un compañero de fábrica
que vino a buscarnos a los de la interna para presentarnos a sus
conocidos, también así -por un hermano- nos enteramos
del conflicto de Ayudín. Y así tenemos decenas de
ejemplos. Esta nueva generación de trabajadores tiene, a
mi modo de ver, una cultura más abierta. Comienzan a cuestionar
las leyes patronales pero tienen muy poca o ninguna experiencia
gremial y mucho menos política. El peronismo, y más
aún la burocracia sindical, reciben el rechazo inmediato
de esta generación. Sin embargo esto los lleva generalmente
al apoliticismo, sea de izquierda o de derecha. La religión
está menos arraigada y se reúnen en diferentes grupos
(especies de tribus urbanas) según gustos musicales (rock,
cumbia, electrónica, reggae), barriales o ideológicos
similares, con un fuerte consumo de productos de moda como los celulares,
IPod (mp3), DVD´s. Te cuento una anécdota: en el proceso
de formación de la interna por el que pasamos no hubo reunión
que no fuera grabada y acontecimiento interno del que no se hayan
sacado fotos con los celulares. Otra anécdota fue que en
una asamblea, con la comisión directiva de nuestro sindicato,
en medio de una plan de lucha por aumento salarial, uno de los pibes
saco un IPod y se acerco al burócrata que estaba hablando
arriba de unas tarimas para grabarlo. El viejo le miró el
MP3 con cara de susto y le preguntó, medio tartamudeando:
¿Qué es eso?. El obrero de 22 años
le dijo con cara de maldad: ¡Una Bomba!. Esto
despertó una carcajada generalizada entre los compañeros
que puso en ridículo a la burocracia. Los nuevos trabajadores
tienen incorporada a su vida cotidiana el uso de todos estos elementos
y eso es una enorme demostración del potencial que tiene
la clase, que es capaz de dar mucho más que la superexplotación
y rutinarismo a los que los somete el capital en las fábricas.
La novedad cultural la vivís todos los días. Cruzándose
en los diálogos con grupos de amigos, conversaciones de las
coincidencias culturales con la realidad que cada uno vive en sus
lugares de trabajo. Los músicos que escuchan hacen letras
que intentan reflejar la vida de estos jóvenes reivindicando
la rebeldía. Algunos para vender más,
y otros porque realmente surgieron de estas tribus y las mantienen
por compromiso o para intentar aportar una idea de cambio aunque
generalmente provocan impotencia. Pero también están
las que directamente no tienen letra y las que es lamentable que
las tengan.
-LdC: Todo un avance social...
-F.: Bueno, igual lo que te cuento es parcial porque es lo que
veo en la fábrica. Pero tené en cuenta que los obreros
sindicalizados como nosotros son una minoría y los que cuentan
con internas en sus fábricas son una minoría dentro
de esa minoría. La mayoría de los nuevos trabajos
que encuentran los pibes, y peor aún cuando te cuentan de
sus trabajos las compañeras mujeres, son en general más
precarios. Peores pagos, y en fábricas que te tienen años
contratado y despiden todo el tiempo. El otro día un compañero
de la fábrica le pidió a los abogados del CeProDH
-que son los que nos dieron una mano enorme en el proceso de organización
y que nos siguen respaldando con todas las necesidades legales que
tenemos- que ayudara a su esposa y otras compañeras que trabajan
en una fábrica de juguetes. Allí las tienen contratadas
durantes tres o cuatro años antes de efectivizarlas, no les
habían pagado el aguinaldo a los efectivos y todos los años
toman decenas de pibes y pibas por un par de meses. Allí
hay decenas de miles de compañeros que pueden ser los verdaderos
protagonistas de los procesos de organización de los próximos
años, donde hay mucho por ganar y poco por perder, porque
son trabajos ultra explotadores... Hay más trabajo, pero
la mayoría en condiciones de explotación insoportables.
Lamentablemente los sindicatos se niegan a representar y defender
a estos compañeros. Nosotros queremos cambiar esa historia
y nos queremos jugar todo por ellos. Todos los efectivos cada vez
sienten más bronca cuando ven que descartan a los contratados
pero aún no podemos lograr que esto deje de verse como algo
natural y poder así largar un fuerte plan de lucha
por defender a los más precarizados. Fueron años de
ver pasar gente que hoy estaba y mañana no. Por eso cuesta
muchísimo, pero vemos que estamos dando importantes pasos
en la unidad de las filas de la clase obrera.
-LdC: ¿Y cómo ven a los dirigentes tradicionales
de los sindicatos?
-F.: Los trabajadores de hoy ya tuvieron demasiadas experiencias
directas o indirectas como para que sigan considerando a la burocracia
como gente que está de nuestro lado. Saben muy bien que estos
han traicionado y entregado luchas y conquistas. Los ven como gente
que sólo viene a buscar el sobre. Generalmente
los más pibes. Tal vez entre los más viejos aún
hay un gran sector que todavía los considera aliados o males
necesarios. Pero así también otros que los conocen
muy bien y ven en ellos a los responsables de muchos males y como
amigos de la patronal. En nuestro caso eran algunos de los más
antiguos los que nos alertaban sobre la necesidad de cuidarnos de
ellos porque te mandan al frente, según decían.
Por eso a veces hasta es difícil convencer a los compañeros
más activistas de que tenemos que hacer experiencias para
que toda la fábrica vea que no somos los responsables de
estar luchando solos, sino que nos obligan. Prima el odio y la bronca
ante todo, pero hay que trabajar mucho para que conquistemos la
práctica de una organización obrera democrática
que pueda prepararse para luchar por reconquistar los sindicatos.
-LdC:¿Y al gobierno de Kirchner?
-F.:Es difícil saberlo, y los compañeros con los
que puedo hablar no tienen mucha confianza en el gobierno, aunque
varios lo votaron. El problema es que la experiencia de la clase
se está desarrollando, en mi opinión, todavía
en el terreno del enfrentamiento y la bronca contra la patronal.
Todavía no se generaliza para ver que el gobierno se está
jugando con todo para que la patronal mantenga las ventajas que
nos sacó en los años anteriores. Yo creo que en la
medida que se generalicen los reclamos obreros, los trabajadores
van a poder ver en forma directa que el gobierno queda más
o menos bien parado porque el crecimiento económico le da
una ventaja en relación a los últimos años.
Pero cuando ven en los diarios que la distribución del ingreso
es todavía peor que en los años 90, esto los
lleva a una gran contradicción. Ya se va a dar que los trabajadores
de conjunto lo enfrenten. El problema de la diferencia entre ganancias
capitalistas, precios de la canasta básica y salarios es
una de las principales luchas motoras que empujan al nuevo movimiento
obrero a comenzar a hacer estos importantes primeros pasos.
-LdC: ¿Qué podés decir del comportamiento
sindical de este nuevo sector de la clase obrera?
-F.: La actitud de ellos ante el día a día es de
protestas permanentes ante la explotación. Comentan sus inquietudes
entre sí y sugieren opiniones de los más adultos.
Aunque a veces son diferentes las actitudes y reacciones entre estas
dos generaciones, siendo los últimos más pasivos,
pero muchas veces impulsados al cambio por la inquietud de la juventud.
Lamentablemente una gran parte de la nueva generación reniega
de la vieja por la situación en que hoy se encuentran producto
de pasadas derrotas y no se sienten parte de esta clase ni del reconocimiento
de las luchas históricas del movimiento obrero. Sólo
algunos se reconocen como parte de la clase obrera al darse cuenta
de que sus padres o abuelos están o estuvieron en fábricas,
que han tenido historias que coinciden en lo cotidiano con las de
ahora. Los obreros que hoy comienzan a tener sus primeras experiencias
de lucha gremial y política recurren a sus redes familiares
o de amistad para lograr conseguir aportes, conociendo los aciertos
o errores vividos por otros. El nuevo movimiento obrero permite
que se den situaciones en donde nuestros compañeros de trabajo
tienen hermanos o amigos de más o menos su misma edad que
son delegados o conocen a alguien que tuvo alguna experiencia útil
para tomar como ejemplos. Todo esto que te cuento lo supimos recién
cuando avanzamos en la organización interna de la fábrica,
antes como que estaba dormido.
-LdC: ¿Cómo es eso de que los nuevos trabajadores
no se sienten parte de la clase obrera y del reconocimiento que
encuentran en viejas anécdotas familiares?
-F.:Sí, entre mis compañeros encontrás muchos
que están podridos de la presión que mete la patronal,
y con la idea de que hoy se puede conseguir trabajo en otro lado
no ven con malos ojos que los echen con unos pesos. Algunos para
probar suerte con alguna otra cosa que no sea bancarse un laburo
de fábrica. Desde ya que ese estado de ánimo cambió
con el triunfo enorme que tuvimos con la conquista de la interna
y los trabajadores recuperaron parte de su estima y empezaron a
sentir que son parte de algo nuevo, y a la vez hubo una recuperación
de experiencias vividas por otra generación que para ellos
hasta ahora no tenía la menor importancia. Es decir que a
partir de haber protagonizado una acción importante en la
fábrica, comienzan a revalorizar experiencias del pasado
y sentirse más conectados con la experiencia histórica
de la clase. También tenemos que decir que al no generalizarse
este proceso en forma inmediata, es difícil mantener este
estado de ánimo muy alto y los compañeros que más
al frente estuvieron son poco comprensivos con la pasividad que
prima entre la mayoría de los trabajadores. Te cuento que
un compañero mío, a los pocos días de que ganamos
la interna se encontró con otro trabajador jabonero de una
empresa que no está organizada, un amigo suyo. A este otro
compañero le planteó que lo podíamos ayudar
a organizarse y su amigo le dijo que para qué, que él
está bien y que por ahora la pilotea y otras cosas así.
¡Para qué
! Casi le pega de la bronca al ver que
no le importaba nada. Bueno, a mi modo de ver es lenta la recuperación
del sentido de pertenencia a la clase y a sus procesos, plagada
de estos contratiempos. Las nuevas políticas de las empresas
actúan con mucha presión sobre los trabajadores. Impulsan
formas de trabajo donde nos quieren convencer de que ayudar
a la empresa es el modo de progresar. Intentan que veamos
al patrón como un socio amigo. Pero siempre culpan a los
obreros de las crisis de competitividad con otros capitalistas.
Y a veces esto penetra en las ideas de la gente. Por ejemplo, hace
unos años atrás en el trabajo, mis compañeros
tenían la lógica de que para estar mejor había
que tomar mate con el encargado. En los baños lo único
que se leía escrito en las puertas eran acusaciones de que
tal era un vago, o gastadas futboleras y cosas por el estilo. Con
el tiempo y las nuevas experiencias, y al ver que hacerles favores
a la compañía sólo profundizaba la explotación,
la conciencia comenzó a cambiar. El compañerismo se
empezó a imponer por sobre la competencia. Hasta que cada
vez más está primando la conciencia de que el dueño
es un enemigo, un ladrón, un abusador. Se entiende más
claro que no se les debe ningún favor ni mucho menos, que
la relación es sólo vender su fuerza de trabajo a
cambio de un salario. También a ver como un aliado o amigo
a sus compañeros. Y ahora se escribe en los baños
acusaciones a los carneros, buchones, a la empresa y el sindicato.
Aunque siempre se guarda un rinconcito para las gastadas post
domingo. Hasta que no comenzamos a organizarnos por la interna
nadie te contaba que su amigo/familiar había hecho algo
en su trabajo. Ninguno comentaba sobre lo que pasaba en los trabajos
de sus allegados. Hizo falta que en la planta empecemos a organizarnos
para que nos contaran que tal obrero conocido nos puede dar un consejo
o hacer una reunión conjunta. Esto sólo surgió
cuando la misma experiencia viva hizo ver tal necesidad. Mientras
que antes sólo recibía opiniones de mis compañeros
del estilo nadie se va a enganchar o no se puede
hacer nada. No sabíamos donde trabajaban sus amigos
o parientes. Mucho menos lo veían como algo importante a
tener en cuenta. Los partidos de fútbol, asados y fiestas
sirvieron para conocer más íntimamente a cada uno.
Hoy en día se generaliza la idea de que es necesario organizarse
y coordinarse con otros obreros aunque no sean de su gremio. Incluso
las conclusiones de ¿cómo hay que hacer para terminar
con la explotación? son más frecuentes. Se empieza
a reflexionar y a sacar conclusiones de que por más aumentos
de salario, convenio beneficioso para nosotros o delegados combativos
que tengamos, nunca va a terminar la lucha hasta que no existan
más las clases sociales.
-LdC: Por lo que contás es un panorama bárbaro,
donde una vez que los trabajadores arrancan con la experiencia no
paran de avanzar. ¿Es tan así?
-F.: No, también hay que ver los límites que son
muchos. Los trabajadores que hoy se ponen al frente de las luchas
y de los procesos de reorganización son muy combativos y
suelen ser muy radicales en sus posiciones. Pero generalmente tienen
el problema de que no tienen paciencia para mantener la relación
conquistada en los momentos de lucha con los sectores más
atrasados. Pierden su relación con ellos y hasta se ofuscan
cuando escuchan sus posiciones pasivas. A veces hacemos discusiones
muy duras sobre la necesidad de preparar al conjunto de la fábrica
para poder lanzar algún plan de lucha o alguna acción
para la que se necesita que haya un consentimiento mayoritario del
conjunto de los compañeros. Impulsados por una sucesión
de aciertos y triunfos recientes, tienden a querer salir a la lucha
sin tener en cuenta que es indispensable para esto estar organizados
y que ésta tenga el sustento firme de la asamblea de base.
Con este método nos manejamos desde que nacimos y hay que
mantenerlo. Porque en los momentos más difíciles fue
precisamente la asamblea la que pudo sostener la columna
de cada conflicto. Los activistas son los que se ponen al frente,
los que llevan hasta el final cada tarea y la garantizan, pero éstos
pueden correr el peligro de transformarse en simples caudillos si
no hacen grandes esfuerzos por mantenerse siempre ligados a la base.
Criticar el relativo atraso de la gente no es la salida, sino dar
fuertes luchas políticas y discusiones para tratar de revertir
ambientes hostiles para dar pelea. Cuando están a favor la
disposición de lucha y conciencia de organización,
los obreros más activos se ponen en la cresta de la ola y
se sienten en su salsa, pero los momentos de pasivizacion y calma
los desesperan y en sus opiniones y acciones demuestran impotencia.
-LdC: ¿Y cómo se resuelve esta contradicción?
-F.: Mirá, en mi opinión este es el crimen del sindicalismo.
Resulta que en la fábrica, para salir a pelear, para hacer
acciones, tenés que esperar a contar con el estado de ánimo
favorable de una mayoría de los trabajadores. Lamentablemente
no podemos seguir el ritmo que desearían los mejores compañeros,
los que están desde el principio, los que te dicen que los
que hicimos todo éramos 20 y por qué hoy tenemos que
escuchar las opiniones de todos esos que al principio no veían
nada. Pero la respuesta del problema no está sólo
en decirle a los compañeros más combativos que tengan
paciencia. Con esos compañeros tenemos planteado retomar
la organización de los compañeros más avanzados
para fortalecer la organización de los trabajadores en la
fábrica y en la zona. Con estos compañeros hay que
avanzar en la politización y la discusión sobre las
formas en las que nos preparamos para combates superiores de los
trabajadores y cómo nuestra clase no se limita a luchar por
las conquistas perdidas sino que prepara la contraofensiva contra
los empresarios. No sólo contra los abusos de la explotación
capitalista, sino contra la propia explotación. Hoy estamos
discutiendo con los compañeros de otra interna y varios activistas
de la Matanza organizar un agrupamiento de activistas combativos
para enfrentar la enorme desprotección en la que se encuentra
la mayoría de los nuevos miles de trabajadores. Es un paso
pequeño, pero sirve para crear la costumbre de buscar por
fuera de las formas conocidas de organización (como los sindicatos)
formas superiores de coordinación y organización de
la fuerza de nuestra clase.
-LdC: ¿Cómo fue el proceso en la fábrica?
-F.: La verdad es que lo que tuvimos que pasar en la fábrica
para conseguir lo que hoy tenemos es digno de contar. Desde que
empecé a trabajar todos nos comentaban las injusticias que
se vivían y que a todo aquel que quiso hacer algo lo echaron.
Se veía como imposible poder organizar algo y te decían
que no te arriesgues porque la gente se echa hacia atrás
o por que éramos minoría. Eramos 300 obreros y no
teníamos delegados desde hacía 8 años, cuando
Federal fue comprado por una multinacional. A principios de 2005
empezamos a juntarnos en los bares donde siempre nos reuníamos
para tomar algo, pero esta vez con la idea de ver qué posibilidades
teníamos de llegar a tener delegados. Obviamente al principio
entrábamos en un remís los que nos veíamos.
Luego tuvimos que cambiar de lugares porque el de antes nos quedaba
chico y por que sabíamos que la patronal nos vigilaba de
cerca. Hicimos de todo: volantes, petitorios, telegramas, etc. Mucho
trabajo de organización oculto, que durante meses no lo conocía
ni la mitad de la fábrica y también, luego, mucho
trabajo público, de organización y fortalecimiento
del conjunto. Tantas cosas que cuando la patronal se quiso acordar
ya éramos demasiados para que algún despido impidiese
que lográramos nuestro objetivo. Uno de lo obreros más
viejos de la fábrica, con 33 años de antigüedad,
nos dio una mano indispensable siendo la cara visible de nuestra
lucha. Sabíamos que la empresa no iba a echarlo sin antes
lograr descubrir quién estaba detrás. En una principio
éramos los más de confianza pero con el tiempo hasta
lo más pro-patronales tuvieron que sumarse para no quedar
en minoría. En el camino me despidieron, pero los obreros
pararon la fábrica para lograr mi reincorporación.
Fue una acción creo que inédita, hecha por mis compañeros,
sin siquiera tener comisión interna. Arrancamos asambleas
a la burocracia que no las hacía desde hacía años.
En una de ellas los obreros los encerraron para que no se escapen
hasta que se hagan cargo de la situación. Se hicieron colectas
y movilizaciones al Ministerio de Trabajo, además de un festival,
campañas mediáticas y un petitorio firmado por 18
diputados y decenas de organizaciones. Fue acá donde también
las mujeres de los compañeros dieron un gran aporte con su
apoyo desde cada hogar y con la participación activa de algunas
de ellas para mantener una moral dura en momentos difíciles.
Hasta que el tribunal tuvo que ordenar mi reincorporación
para lograr mi postulación a delegado. La burocracia seguía
tratando de hacer de todo para que no pudiéramos presentar
nuestra lista pero con la fuerza y unidad de los trabajadores logramos
oficializarlas cuando copamos el sindicato. Pero esto no termina
acá. El día de las elecciones la burocracia quería
montar un fraude impidiendo la presencia de nuestros fiscales. Se
paró hasta que finalizara la elección y se dieran
los nombres de los nuevos delegados, esa fue la reacción
de mis compañeros de trabajo. Desde las 5 de la mañana
hasta pasadas las 18 hs., todo el día, respondiendo a cada
amenaza de la patronal con una decidida votación unánime
de la asamblea por continuar el paro hasta que finalice el escrutinio.
Así, entre cantos que estallaban de bronca y la lluvia que
animaba a no parar de saltar e insultar a la comisión directiva
del sindicato y el agradecimiento de uno de los pibes que en el
día de su cumpleaños decían haber recibido
el mejor regalo, aplastamos por cien votos a los candidatos del
sindicato. Los más viejos miraban este día con emoción
y decían no ver un paro desde hace más de 15 años.
Un día de furia, decía uno de ellos. La
patronal y el gremio ya no tenían forma de parar este triunfo.
Luego fuimos a un nuevo plan de lucha que concluyó con un
aumento salarial de casi 20%. Hoy tenemos aún mucho que conseguir
y nos estamos preparando para eso. Pasó en el viejo Federal
donde nadie pensaba que pasaría. Lo mejor es que no fuimos
dos, ni tres, los que garantizábamos cada acción sino
que surgió un gran grupo de activistas obreros que se aseguraban
de que cada cosa salga bien. Los delegados por sector surgieron
antes de los delegados legalmente reconocidos. Lo que
permitió conformar una verdadera lista nacida desde
abajo.
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