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Permítasenos dar nuestra opinión acerca del tan
abusado término crisis en la actualidad ar-gentina. Se podría
decir que nuestro país vive una situación de crisis
estructural, que encuentra su explicación en la sobreexplotación
y el agotamiento del petróleo y del gas, recursos que componen
el 90% de la matriz energética nacional. Esta crisis matriz,
por ahora, se manifiesta esporádicamen-te a través
de lo que podríamos llamar crisis derivadas: escaces en los
productos derivados del pe-tróleo y del gas (como el gasoil)
y la insuficiente generación de energía eléctrica
(que depende en un 50% del gas). Para solucionar estas crisis, diferentes
fracciones de la burguesía entararán en confilcto
(como sucedió tras la devaluación del 2002) para no
cargar con los mayores costos de la solución. Los sectores
más desprotegidos quedarán a merced de estos vaivenes,
a menos que se tome una solución radical: recuperar la soberanía
energética, la renta petro-gasífera y las empresas
YPF y Gas del Estado.
La matriz energética argentina depende en un 87% del gas
y del petróleo. El resto se com-ponen de recursos hídricos
(6%), nucleares (4%) y otros como la energía solar y el carbón
(3%). Del gas extraído, parte se transforma y más
del 12% se exporta. Lo producido va a parar al consu-mo residencial,
industrial, comercial y público y también a la generación
de energía eléctrica (cen-trales térmicas).
El petróleo, al igual que el gas, también se transforma
en combustibles. El gasoil, uno de éstos, estuvo en boga
en los últimos meses debido a la escasez de su abastecimiento
para los productores rurales, ya que entre otros ítems no
se han construido nuevas refinerías para abastecer la demanda
creciente, debiéndose recurrir a su importación.
En la carencia de estos dos recursos no renovables (gas y petróleo)
se encuentra gran parte de la explicación de la actual crisis.
Un tercer eje (además de los recursos mencionados) es la
generación de energía eléctrica.
La crisis de estos tres sectores encuentra su explicación
en varias cuestiones: principalmente en que contra lo estipulado
contractualmente, las petroleras y concesionarias de servicios públicos
no han realizado las inversiones necesarias en la ampliación
de la oferta energética. En el caso de la energía
eléctrica, recién ahora se está moviendo la
estantería con rimbombantes anuncios de am-pliación
de la capacidad de generación. Pero las obras no se realizan
de un día para el otro. Y se le suman los recientes desperfectos
en algunas centrales de generación (incluso nuclear) que
achican la potencia disponible. A mediados de noviembre se registraron
cortes de luz tras las primeras olea-das de calor. Y el sistema
nuevamente llega al tope de oferta, que es de unos 18.000 MW reales.
El 31 de julio se registró una demanda pico de 17.300 MW;
y se esperan cifras superiores para el ve-rano.
En el caso de los hidrocarburos, los últimos datos de la
Secretaría de Energía indican que, entre el 2004 y
el 2005, las reservas de petróleo cayeron un 15% y las de
gas natural un 16,7%, quedando el horizonte de reservas (la cantidad
de reservas probadas en relación al ritmo de produc-ción)
en ocho años para el petróleo y casi nueve para el
gas. Tan solo cinco años atrás, el horizonte para
el petróleo era de 10 años y del gas casi 17. De la
inversión en 165 pozos en 1995, las petrole-ras pasaron a
invertir en sólo 25 pozos en 2005.
A la caída en las reservas de hidrocarburos (debido a un
claro desinterés en la exploración y extracción),
se le suma la exportación de combustibles, en particular
del gas natural a Chile, gene-rando ganancias sólo para el
trust petrolero y gasífero, que encuentra a su principal
protagonista en Repsol-YPF. Esta empresa junto a otras, asociadas
a través de una red de vínculos, se han benefi-ciado
con la subfacturación de las exportaciones, ocasionando un
importante perjuicio fiscal. A su vez, la Argentina se aproxima
a ser una importante importadora de combustibles, enseñando
el fra-caso del mercado para generar el autoabastecimiento. Asimismo,
en el caso del gas, no se han cons-truido los gasoductos necesarios
para el mercado interno: más de 13 millones de personas (40%
de la población) carecen de gas natural y deben a pagar la
garrafa a precios extraordinarios.
Ante tal situación, la posición del Gobierno Nacional
de Néstor Kirchner ha sido la de prohibir rotundamente la
mención de la palabra crisis, para evitarse el peso y costo
político que le acarrearía. Contra todo argumento,
el gobierno arguye que el país no ha dejado de crecer desde
el 2001, como si fueran datos posibles de disociar.
Quizás la exposición más clara del gobierno
se encuentre en una nota de opinión publicada en Clarín
por el diputado kirchnerista Jorge Coscia. Para Coscia (y para el
Gobierno) los agoreros alarmistas de las crisis hacen su aparición
para atacar, ahora, a la gestión de Kirchner. Al mencio-nar
a esta oposición, Coscia se refiere a la ciertas fracciones
del empresariado y a los opinólogos de la derecha argentina,
cuya acción inequívoca es protestar para obtener mayor
liberalización del mercado energético (sobre todo
de los precios y tarifas) y "seguridad jurídica"
para sus inversiones. Y en esto tiene razón Coscia. Estos
sectores no mencionan el "excepcional crecimiento económico
ininterrumpido desde hace 45 meses".
Tanto el gobierno, como la oposición reaccionaria juegan
con dos variables (crisis y creci-miento), enfatizando una y tapando
la otra cara de la moneda. Y no parecen advertir que el proble-ma,
en este caso, es la moneda, es decir, el modelo energético
vigente. Existe crisis, existe creci-miento económico, y
no puede negarse ni uno ni lo otro.
En la misma nota, Coscia continúa y da pie finalmente a
la aparición fantasmagórica: "Las críticas
descreen del Gobierno y apelan sin más a la palabra crisis,
omitiendo la de crecimiento. Pero a la inversa de lo afirmado por
los apocalípticos, la falta de energía, aún
en su mera posibili-dad, no expresa otra cosa que el inédito
fenómeno de un país que crece sin pausa". Bien,
termina siendo aceptada, entonces, al menos la posibilidad de "falta
de energía".
Como decíamos, a pesar de disociar dos aspectos claves de
la misma moneda, las soluciones a la crisis, de una y otra parte,
parecen apuntar en el mismo sentido: "seguridad jurídica"
e incenti-vos a las petroleras, sin cambiar la moneda.
La crisis matriz encuentra su explicación primera no en
la falta de incentivos para las petro-leras sino en la entrega del
control y la planificación del sistema energético
nacional a un grupo de empresas nacionales y extranjeras que no
se interesan por cumplir con los contratos firmados, con la producción
y el abastecimiento de energía al pueblo argentino. Esta
crisis que tiene como causa paradigmática la entrega de la
petrolera estatal YPF no puede ser arrancada de raíz con
más incen-tivos y exenciones fiscales a las empresas responsables
de este negociado. Acá no se ha violado la "seguridad
jurídica" de la burguesía concentrada, sino la
seguridad y el bienestar del pueblo.
En una última editorial del grupo Moreno se advierte: "...el
modelo energético vigente ac-tual es totalmente impotente
para superar la actual crisis (...) con políticas que no
sólo no han modi-ficado absolutamente nada, sino que han
profundizado el sistema implementado en los ´90: las le-yes
de promoción de las inversiones en bienes de infraestructura
y gastos de exploración, la entrega del mar mediante la utiliza-ción
de ENARSA y la celebración de contratos secretos; la liberación
del precio del gas natural en boca de pozo para todos los usuarios
no domésticos, con la consiguien-te transformación
de un servicio público con precio regulado (tarifa) en un
precio de mercado, don-de el 92 % de la oferta se encuentra concentrada
en ocho grandes multinacionales; la consolidación legal del
precio internacional del gas envasado, que castiga a los desposeídos;
la puesta en vigencia del plan eléctrico "sálvese
quien pueda" para los industriales; (...) la permisividad de
las exporta-ciones, con horizontes de reservas misérrimos
(...); la demora de más de tres años en licitar dos
usinas térmicas, generada en parte por el mantenimiento de
las prebendas que el modelo eléctrico y su Mercado Mayorista
otorgan a los generadores; la reanunciada terminación de
las obras de Atu-cha II."
La crisis existe, y eventualmente patalea con más o menos
fuerza. La única forma de que cese el pataleo es tomar acciones
decisivas, que favorezcan a los desprotegidos de ayer y de hoy,
y que pongan estrictos límites a los beneficiados de siempre.
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