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Las condiciones laborales de miles de trabajadores en toda la Argentina
son terribles. Ello a causa de los bajos salarios, los ritmos de
producción, la súper explotación, la precarización,
y sobre todo, porque el trabajador resulta ser un objeto carente
de derechos. El patrón se apropia no solo de lo que produce
el trabajador - que es la base del sistema de explotación
capitalista: que millones trabajen para que un pequeño grupo
viva sin trabajar-, sino que además el patrón afecta
directamente la salud de sus trabajadores. Miles de trabajadores
sienten en sus cuerpos, en sus manos, en sus piernas, en sus pulmones,
en su sangre, en su psiquis las consecuencias de las malas condiciones
de trabajo. En este marco, es que ha surgido hace poco tiempo lo
que se ha conocido como mobbing o psicoterror laboral
o maltrato laboral. Se define como un proceso de destrucción
de la salud psico-fisica del trabajador que tiene como fin que el
trabajador se discipline y, en caso contrario, abandone su puesto
de trabajo, renuncie, se vaya. Este proceso que se va desarrollando
en el tiempo puede generar en el trabajador, ansiedad, estados depresivos,
stres, trastornos en el sueño, problemas gástricos,
y en alguno casos ha derivado en el suicidio. Quienes lo llevan
adelante son denominados acosadores, puesto que se define
a esta situación como acoso moral. Recientemente
la Jurisprudencia del país y del mundo ha tomado nota de
este fenómeno que afecta a millones de trabajadores en todo
el mundo, y que se relaciona con la violencia laboral
silenciosa, que puede consistir en humillaciones, traslados compulsivos,
aislamiento social, no reconocimiento de los logros, quitar áreas
de responsabilidad, separarlo de sus colaboradores mas cercanos,
utilizar espacios de reunión para descalificar, humillar,
desvalorización constante de la tarea, encargar trabajo en
exceso, amenazas e intimidación, ejercer control a través
del miedo, desgastar psicológicamente hasta conseguir que
la víctima se autoexcluya, entre otras variadas y silenciosas
formas de maltrato laboral. Se ha reconocido en pocos casos judiciales
al mobbing como una especie de daño moral
que equivaldría a un rubro mas en la indemnización
por despido indirecto del trabajador. En el caso de Claudia Barrionuevo,
psicóloga del Hospital de Junín de Los Andes que patrocinamos
los abogados del CeProDH, se aceptó la vía del amparo
para solicitar el cese del maltrato laboral. La pregunta que cabe
hacerse ante la visibilidad de este fenómeno: ¿es
el mobbing algo nuevo? Lo novedoso es que miles de trabajadores
se sienten identificados con este proceso, porque los trabajadores
en sus lugares de trabajo son desvalorizados, maltratados, humillados,
sus derechos no son respetados, su salud física y psíquica
se deterioran día a día en la oficina, en la fabrica,
en el lugar de trabajo. Cabe entonces, volver a preguntarse, ¿por
que ocurre este fenómeno? ¿Por qué un par de
personas tiene el derecho de maltratar y dañar la salud de
los trabajadores? ¿Que es eso de acoso moral? Solo si se
es conciente que el acoso moral, el maltrato laboral, está
íntimamente ligado al sistema de explotación capitalista,
podremos hallar una respuesta a estos interrogantes. El trabajador
es maltratado y dañado, porque en términos de mercado
capitalista, es un objeto más, que si se rompe, se daña,
se puede reemplazar inmediatamente. Como un tornillo que se rompe
se saca, se tira y se reemplaza, el mobbing muestra claramente que
el trabajador en este sistema es una cosa, que no tiene derechos
y los pocos que tiene son vulnerados: la ley es la del patrón.
El mobbing no es una epidemia como le gusta denominar a varios autores
que se han referido a este fenómeno como la epidemia
del siglo XXI, como si se expandiera por obra y arte de la
naturaleza. Por el contrario, el mobbing es un proceso conciente,
humano, cargado de intencionalidad, producto del sistema de explotación
capitalista. Es una herramienta más con la que cuentan las
patronales para reforzar su poder por sobre los trabajadores, reproducir
la infelicidad entre los explotados además del miedo a perder
el trabajo. Ese trabajador con su labor, debe soportar las condiciones
humillantes de trabajo porque necesita el trabajo para vivir. El
hombre deja de ser un hombre y se transforma en un instrumento de
otro hombre, una cosa para la satisfacción de las necesidades
de otro. Este proceso de destrucción de la salud psicofísica
de los trabajadores, de su autoestima, de su felicidad, de sus derechos,
de las redes sociales con sus compañeros/as, se lleva adelante
mediante infinidad de formas sutiles. El trabajo deja de ser algo
que hace felices a los trabajadores, los lugares y las personas
se tornan hostiles, comienza a aflorar el sálvese quien pueda,
y se pierde de vista que el compañero es tan víctima
del maltrato laboral como él. A la par esto mismo fomenta
la continuidad de este perverso proceso de explotación del
hombre por el hombre. Los acosadores morales son los patrones, los
empresarios, la burguesía, que mejor para ellos que todos
peleandose por intereses individuales o sectoriales y que la clase
trabajadora pierda de vista quien es realmente el responsable de
sus males. El mobbing es una faceta mas del proceso
necesario para someter a los trabajadores al orden de
los patrones. Solo si somos concientes del poder que nuestras fuerzas
tienen, podremos lograr parar el acoso moral de los que nos tratan
como objetos retornables. Solo si nos unimos a otros trabajadores
podremos pararle la mano al mobbing, que de nuevo, no
tiene sino el nombre. Pero es bueno saber de su existencia, porque
nos da la posibilidad de luchar contra él.
* abogada del CeProDH, patrocinante del primer amparo en el país
contra el Estado por un caso de mobbing
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